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Ella, en la recidencia no paraban de gritar- ¡Está a punto de morir! - no paraba de gritar; esa enfermera, enjuta, con gafas de fondo de botella, una prominente panza y unos dientes chuecos; cada que hablaba se le miraban, su boca era un vortice de dientes, más parecía un gusano sacado de esa vieja película de Beatlejuice. La odiaba, me auguraba la muerte todas las mañanas, siempre con la misma cantalaleta -¡Está a punto de morir!- Vamos, puedes decirlo en voz baja, puedes decirle a tus compañeros en un tono más discreto, estoy en una recidencia donde los ancianos con una pensión decente y media docena de hijos termina indudablemente dando el primer paso a su nueva vida. Pero abusar de tu peculíar augurio de muerte, es sencillamente insoportable. Todas las malditas mañanas me augurabas la muerte -¡Está a punto de morir!- Mi tos aspera y coagulada tal vez era un indicio, Tan solo un indicio cariño, no significa que cruce al valle por despertar tosiendo sangre. No señor, este viejo no puede morir por toser un par de veces sangre cada mañana. He visto gente en peores condiciones y que me lleve el diablo si ya están muertas en este momento. Miki medio-pulmón, estaba tan vivo en el cuarto 410 que me parecía ilogico que yo, teniendo dos pulmones y sin orinar sangre pudiese despertar muerto, o dar un último escupitajo.
En una maña del 27 de Noviembre, desperté como de costumbre, tosiendo, tosiendo esa maldita sangre negra y coagulada, respiraba con dificultad y mi pecho se comprimía al respirar. Lo sentía, sentía mi hora, sentía un completo entumecimiento en mis miembros, quité las tres colchas de la cama, se notaba lo avanzada que estaba la cirrocis, antes simplemente no controlaba la vejiga, ahora la sabana esta tan roja que parecía que alguien me había apuñalado la noche anterior. Estoy muriendo, obviamente estoy muriendo. ¿Dónde está la maldita enfermera? ¿Dónde esta esa maldita voz chillona afirmando mi muerte? -Quizás ya estoy muerto-, fue lo primero que se me ocurrió. Aúnque no fuí un creyente ferviente y devoto, al final de la vida de un viejo desahuciado no le queda más que creer en lo primero que se presente. Sí, Ernesto, tengo tus palabras en la cabeza -Papá, me extraña que habiendote desahuciado desde hace años aún sigas vivo, la mano de dios está presente en ti, a pesar de que eres un renegado de su rebaño, sigues vivo, y a pesar de que fuiste tan ausente con nosotros, no te dejamos a la deriva- te molería a palos si te tuviera enfrente ahora. ¿Dejar a tu padre en un asilo no es dejarlo a la deriva? pedazo de cabrón. Sin importarme nada más que mi supervivencia, decidí darle una oportunidad al todo poderoso. Soy un viejo acabado, no me queda nada más en que creer.
Cuando intenté pararme de la cama, no me pude sostener, caí de bruces al suelo, ¿Dónde está esa maldita enfermera? Me arrastraba por el suelo hacia la puerta, ¿Esto era mi destino, morir reptando, encontrarme con la primer persona que pasará y dar mis ultimas palabras? ¿Qué podría decir? Amo a mi familia, mi vida y a mi dios todo poderoso. ¿Acaso alguien me creería algo así? ¿Dónde está esa maldita enfermera?
Llegué a la puerta de mi habitación, odiaba esa puerta con el alma, era de madera, de esas que siempre ponen en las cocinas. Me sentía estúpido vivir en un cuarto con esa puerta, mi privacidad no exisitía, nadie tocaba para entrar, las enfermeras simplemente empujaban y decían -Ya vienen las medicinas- los residentes empujaban la puerta y decían -te apetece jugar a las damas chinas- acostumbrado a una verdadera privacidad, esto era el infierno materializado. Claro, ¿quién pondría una puerta con chapa en una habitación de un anciano que en cualquier momento muere y deja la puerta cerrada? Un total gasto innecesario en cerrajeros. Vamos, que empujé la puerta, salí a rastras y para mi sorpresa, ni una sola alma había en el pasillo. ¿Dios, enserio me haces esto, moriré y nadie lo precenciará? Era un Lunes, ¿por qué un Lunes? La mitad de mis hijos vienen los Jueves, los otros tres se olvidaron de este viejo. Nadie nace sabiendo ser padre.
Reptando como podía logre avanzar dos habitaciones, era mi fin. Nadie vería mi muerte, me bendeciría o tomaría mi mano mientras se oscurecía mi vida. Cerré los ojos dispuesto a dejar ir lo último que me quedaba, ese último aliento. Intentaba recordar esos momentos hermosos en mi vida; solo recordé dos nacimientos, solo recordé lo ebrio que quedé en mi boda, solo recordé la muerte de mi ex-esposa y de pronto recordé los diez años encerrado en la misma cantina, tomando el mismo ron. No podría ni recordar como logre manter el trabajo y hacer algo de dinero. Mi vida había sido un completo desastre. Cáncer y cirrosis, ¿Qué podría esperar?
Escuché un tenue rechinar de bisagras, vaya sorpresa. Era Fiora, mi enfermera vidente que jamás pudo predecir mi muerte. -Fiora, estoy muriendo, ayudame- Sollocé -¡Don Axel, no se mueva, no se mueva ya voy!- Corrió hacía mi, solo vi como resbalo con mi sangre y escuche un profundo ¡crac!. Se quebró el cuello en la caida. quedó inmovil a mi lado, con sus ojos desorbitados y un borbotón de sangre espumosa saliendo de lo que antes era su cuello. Su sangre era tibia, me empapó completamente. La abracé como si se tratara de la misma virgen. Adiós Fiora, Adiós. Pude morir en paz, no deseando su muerte, juro que no lo deseaba enserio. Ahí estaba, acompañandome sin querer. Y todo se oscurecio. adiós Fiora, Adiós.

Texto agregado el 07-12-2016, y leído por 47 visitantes. (0 votos)


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