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Olimpia Barstelsmeir (La soprano)
Olimpia, había nacido en Astorga, a mediados de los ochenta, en el seno de una conocida familia burguesa, acomodada y repleta de antecedentes artísticos; su padre, simultaneaba su puesto de pianista en la orquesta municipal, con estudios de investigación de composiciones musicales antiguas, sobre todo de los siglos XVI/XVII, algunas de sus publicaciones habían recogido un moderado éxito entre los eruditos del tema, y su madre, con la que compartía nombre, era profesora de solfeo en la Escuela Municipal de Danza y Música de León.
Con estos antecedentes, no era de extrañar que Olimpia naciera con una temprana vocación hacia la música, posiblemente, lo llevaba en los genes, y desde pequeña, mostro una clara inclinación hacia el “bel canto”, quería ser soprano, pero, (lo que es la infancia) no una soprano cualquiera, quería llegar a ser una soprano con mayúsculas, y así lo hizo ver desde niña a todo el mundo. Y aunque, era un deseo no exento de muchos sacrificios, e indudables esfuerzos, sus padres, aun conociendo las dificultades que entrañaba esa profesión, no se opusieron ni un segundo a sus deseos, pues, no solo lo comprendían, sino que en su fuero interno, estaban orgullosísimos de que hubiera, desde tan temprana edad, elegido esa bella profesión.
Y como era lógico, y como correspondía a una familia tan entusiasta, y conocedora del mundo de la música, no perdieron ni un momento, y desde que Olimpia les hizo saber su deseo, comenzaron su preparación; así que, estando todavía en edad escolar, Olimpia, tuvo permanentemente profesores de canto, que le fueron formando, y aumentando los conocimientos que debía tener, para llegar a ser alguien en la dura profesión que había elegido.
Y por supuesto, cuando llego a la adolescencia, los Barstelsmeir le dieron un aspecto mucho más profesional a su formación, Olimpia se vio obligada a abandonar su Astorga natal, y pasar varios cursos en el Conservatorio del Liceo de Barcelona, en el Conservatorio Superior de Música Joaquin Rodrigo de Valencia, y un último año, en que ya cumplía los veinte, en el Conservatorio Superior de Música Rafael Orozco de Córdoba.
Estos años de formación, fuera de su casa, sin el amparo de la familia, le fueron convirtiendo, día a día, en una mujer independiente, quizá un poco solitaria, e introvertida, pero cada vez, más segura de que su destino era el que había elegido, y por el que estaba dispuesta a seguir luchando para conseguirlo, y siempre consciente de que aún le quedaba mucho camino por recorrer.
En este periodo, y después de oír y estudiar, tantas, y tantas operas italianas, francesas, alemanas, etc, eligió a sus sopranos favoritas, a las que quería parecerse, prefería voces jóvenes y modernas como Elisabete Matos, Desideré Rancantore o incluso Maria Aguesta, y no es que despreciara, ni mucho menos, a las divas clásicas, como, la Caballe, la Radvanosvsky o la Callas, pero le parecía que las primeras tenían unas voces más frescas y mas adaptadas al momento actual; pero de lo que estaba segura, es de que, ella tenía que perseverar y que perseveraría.
Como ya le había llegado el momento de continuar su formación en instituciones de prestigio europeo, donde se forman los mejores, en este caso las mejores, con la inestimable ayuda de sus padres, comenzó su perfeccionamiento fuera del país, primero en el Hochsshule für Musik und Theater, de Munich, dos años, después, en el Reid School of Music, de Edimburgo, un curso entero, y finamente, otros dos años, en el Royal Academy of Music, de Londres.
Y bueno, al fin le llegó el momento de entrar en el mundo real, estaba en la mejor edad, tenia recientes los treinta, plena de entusiasmo, con una preparación envidiable, avalada por notas y titulaciones insuperables, y su nombre e incluso su apellido, heredado de su abuelo, le aportaban un gran empaque y le eran favorables para su lanzamiento.
Por consejo de sus padres, que conocían “el percal”, decidió empezar por abajo, pequeños concursos, conciertos de cámara, canticos en iglesias y eventos parecidos, todos, incluso ella, estaban de acuerdo en que era mejor afianzarse, y luego crecer, para elevarse después, hasta el infinito y mucho mas.
Pero, la verdad, es que a pesar de su excelente preparación, de su amplio repertorio, de su entusiasmo, y de sus ganas, no conseguía ni siquiera estrenarse, no había forma de que le contrataran, se presentaba a todas las oportunidades que le aparecían, le hacían una prueba y después, cosechaba negativa, tras negativa.
La cosa, iba mal, francamente mal, y ni ella, ni sus padres, a pesar de que sabían, que los principios son siempre duros, y más en esta profesión, no podían comprender, el porque, de tantos fracasos, el porque, siempre era rechazada en forma tan rotunda, y el porque, no conseguía dar ni un pequeño recital en una boda o en un evento parecido.
Olimpia, estaba desolada, y aunque tenía una voluntad de hierro, y era una luchadora increíble, tanto fracaso estaban haciendo mella en su moral, cada vez se encontraba mas abatida, e insegura. Fueron sus padres, los que para salir de su mar de dudas, decidieron acudir a un antiguo profesor de la madre, un hombre muy experimentado, muy conocedor de lo que son las voces cultivadas, que había formado a grandes sopranos, y al que sabían muy sincero. Querían que les diera su inestimable opinión sobre lo que ocurría con su hija.
Y el anciano profesor,(casi tenía ya noventa años), llego una tarde a casa de los Barstelsmeir, para conocer, y aconsejarles sobre la niña; el buen viejo, que aún conservaba unos ojillos inquisidores, reflejo de una mente aun muy lucida, se encerró con Olimpia, durante más de una hora, para al final, salir muy serio, y dar su veredicto.
“Vuestra hija, tal, y como me habíais dicho, tiene una formación musical como he visto pocas, conoce más operas de memoria, que muchas sopranos ya consagradas, domina el solfeo, como un director de orquesta, y tiene una sensibilidad extrema, que sabe utilizar en cada caso y en cada momento como una verdadera diva, pero, por desgracia tiene un defecto que la hace imposible seguir en esta profesión, y mucho menos triunfar, Olimpia es muda”.
“¿Es que no os habíais dado cuenta?”
Fernando Mateo Septiembre 2016

Texto agregado el 20-08-2016, y leído por 115 visitantes. (5 votos)


Lectores Opinan
21-08-2016 Me dejaste mudo ***** grilo
21-08-2016 Jajaja, pequeño y gran detalle. Excelente! TuNorte
20-08-2016 ¿Septiembre del 2016? ¿o será que Olimpia, también, era una adelantada en el tiempo pero no lo decía? litomembrillo
20-08-2016 Jajajaaa...ayyy, este Fernando. Sos terrible. Muy bueno! MujerDiosa
20-08-2016 El final deja impactada 6236013
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