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Igor

Ciertas enfermedades deben su denominación en memoria a su descubridor, aunque en la mayoría de los casos provienen del nombre del mismo paciente.

La ciencia le puso nombre y apellido a mis dolencias.

Sufro del sindrome de Igor Ivanov, una enfermedad tan poco común, que me da la impresión de que solo la padecieron dos, el ruso y su servidor.

No sé si es un tema de orgullo esta exclusividad, el diagnóstico provino de un médico Chino de dudosa reputación, algo excéntrico y muy proclive a “etiquetar” con extraños motes sus evaluaciones.

Descartado un sinfín de enfermedades, optó por realizarme un estudio en base a pruebas químicas en procesos alérgicos y dio con la exclusiva dolencia.

-¿Cuales son los síntomas?. Pregunté al oriental

Con mucha armoniosidad y espíritu didáctico me explico que el síndrome de Igor Ivanov es una enfermedad asintomática y autoinmune, es decir sin manifestaciones orgánicas y que la provoca el mismo organismo.

-¿Cuál es el tratamiento?.¿Tiene cura?

Ahí se despacho informándome que al ser un padecimiento que afecta a muy pocos habitantes de la tierra, no tiene interés en las compañías farmacéuticas, renuentes en invertir fondos en investigaciones poco rentables. Respecto de la posible cura, la escasez de estadísticas le impedían responder sobre el tema.

Traté de consultarlo con otros profesionales y se anoticiaban en ese momento de la existencia de mi enfermedad.

-¿Igor que?, me respondió un afamado alergista e inmunólogo, doctorado en la Johns Hopkins University.

Me tomó casi una década dar con el paradero de Igor Ivanov, el mismísimo titular de la dolencia; lo descubrí por casualidad en un bar, mientras recorría las calles de la ciudad de Tiumén, en la Siberia Occidental, a mas de 1700 km de Moscú.

De tez blanca como un papel, abundante cabellera azabache, de modales adustos, poco proclives al diálogo.

Cuando le nombré al médico chino que me había detectado la enfermedad su rostro cambió por completo. Lo conocía y se conocían. Me invitó a sentarse a su mesa y comenzó su relato entre asombroso y alucinante.

Fue él el fundador de aquella ciudad, llevaba sobreviviendo casi 400 años sin saber el porqué de su longevidad, solo atribuible a un casi inentendible síndrome que lo mantuvo vivo por centurias.

Ahora entiendo un poco más el diagnostico del oriental excéntrico:

Asintomática y autoinmune, así de fácil.

Nunca más concurrí a un médico ni pronuncié la “enfermedad”, no vaya a ser cosa que los laboratorios intenten curarme, o quizás peor, estudiarme.

Del Chino hace casi 60 años que no nos reunimos, un día de estos lo invito y nos juntamos con el ruso a tomar unos vodkas.

OTREBLA

Texto agregado el 14-01-2017, y leído por 78 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
26-01-2017 gran texto, esa forma de abordar la longevidad me pareció innovadora y refrescante. Saludos! -Vincho-
16-01-2017 Si bien no hay estadísticas, da la impresión que con dos pacientes de semejante enfermedad, tendrán para siglos de estudio ;) mazz
15-01-2017 Tengo una vieja tía que padece el síndrome de longevidad.UN ABRAZO. gafer
 
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