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Mi hermana, que por asuntos del trabajo siempre tiene poco tiempo, me pidió que fuese al colegio a hablar con la directora del local, nuevamente el su hijo había hecho alguna de sus travesuras y se requería la presencia de la familia responsable de mi sobrino.
Yo no comprendo muy bien a estos profesores, a los once años la vida está hecha de travesuras, es el periodo de tiempo donde se está formando la personalidad, la sicología y la esencia ética de los niños, es la alquimia del pensamiento que luego se reflejará en la vida adulta. A mis once años, la vida era la secuencia permanente de la ideología de las travesuras, me expulsaron muchas veces de la escuela, mi madre tuvo que enviarme a otra ciudad a estudiar.
Esa mañana fui temprano acompañado de mi sobrino a la cita requerida, el chico se veía un poco preocupado y silencioso, realmente no hablamos mucho en el camino. Yo quise hacerme un poco el serio pensando que sería lo adecuado para la ocasión.
Me hicieron pasar por un pasillo que derivaba en la puerta de la oficina de la directora de la escuela, mi sobrino se quedó en una salita algo retirada del lugar. Entré y enseguida me saludó:
- Tenga usted buen día, ¿es usted el padre del chico que he citado para esta sesión disciplinaria?
- No señora, él es mi sobrino, hijo de mi hermana, pero me puede decir e informar de lo que desee y sea necesario – contesto a su pregunta-.
- Bien, siempre he sido una educadora de pocas palabras, le informo de inmediato que hemos tenido problemas de disciplinas con su sobrino. Pero esta vez el chico a superado todos los límites admisibles.
Me hablaba la señora directora sentada detrás de un formidable escritorio lleno de papeles, hojas sueltas, libros, lápices y porta-retratos que miraban hacia ella. La oficina era grande y suntuosa, de paredes de pulida y elegante madera, pesadas cortinas festoniadas cubrían de modo relativo, los amplios ventanales. Las paredes ostentaban retratos de educadores ilustres y otros desconocidos, quizás de antiguos directores de aquella escuela.
- ¿Sí? Tendría usted, señora directora, la gentileza de informarme qué travesura ha hecho mi sobrino en esta oportunidad ?
- La peor y más deleznable de todas ¡ Casi un acto delictual.
- Le escucho con atención señora, diga usted – le respondo, notando que su actitud es relativamente más violenta ahora.
- Pues mire usted a su derecha, podrá ver una jaula vacía. Allí vivían mis canarios, ocho pajaritos finos, los compré en una tienda de mascotas y le diré a usted que pagué buen dinero por ellos, y ellos, sí señor, eran mi alegría diaria, me trinaban, me cantaban, volaban y revoloteaban en su jaula. Oh que haré ahora.
Retomando fuerzas y respirando profundo, la señora directora regresa a su alucinante discurso disciplinario :
- Pero su sobrino, sí, su sobrino, ese chico indisciplinado, rebelde y sin reglas que gobiernen su vida, en solo cinco minutos que ha estado en esta oficina, ha cometido el delito de abrir la puerta de la jaula y los canarios han volado lejos, a la velocidad del rayo se han fugado para siempre. Mire usted, la próxima travesura de su sobrino si la hubiera, contemplará un informe sicológico del niño que pediré al departamento de sicología y por cierto le digo… por muy cierto y real, le comunico que la permanencia del chico en este establecimiento es ya casi insostenible. Tanga usted buen día e informe a los padres del chico para que ellos puedan adoptar las medidas necesarias.
- No debe preocuparse usted señora directora, informaré a los padres del chico y yo mismo me daré la tarea de ayudar en lo posible, en la solución de este problema académico-familiar, tenga usted también un buen día.
Abandoné la oficina de la directora y fui en búsqueda de mi sobrino, el cual me espera en esa salita con gesto grave y preocupado, brillaba en sus pupilas aquella inquietud propia de la infancia.
Lo tomé de la mano y juntos salimos por la puerta principal del colegio, el cielo de la mañana se había abierto y un sol de primavera bañaba de luz y tibieza la ciudad. Caminamos un poco y luego mi sobrino no soportó más la tensa situación y me preguntó :
- Tío ¿qué dijo la directora? ¿a dónde vamos?
- ¿A dónde vamos? ¿no te parece encantadora la mañana? Hermosa de sol, de brisa fresca, de un cielo inmenso y azul… las calles con sus árboles, casas con jardines de rosas y jazmines.
- Yo quiero saber que dijo de mí la directora – respondió mi sobrino interrumpiendo mi discurso naturista.
- Ah, te preocupa lo que dijo la señora directora y no te importa mucho lo que te digo de pasear y la naturaleza y de…
- No, tío. Debes decirme ya.
- Bueno, creo que es momento de hacer un trato, vayamos al parque y allí hablamos de hombre a hombre de tus problemas de disciplina, ¿te parece bien?
- Sí tío, me parece bien.
Y nos fuimos caminando hacia el parque más cercano, allí nos sentamos en un banco de madera gris y nos quedamos contemplando el paisaje, bueno al menos yo; mi sobrino todavía con su inquietud y curiosidad.
- Sé lo que estás pensando – le dije en un momento de contemplación – bueno, no más misterios, lo que dijo la directora de tu colegio fue que…
- Sí, ¿qué dijo tío?
- Mira !!! Qué linda bandada de pajaritos, ¿los viste volar rápidos desde las ramas de ese árbol? ¿dónde se fueron? … Son lindos ¿no?, ¿te gustaría tener todos esos lindos pajaritos en tu casa, encerrados en una jaula y que los puedas ver todos los días y a cada rato?
- No tío, no me gustaría, prefiero que sean libres y que apenas pueda verlos volar y nada más.
- Yo creo, tengo la seguridad que un día vas a ser un gran hombre si conservas y cultivas esos pensamientos nobles que has demostrado hoy día y que he observado en ti desde hace algún tiempo. La opinión de la directora de tu escuela no tiene importancia para mí, ni debiera tenerla para tus padres. Te prefiero expulsado de todas las escuelas como me sucedió a mí, a que seas un niño vil y sin honor. Bueno, el trato terminó, es hora de regresar a casa, tu madre querrá saber algo del asuntito, vamos chico.
Lo tomé de la mano nuevamente y abandonamos el parque, tomamos rumbo a casa caminando lentamente, luego le dije:

- ¿Sabes qué? Estoy sintiendo un poco de calor… creo que te voy a comprar un helado pero de esos dobles, relleno con confetti, menta granulada y coco maduro rayado. ¿Qué me decis ?
El niño no dijo nada a mi oferta, solo sentí en mi mano la presión de su mano y la fuerza dulce de su energía infantil.-


Texto agregado el 03-06-2017, y leído por 152 visitantes. (16 votos)


Lectores Opinan
16-06-2017 Usted está mal de la cabeza escribe tan bonito y habla tantas estupideces, realmente tiene dos personalidades. Como puede escribir esto en mi perfil: "Borra esta basura indio mejicano, soplale la verga a peña nieto. hippie80" Realmente es usted un ordinario y patético poems
16-06-2017 Usted está mal de la cabeza escribe tan bonito y habla tantas estupideces, realmente tiene dos personalidades. Como puede escribir esto en mi perfil: "Borra esta basura indio mejicano, soplale la verga a peña nieto. hippie80" Realmente es usted un ordinario y patético poems
09-06-2017 que buen relato solo corregiria una palabra o dos si me fuera permitido vicanto
08-06-2017 Los pájaros libres son felices. Pasa lo mismo con nosotros. Que nadie se atreva a actuar en contra de la libertad. Muy buen texto, con moraleja. ***** Clorinda
06-06-2017 Yo te veo gran amante de la naturaleza, y eso es admirable, pero tb hay pájaros q viven bien en cautividad, como el canario por ej. Si eran capricho de la directora, tu sobrino no tenía que haberlos soltado... Eso sí, tu sobrino tiene un tío altamente comprensivo, jaja. Daiana
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