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La vida de Felipe.

El otoño estaba llegando y las amarillentas hojas de los árboles caían sobre el pequeño lago que pasaba frente a la casa.
La casa hecha de troncos y con techo a dos aguas con una ventanita que correspondía a la boardilla era hermosa, allí pasé mi niñez y parte de mi juventud hasta que la vida me llevó muy lejos, fuera del país.
Ahora que los años han pasado y sólo queda la casa, sin lo principal, mis padres y hermanos que ya no existen, vuelvo a ella, viejo y cansado, y quizá por eso es que al ver las hojas sobre el agua, me vuelven los recuerdos, antes, jamás me detuve a mirarlas, era algo más, sin detenerme a pensar que el otoño también me llegaría, que los años pasan y muchas veces los dejamos pasar sin detenernos a vivirlos.
Mi vida no fue fácil, no quise estudiar, por más consejos que me dieron, nunca hice caso de los mismos, no voy a culpar a nadie por mis fracasos, ni siquiera a la juventud que dejé pasar en malas compañías, juego y drogas que sólo me llevaron a esta miseria que me lastima y me convirtió en el ser despreciable que soy.
A veces me pregunto ¿Por qué no nos muestran el futuro aunque sea con una alternativa para que podamos elegir sin temor y a pesar de la juventud sepamos elegir el camino correcto?
Creo que mis pensamientos divagan, que ni yo mismo me entiendo y por eso pienso estupideses…
Me pregunto ¿Qué pensarían mis padres de mi? Y no quiero responderme, ni siquiera tengo que pensarlo, lo sé, aunque sé también que mi madre me disculparía de algún modo pero que mi padre jamás lo haría, de mis hermanos era el único “bala perdida”, los demás estudiaron como ellos querían, mis padres por supuesto, pero a pesar de todo, el estar recibidos, con títulos en sus casas, casados y con hijos, ellos tampoco fueron felices del todo, ahora quedo yo solamente, todos murieron jóvenes y la escoria quedó, quizá para pagar mis culpas en vida, no lo sé.
Ahora soy una persona rica, mis padres me dejaron todo, casa propiedades y la fábrica que era el orgullo de la familia, la parte de mis hermanos ya la cobraron sus hijos y sus mujeres, lo demás es mío por derecho propio.
Lo malo es que no sé qué hacer con lo que heredé, jamás imaginé ser dueño de nada, siempre viví al día, de changas y ahora me encuentro… diferente.
Durante varios días Felipe, que así se llamaba el protagonista, pasó a vivir en casa de sus padres, en Carrasco, zona residencial de Montevideo pero no era lo que quería y se fue a la casa de troncos, esa sí era de su agrado y poco a poco comenzó una nueva vida, tenía que ocuparse de la fábrica de plástico de la que ahora era el dueño y muy lentamente fue cambiando su vida.
Decidió que lo mejor era sentar cabeza de una vez por todas, ya no tenía edad ni fuerza para continuar con aquella vida que ahora le parecía tan distante.
Y los recuerdos volvían a su mente, nunca se casó, quizá porque su amor, el que él sabía, era el verdadero, había desaparecido para no volver a verla jamás.
En su juventud frecuentaba a una prostituta, era una muchacha muy joven que ejercía hacía muy poco tiempo y a pesar de todo él se había enamorado de ella y aunque sabía que nunca la podría presentar a su familia, estaba dispuesto a llevársela con él pero ella se fue antes de poder decírselo y allí terminó todo.
Sufrió mucho pero el alcohol no le permitía ni siquiera buscarla y se resignó y fueron pasando los años y siempre en la misma vida hasta la muerte de sus padres y la de sus hermanos en un accidente.
Quedó solo de la noche a la mañana porque aunque ya no los frecuentaba, sabía que los tenía pero ahora ya no y eso lo asustó mucho. Ahora comenzaba a darse cuenta de todo lo que había hecho y quería cambiar, dicen que nunca es tarde….
El lunes por la mañana se reunió con los abogados de la familia y se hizo cargo de la empresa.
Lo primero fue ver a la antigua secretaria de su padre, mujer mayor que lo conocía de siempre y que a pesar de todo lo quería mucho.
Lourdes, la secretaria le dijo que lo ayudaría en todo lo que pudiera para que siguiera funcionando la empresa como lo hacía con su padre pero que le aconsejaba tomar otra secretaria, personal pues el trabajo era intenso y pensaba que él sólo no podría.
Esa misma tarde cito a varias mujeres que habían llenado formularios y que antes no las habían llamado.
Una en particular llamó su atención por su apariencia, una joven de unos treinta y cinco años que dijo llamarse Inés, casada con dos hijos y por lo que vio, sabía su oficio.
Luego de algunas pruebas le preguntó si estaba dispuesta a comenzar a trabajar al día siguiente.
Inés le respondió que sí, que necesitaba trabajar lo antes posible y al día siguiente se encontraban los dos trabajando.
La amistad entre ellos se dio de inmediato a pesar de la diferencia de edad, parecía que se conocían de toda la vida.
Inés le contó que su esposo trabajaba en una empresa pero que su sueldo no les daba para mantener a sus dos hijas por eso ella tuvo que salir a trabajar.
Un día ella le dijo que le agradaría que conociera a su familia y lo invitó a cenar un sábado a la noche.
Felipe aceptó, quería saber algo más de su secretaria.
Ese sábado se vistió con ropa que había salido a comprar para estar un poco más a la moda y muy elegante fue a conocer a la familia de Inés.
Al llegar, el esposo de Inés lo recibió junto a las niñas que estaban encantadas de tener visita.
La cena estuvo deliciosa la dueña de la casa sí que sabía cocinar y cuando las niñas subieron a dormir, Felipe quedó a solas con su anfitrión y luego de una charla amena, miró una fotografía que lo impactó, era la madre de Inés, una muchacha rubia de ojos verdes con cabellera rizada que él muy bien conocía.
Tuvo que sentarse para no desplomarse, la madre de Inés era la mujer de sus sueños, aquella muchacha que él amo pero que el destino separó.
Al volver Inés de acostar a las niñas, lo notó pálido y le preguntó:
___¿Le cayó mal la comida?, está muy pálido.
Felipe le dijo que no se preocupara, la comida estaba deliciosa y que el problema era él pero que ya se le pasaría.
Se despidió agradeciendo la velada y se marchó.
Al día siguiente, Inés le preguntó si estaba mejor a lo que él le contestó con una pregunta:
¿Quién es la señora de la fotografía que vi en la pared del comedor en tu casa?
Muy sorprendida Inés le dijo que era su madre.
___Y tu padre? No vi ninguna fotografía de él…
___Es una larga historia, no conozco a mi padre.
___Perdóname por preguntar tanto pero es que conozco a tu madre y …
___¿La conoce?, qué bien, supongo que querrá verla y ella a usted si es que son amigos, esta tarde ella va a venir a buscarme así que se va a llevar una sorpresa.
Al cerrar la oficina, Inés se presentó con una mujer menuda, de cabellos rojizos y ensortijados.
Felipe volvió al pasado recordando a aquella muchachita que paseaba su figura por las calles y los años se le vinieron encima de golpe, parecía haber envejecido cien años.
Karina, la madre de Inés no lo reconoció, era lógico, los años habían sido muy crueles con él y al presentarse… la mujer dio un paso atrás para no caerse, él le ofreció una silla y la muchacha los dejó solos. Imaginaba que eran antiguos amigos y que querrían hablar del pasado a solas.
___¿Por qué te fuiste? Fue la pregunta de Felipe.
___Sabes muy bien el motivo, en tu familia no me hubieran aceptado y yo sentía mucha vergüenza de lo que hacía, no es que me disculpe, en aquella época si no lo hacía, no comía y por eso me fui.
___Pero, veo que te casaste y tuviste una hija y que ahora estás muy bien.
___No te equivoques, jamás me casé y si tuve una hija pero pasé muy mal para darle la vida que se merece.
___Pero… y el padre?
___¿Acaso no te imaginas?
___.......
___¿Qué quieres decir?
___El padre nunca supo de su existencia…
___¿Acaso…
___Si Felipe, ella es tu hija!
Felipe sintió tantas cosas a la vez que no pudo hablar por algunos minutos pero luego, después de secarse las lágrimas abrazó a Karina con un abrazo que llevaba guardado por más de treinta y seis años cuando la vio por última vez.
___Ahora voy a contarte algo, mi hija siempre supo lo que fui, pero sabe también que desde que nos vimos por última vez, no he vuelto a trabajar como lo hacía, no quise que mi hija tuviera que avergonzarse de su madre y mi vida estuvo consagrada a ella nada más, me preguntarás cómo sé que es tu hija ¿verdad? Pues te contesto con la siguiente pregunta ¿Aún t6ienes el lunar en el pecho? Porque Inés tiene el mismo lunar y en el mismo lugar además porque no volví a estar con ningún hombre desde la última vez que estuvimos juntos, estaba dispuesta a cambiar de vida y gracias a Dios lo he logrado, unas monjas se ocuparon de mi, me hicieron estudiar y cuidaron a mi hija, ahora doy clases de Inglés en un colegio, así pude salir adelante, no fue fácil pero aquí estoy.
___Mi querida Inés, jamás te olvidé, algún día voy a contarte mi vida y de qué manera llegué a ser el dueño de la fábrica pero para eso hay tiempo, ahora quisiera abrasar a mi hija y decirle que soy su padre… ¿Crees que me aceptará?
___Ya lo creo, ella se parece mucho a ti, es una persona buena y comprensiva, te querrá, lo sé.
Inés fue la persona más feliz del mundo al enterarse de todo, ya había empezado a querer a su jefe y ahora sabiendo que era su padre más aún, además la felicidad se reflejaba también en el rostro de su madre que al fin pudo encontrarse con el amor de su vida y que a pesar de los años aún la quería.
La vida tiene sus vueltas y no siempre es tal cual la quisiéramos pero algunas veces, muy pocas en realidad, nos muestra su lado bueno.
Omenia.



Texto agregado el 14-03-2017, y leído por 142 visitantes. (11 votos)


Lectores Opinan
24-03-2017 Sí, claro, la vida tiene sus vueltas, pero no siempre es tan linda como ésta; me fascinó el desenlace de la historia. Muy amena y bien contada, Omenia querida. La disfruté a full. Un re abrazo. SOFIAMA
14-03-2017 Que emocionante relato.. La realidad supera a la ficción, no cabe duda de ello. Un abrazo, sheisan
14-03-2017 Brindo por el reencuentro. MarceloEduardoArrizabalaga
14-03-2017 Es muy bueno. Este cuento da para una novela. Me gustó. mialmaserena
14-03-2017 Buena narración... Pero para mí ya es Lipe, porque ya le perdí la Fe. eRRe
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