TU COMUNIDAD DE CUENTOS EN INTERNET
Noticias Foro Mesa Azul

Inicio / Cuenteros Locales / nevers / EL JUEGO DEL CUNCLIN

[C:570239]

EL JUEGO DEL CUNCLIN
Después de salir de clases del colegio o de la escuela, los muchachos se tomaban las onces que sus padres les tenían hacia las 4 de la tarde y enseguida, muy juiciosos se ponían a hacer las tareas. Luego de esta ceremonia, todos a la calle: macareo, carevieja, copetón, cañengo, pulga, coné, careyuca, gogo, coral, coco, pedromurcia, tarastastas, arequipe, boludo, Cornelio Reina, los rucos, cirilla´s, los guarruceroz y otros; y no era más que los apodos de los estudiantes de primaria y bachillerato: Prospero Gómez, Hugo Porras, Germán Mariño, Totel Rodríguez, Segundo Niño, Nevers Ojeda, Jairo Gómez, Clodualdo Cruz, Chepe Montoya, Pedro Murcia, Luis Sandoval, Augusto Rodríguez, Yebrail Súa, Edgar Niño, Daniel Vega, Orlando Sandoval, Andrés Segura, Juan Ariel Bello, Diego Botia, Luis Héctor Durán, Rigoberto Blanco, Toño, Gabriel y Gustavo Cárdenas y otros amigos del campo que eventualmente vivían en una pieza, durante los días de colegio.
Todos teníamos el mismo estrato social en Socotá, no existían las discriminaciones sociales, jugábamos futbol en la plazuela de los huevos, del poste de la tienda de Misael Calderón al poste de la tienda de Ciro Mendivelso, y el gol, se metía cuando la bola que era un pedazo de balón o una bola de basquetbol pinchada o una bola de trapo o una pelota de caucho con letras pegaba
En alguno de los postes; también jugábamos a los presos y policías etc.
Uno de los juegos favoritos era el cunclin: entre los participantes, se rifaba quien se tapaba, es decir, quien se hacía frente a un poste, se cubría la cara con las manos y contaba hasta cien, para luego salir a buscar al resto de jugadores y al primero que encontrara, decía, uno, dos y tres por Hugo, o por Totel o por Arequipe y salía corriendo a tocar el poste; pero si Hugo o Totel o Arequipe le ganaban en tocar el poste, tenía que seguir buscando hasta que le ganara a alguien en llegar al poste y entonces este ponchado tenía que taparse para luego salir a buscar a sus compañeros de juego. Este se hacía por todo el pueblo, en la plaza, en la plazuela, en las matas de uvo y de oticón, en el techo de la escuela de niñas etc.
Estando en este juego, una noche todos salimos corriendo a escondernos y yo me subí al techo de la escuela de niñas con Pedro Murcia, porque allí era oscuro y el techo tenía entradas y salidas como se representa en dibujo a una empresa. Cuando el que nos estaba buscando, descubrió que allí estábamos escondidos, se subió por las rejas y Pedro y yo pegamos la carrera por las tejas que eran de eternit, tan de malas que se rompieron las dos tejas por dónde íbamos corriendo y más de malas yo que caí al vacio, caí en un salón donde la profesora Aura Abril dictaba sus clases, caí encima de las bancas donde se sentaban las niñas a estudiar, cada banca era tan grande que cabían 5 o 6 niñas sentadas y el estruendo fue tan grande que mi hermano Javier, que estaba con sus amigos en la plaza principal como a cuatro cuadras, sintieron la algarabía y salieron corriendo para mirar que había sucedido, encontrándose que el origen del alboroto había sido mi caída al salón.

Yo me quejaba y lloraba y no me podían sacar, porque no había llaves, la profesora Aura Abril, era de Socha y había viajado y nadie más tenía llaves. Mi hermano Javier con sus amigos optaron por sacarme por el mismo lugar por donde había entrado, por el techo. Abajo me recibieron los amigos de mi hermano, me limpiaron la sangre y me llevaron a donde mi mamá, quien me puso paños de agua con vinagre y me dio agua y esa noche no me dejo que durmiera, no vaí fuera que me pasara algo.
Las consecuencias de la caída fue: el brazo derecho magullado, el cual no podía doblar, ni siquiera para levantar la cuchara para tomar la sopa, la pierna del mismo lado golpeada y magullada, el pómulo derecho inflamado y morado. Así dure casi cuatro meses, comiendo con la mano izquierda, hasta tal punto que me volví choneto; todo lo hacía con la mano izquierda y lo peor fue que a mi papá Saúl Ojeda le toco ir hasta la población vecina de Socha a comprar las tejas y subirse a ponerlas, porque el alcalde le sentencio o paga las tejas y las pone o lo meto a la cárcel.

Texto agregado el 10-07-2016, y leído por 86 visitantes. (0 votos)


Para escribir comentarios debes ingresar a la Comunidad: Login


[ Privacidad | Términos y Condiciones | Reglamento | Contacto | Equipo | Preguntas Frecuentes | Haz tu aporte! ]