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La verdadera amistad.

Pedro y Diego se encontraban reunidos como lo habían hecho tantas veces en su vida.
Tomaban un café en casa de Diego mientras Eva, la esposa arreglaba la mesa, ayudada por sus tres hijas mientras que los dos varones, aún pequeños, dormían.
El tema de la conversación variaba según las noticias del día, la suba del dólar, la guerra entre palestinos e israelitas, el nuevo Papa, la educación de los hijos de Diego, su taller de relojería, la misa de los domingos en la Iglesia del pueblo, la lectura del Torá en la Sinagoga, etc…
Todos esos eran buenos temas para los amigos que lo habían sido desde muy chicos.
Vivían las dos familias en el mismo edificio de apartamentos, Diego con sus padres y cinco hermanos y Pedro con los suyos y sus dos hermanas.
Ese día, la conversación los llevó a épocas lejanas, la de su niñez.
Pedro le decía a Diego:
___Jamás voy a olvidarme la única fiesta que me perdí siendo un niño aún.
___No recuerdo que hayamos perdido ninguna fiesta, contestó Diego.
___Es cierto, tú no la perdiste, era tu cumpleaños número trece.
Diego no supo qué contestar y Pedro continuó.
___Cómo sufrí ese día fui el único al cual no invitaste y no fue sino algunos años más tarde que comprendí el motivo.
___Es cierto, tuve que explicarte algo que yo tampoco entendía.
___Pero no dejamos de ser amigos, ¿recuerdas?, al contrario, nos hicimos inseparables.
___Qué razón tienes, ¿Por qué nuestros padres tenían tantos prejuicios?
___No lo sé, sólo sé que tu madre no quiso invitarme porque pensaba que iba a sentirme mal en una Sinagoga y mi madre no me dejaría ir por nuestra religión católica. ¡Mira que entrar a un templo judío!
___Ja, cómo me río ahora de aquellos prejuicios, pero antes no era para reírse.
___Tienes razón pero aparte de mis trece años nunca faltamos a una fiesta y siempre íbamos juntos ¿Te acuerdas?
___¿Recuerdas cuando me recibí? Muy a pesar de tus padres acudiste a la Iglesia, claro, ya éramos mayores y lo que contaba eran nuestros principios.
___¿Y el día de mi casamiento? Te parecía imposible que me hubiera enamorado de verdad y luego el nacimiento de los chicos, los velorios, todo lo bueno y lo malo de nuestras vidas lo compartimos y ¿Ahora me dices que te vas?
___Me transfieren a África, lo se desde hace muy poquitos días.
¡Qué pena! ¡África está tan lejos!
¬¬¬___No te preocupes, nos seguiremos viendo, sólo tienes que entrar al dormitorio de los chicos y prender la computadora, además de esa pequeña camarita tan apropiada a nuestros tiempos y nos estaremos viendo.
___Es cierto, si nuestra amistad pudo más que nuestras creencias ¿Cómo no va a poder con la distancia?
___¿Sabes Diego?, para mi es muy difícil separarme de mi familia, de los amigos pero si es la voluntad de Dios, ni modo, tengo que aceptarla.
___Claro que sí, pienso igual que tú.
Al domingo siguiente, Diego y su familia, acompañados de la familia de Pedro acompañaron a éste al aeropuerto a despedirlo, hubo lágrimas y sonrisas pero todos trataron de apaciguar los ánimos para no entristecer más a Pedro hasta que la hija menor de Diego hizo un comentario.
___Papá, ¿por qué el tío Pedro no tiene hijos?
A lo que Diego le contestó:
___Es un sacerdote, la religión no le permite casarse.
___!Qué lástima! Me hubiera gustado tener primitos, hijos de Pedro.
Y con este comentario que los hizo sonreír a todos, se separaron quizá para no volver a estar juntos jamás pero sabiendo que aquella amistad entre un rabino y un sacerdote nunca dejaría de ser tal.
Ni el tiempo ni la distancia pudieron con la verdadera amistad, esa que se da muy pocas veces pero que cuando ocurre es indisoluble.
El siguiente domingo Pedro le escribe a Diego:
___Querido amigo, he dado mi primera misa en esta pequeña Iglesia, no eran muchos los feligreses pero… por algo se empieza, deberías venir, acá no tenemos una Sinagoga.
Pedro le contesta a Diego:
___Te comento que hice mi primera Berit Mila (circuncisión), no te imaginas el miedo que sentí, aún no tengo mucha práctica pero por lo menos, la criatura quedó intacta jajaja.
Y así continuó la amistad y tanto Pedro como Diego al final del día se hacían la misma reflexión:
___!Que mundo hermoso tendríamos si predominara la amistad entre los hombres!
Omenia

Texto agregado el 10-11-2016, y leído por 337 visitantes. (6 votos)


Lectores Opinan
22-11-2016 y todos seríamos como hermanos.. de los buenos hermanos porque también los hay... sheisan
11-11-2016 Qué hermoso relato, querida ome, la amistad es un regalo maravilloso, bien lo saben Pedro y Diego. Un abrazo dulce. gsap
10-11-2016 No habría guerras, por ejemplo. Las fronteras no existirían y los ejércitos serían innecesarios. Cinco aullidos imaginando yar
 
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