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Inicio / Cuenteros Locales / la_columna / Parásitos; Este martes Anapolar, que le hace un favor a su amiguete \"El compi\".

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Bueno, es la primera vez que me invitan a esto de la columna, así que me puse un poco nerviosa al principio. Luego, intenté convencerme de que no habría problemas para encontrar algo sobre lo que hablar y con suerte hasta dar que pensar, tan solo debía tomarme al pie de la letra aquello de “vísteme despacio, que tengo prisa”. Así que decidí irme con Neus a tomar un café.

Es fácil sacar tema de todo cuando estoy con ella. Le pone a cualquier conversación un toque irónico y ese deje de tango que tanto me gusta... Hoy, entre un croissant, una ensaimada, dos cafés con leche y casi sin proponérnoslo, llegamos en el recorrido de nuestra conversación a un tema peculiar, los parásitos.

Cuesta no odiarlos cuando se está como estamos, rodeados de ellos por todos lados. Nos anegan la vista, el oído y el olfato. Y nos dejamos que nos invadan, o más bien no podemos hacer nada. Pero más cuesta a veces reconocerlos cuando los tenemos tan cerca que no vemos como los estamos alimentando con los más esenciales de nuestros propios fluidos.

Particularmente, soy de la opinión de que generamos cada uno un universo propio. Único, con su propia evolución de especies. Sus genuinos ecosistemas. Sus particulares constelaciones y sus vías lácteas. Pero también, para nuestra desgracia (o no), en estos, nuestros mundos particulares también existen.

No hay parte del ser humano que no pueda ser invadido por algún tipo de ellos. El pelo, la piel, el corazón, los pulmones, el cerebro, el hígado, los ojos, los intestinos... están expuestos a su invasión.

No sé ustedes, pero yo puedo asegurarles que he conocido una amplia gama de estos “comensales oportunistas” en lo que llevo de vida: Madres garrapata. Hermanos piojos. Jefes tenia. Hijos lombriz. Amantes mosquito. Todos y cada uno con un estilo propio para robar lo que tanto cuesta.

Algunos entran por nuestra boca. Les abrimos la puerta de la casa, y ellos solitos se sirven de nuestro propio aliento. Otros se agarran a ti. Te clavan el estilete con cariño -para que no duela- y comienzan a chuparte del alma.

Las tenias de sentimiento te aspiran hasta dejarte cóncavo. Consiguen que sólo puedas percibir un mundo marrón. Desnudo. Se comen tu esperanza a bocados y la fe en la gente. En crudo.

Igual que muchos sabemos, aunque no aparezca en ningún estudio aún, que existe un tipo de garrapata asociada al cordón umbilical. Suele trincarse fuerte con tentáculos de pena y culpa. Te oprime bien, y cuando te ha llenado de su miedo y deshecho por dentro, te absorbe. Dejando sólo un caparazón vacío y piel. Siendo, en la mayoría de los casos, muy difícil que se pueda llegar a recuperar la masa muscular del alma previamente vampirizada.

Algunos mueren en el intento de recuperarla. Otros viven toda su vida, pero ya huecos, con una falla interior de impulso y de esencia imposible de rellenar. Aunque todo hay que decirlo, también existen los supervivientes.

Para ellos – los que renacen de la nada- está dedicado este texto.

Texto agregado el 14-09-2004, y leído por 404 visitantes. (11 votos)


Lectores Opinan
14-10-2005 Confieso haberte leído poco, pero las muestras de allá y alguna de aquí son mi descubrimiento de una gran persona a la que deseo mis mejores venturas. Besos. leante
21-09-2004 De acuerdo, existen , los hay y muy molestos pero sería mejor pensar en recurrir a los antídotos que los puedan dejar inocuos. Yo tomo cada mañana una dosis de paciencia, dos cucharadas de indiferencia, una pizca de sentido común y una buena cantidad de autoestima. Prueba, da resultado. NINIVE
16-09-2004 Al principio parecía que ibas a hablar de ese tema de forma divertida y un poco desde lejos. Pero en cambio, entras de lleno y lo pintas como es, vamos que te toca sólo uno de ellos y te amargan la vida. Lo he encontrado crudo, como la vida misma, real, pero sobretodo, una muy buena disección de parásitos cotidianos. Felicidades, me encantó. Eddy_Howell
15-09-2004 Qué columna maravillosa!!! Es increíble, tenés toda la razón, estamos llenos de parásitos que nos quitan el alma y las ganas. Particularmente me he topado también con un par de hongos en repisa, en fin... Te dejo un beso enorme, y mis felicitaciones por tan grandiosa columna. MCavalieri
15-09-2004 Se te olvidaron las moscas cojoneras, cuya razón de existir es dar el coñazo y las ladillas, que joden mucho y las pillas donde menos las esperas. Gracias... y me alegro que haya gustao, besotes. nomecreona
15-09-2004 jejeje se nota que septiembre es mes de bienvenida a los piojos, eh? ;-) Pues muy bien traído el tema, al pelo, diría yo! Y tienes razón, son más de lo que creemos, nos rodean... pero me ha quedado una duda... los parásitos son para nosotros siempre los demás, son externos... ¿Y nosotros? ¿Habrá alguien que nos vea como parasitos? Y de serlo, ¿qué seríamos? Mientras me resuelves estas dudas, te dejo un fuerte abrazo de bienvenida a este espacio, dejo constancia aquí de mi petición para que acudas más a menudo y hago constar mis felicitaciones, Ángela, que me ha gustao mucho esta tu primera -que no debe ser última- columna. Felicidadees! moebiux
14-09-2004 me pareció una columnaa excelente, felicitaciones india
14-09-2004 Parate parásito no me chupés más la sangre boludo! huidobro
14-09-2004 solo... FELICITARTE¡¡¡, besos y 5* monilili
14-09-2004 Vaya...con que eso era!!!con razón, ni te imaginas lo que me has aclarao niña. Me has ahorrado toneladas de alergias, que es lo que en definitiva me producen tanto cuando los tengo, como cuando usando shampués varios me los quito. Que bueno que has puesto "sobrevivientes", que hubiese sido fatal "sobremurientes". Lo has hecho muyyyyyyyy bien. Sólida, ágil, rica en matices y con tela para que cada uno se corte el saco que le quepa. Bien por tí, y por ese costal de buena gente del nomecreona que nos permitió deleitarnos con tu trabajo. Un abrazo hache
14-09-2004 Bien traído el tema. Le sacas buen partido a lo desagradable de los parásitos. Efectivamente hay parásitos que dejan cicatrices imborrables. Enhorabuena Ángela. juanrojo
14-09-2004 centraste tu enfoque en los parásitos cotidianos, no esos que te gobiernan o los que te perdonan los pecados, sino los que te tocan, te miran, te oyen y te hablan... día tras día... esos que no te podés sacar con Para Plus o con un peinecito de acero... me gustó el desarrollo de tu análisis... y sobre todo me gusta la tercera opción del final: el que sobrevive, o sea, que rellena sus huecos con elementos propios... ¡hala pa´lante, ja mía, que vas mu bien! ;) neusdejuan
14-09-2004 Felicidades por la columna, y no es que una desee que su compi deje de escribir, es sólo que se me ocurre exigir doble columna. Solicito parasitarme en estas letras... ¿qué tal un abejorro chupatinta? Pues eso, Ana, que me gustó mucho tu columna y no puedo evitar enumerar todos los paràsitos con los que me he topado (y los que faltan) santacannabis
 
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