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El túnel.

La luz se hacía cada vez más potente, el túnel por el cual transitaba a gran velocidad, dejaba entrar rayos de luz y con ellos la paz, la seguridad, la tranquilidad, el saberse protegida, cuidada y amada por todas aquellas personas que comenzaba a ver al final de éste.
Poco a poco fue distinguiendo y reconociendo a las personas que se encontraban allí, sus abuelos, algunos tíos, amigos, todos le tendían la mano para ayudarla a salir, a traspasar la barrera que le impedía llegar a ellos.
Sonia se sentía extraña, no entendía aún qué le estaba pasando y se dejaba guiar por todos ellos, sin temor pero insegura, la luz la estaba cegando y seguía sin entender.
Unas horas antes se dirigía hacia la clínica a retirar los últimos análisis, tenía ocho meses y medio de embarazo, todo era normal, le faltaba apenas unos días para que su bebé naciera.
Esos análisis eran imprescindibles para su médico por si tuviera que practicarle una cesárea y aún no los había retirado.
Llamó a la clínica y ellos le dijeron que a las dieciséis horas cerraban y como era viernes hasta el lunes no los podría levantar, la muchacha tomé el auto de Julio, su esposo y se apuró a llegar antes que cerraran.
Julio se había ido en ómnibus a la oficina donde trabajaba de dibujante publicitario para dejarle el auto a Sonia por si lo necesitaba, no quería que ella viajara en ómnibus en su estado avanzado de embarazo.
Los padres de Sonia vivían al lado de la casa de ellos y jamás la dejaban sola pero ese día habían ido al supermercado sin sospechar que su hija saldría sin avisarles.
A tres cuadras de la casa, un ciclista imprudente se atravesó delante del auto y para no atropellarlo, Sonia giró el volante a su derecha con tanta mala suerte que el auto se incrustó en un árbol quedando atrapada y sin sentido dentro de él.
Los vecinos que vieron el accidente corrieron a socorrerla pero al no poder sacarla llamaron una ambulancia y a su esposo ya que eran conocidos del barrio.
La ambulancia fue la primera en llegar y luego de forzar la puerta del auto la sacaron inconsciente y la trasladaron al hospital más cercano temiendo por la vida de ella y de su hijo.
Cuando Julio llegó al lugar del accidente sólo vio a la policía y al auto incrustado en el árbol y debido al estado de nerviosismo para él también hubo que llamar a una coronaria.
Al instante lo llevaban al mismo hospital que se encontraba Sonia.
Imposible poder verla, la estaban atendiendo, él se encontraba mejor pero pensó que lo mejor que podía hacer era ir a la capilla del hospital y rezar por la vida de ella y de su hijo, luego volvió a la sala donde el médico lo estaba esperando, le habló claramente, la vida de ambos estaba en peligro y la situación se planteaba de la siguiente forma, el médico quería saber en el caso de tener que elegir entre la vida de una o de otro qué debía hacer, a cuál salvar.
Julio en su desesperación le contestó que él no era Dios y a pesar de saber que sin Sonia no podría vivir, no podía elegir, lo dejaba en manos de Dios y de los médicos.
A pesar de que Sonia seguía sin despertar, su hijo nació
Mientras tanto Sonia, en su imaginación seguía viajando por el extraño túnel y cuan do casi se encontraba al final de éste, la luz la cegó y al querer seguir, el llanto de un niño la trajo a la realidad.
De inmediato comenzó el regreso, se veía volviendo y alejándose de la luz.
Al despertar se vio rodeada de sus seres queridos y de un hermoso niño que veía por primera vez.
Sonia abrazó a su hijo que gracias a un milagro estaba vivo y a su esposo que aún no salía de su asombro al ver a su mujer sonriente y como si nada hubiera pasado.
De pronto en medio de todos apareció un médico, uno muy viejo y de aspecto solemne que le hablo a Sonia de esta manera:
___Sé por lo que has pasado y me alegro que hayas tomado la decisión correcta aquí hay muchas personas que te necesitan, sé que la tentación fue muy fuerte pero la vida es así, no todo es paz ni luz pero hay que vivirla tratando de sobrellevar los malos momentos y sé que cuando te llegue la hora, luego de haber vivido plenamente y no antes, las mismas personas y quizá algunas más, te estarán esperando al final del túnel.
Sonia escuchaba atentamente al anciano doctor y cuando hubo terminado de hablar las miradas de ambos se cruzaron y no hubo necesidad de nada más, ella lo entendía y él sabía que era así.
Cuando Sonia quiso saber quién era aquel simpático doctor, éste ya no estaba y nadie en el hospital lo conocía, había desaparecido.
Luego de unos días Sonia y Sebastián, su hijo fueron dados de alta y lejos quedaron las penas y los sufrimientos, la vida comenzaba para ellos.
Sonia jamás mencionó el túnel ni la luz ni a las personas que allí estaban, era algo entre Dios y ella y quizá también del extraño médico que sabía su secreto.

Omenia.


Texto agregado el 01-10-2016, y leído por 142 visitantes. (12 votos)


Lectores Opinan
05-10-2016 Ciertamente los milagros existen!! que bien por la protagonista. Hermosa tu narración Ome. Te mando un abrazo hasta allí, mi querido U ru gua yyyy!! sheisan
04-10-2016 Excelente historia***** lagunita
02-10-2016 Me gusto mucho y el tema también. Felicitaciones. 5* dfabro
02-10-2016 Buenas letras sobre un tema que no es fácil de tratar. seroma2
02-10-2016 Bella historia.UN ABRAZO. gafer
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