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Curiosidad del Valle de los Faraones

Bajo el calor de un desierto infinito, se encontraban los trabajadores concluyendo las últimas etapas de una monumental obra “La tumba del faraón PepyII”. Hacía apenas un tiempo había sido su cumpleaños número noventa y derrochaba salud, como se solía calificar en Egipto a los longevos.

Se encontraban en la necrópolis de Saqqara, en la ribera occidental del Nilo. Su última morada sería en una pirámide de regular tamaño acompañada de otras menores subsidiarias de la primera, construidas luego del pertinaz apego del soberano de quedarse en el mundo terrenal.

Determinar el tamaño del monumento principal se complicaba por las extrañas medidas que en ese entonces utilizaban. El codo era una de ellas, se contaba la distancia entre el codo y el final de la mano, denominado codo real y el otro con el puño cerrado, más vulgar y de menor longitud, llamado precisamente “codo vulgar”.

Lo cierto es que el alto de la pirámide rondaba los 50 metros, el perímetro de su base sería de unos 200 metros, cincuenta por lado; para que se entienda un poco mejor

Se hallaba el ingeniero junto con los demás artesanos disfrutando su obra cuando de repente ocurrió lo peor.

Como era costumbre en esos tiempos se tallaban escenas de la vida del postrero morador en complicadas secuencias de lo que tiempo después se dieran en llamar jeroglíficos, aunque en aquellos tiempos no eran más que dibujitos.

—Imhotep, gran señor de las artes, temo informarle que cometimos un imperdonable error.

—Sea más preciso Serapis, ¡que ha ocurrido!

—Cometimos un error de ortografía

La falta de personal para la construcción hizo que tuvieran que recurrir a mano de obra extranjera, poco capacitada para los específicos rasgos de aquellas primitivas escrituras.

—Donde iba un gato de perfil, pusieron un pato y en el lugar de un ojo tallaron un cisne.

Era una talla enmarcada a la vista de todos, su interpretación dejaba muy mal parado al monarca, la conjunción correcta de gato-ojo significaba “valeroso”, mientras que lo que se encontraba escrito pato-cisne claramente aludía a una persona temerosa y cobarde.
Mientras degollaban al novel escritor Nebjeperura, se quemaban las pestañas con ímproba faena tratando de hallar una solución.

Lo que miles de años después se solucionaba con una goma de borrar, en aquellos tiempos difícilmente podría ser reparado.

—Reemplacemos esa parte por otra con la expresión correcta

—Lo intentamos, pero no hallamos una pieza similar para su reemplazo, estamos perdidos.

Sabía que si el Faraón se enteraba, él y sus discípulos correrían la suerte del joven aprendiz Nebjeperura.

—Ya lo tengo—Suspiró aliviado el ingeniero

Hoy día gracias al descubrimiento de la Piedra de Rosetta fue posible descifrar jeroglíficos que acompañaron casi todas las etapas de las dinastías del Antiguo Egipto, selladas en todos los templos funerarios.

Digo casi porque solo quedo sin esclarecer un dibujo hallado en la tumba de PepysII casi al final de la dinastía de los faraones del antiguo Egipto.

Era la imagen de un pato y un cisne atravesado en diagonal por una línea recta que fue interpretado que “en ese lugar están prohibidos los cobardes”.

Hoy se piensa que esos curiosos jeroglíficos dieron origen de algunas señales de tránsito que se utilizan en la actualidad.

Es así que cada vez que veo un cartel de “prohibido estacionar” me trae a la memoria al valeroso Faraón PepysII, quien murió a la edad de 94 años.

OTREBLA

Texto agregado el 27-08-2017, y leído por 56 visitantes. (1 voto)


Lectores Opinan
21-11-2017 Interesante. Tejera
 
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