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Inicio / Cuenteros Locales / remos / 24. Un mundo invisible

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Si camino por las calles de mi pueblo, si recorro senderos en las montañas, zambullo en los ríos, si el sol regala “Vitamina D” a mi rostro, si el viento me despeina el pelo, si escucho el canto de los arroyos y de los pájaros silvestres. En suma, si vivo simplemente, la natura la escucho, la palpo, la huelo. Ella es una presencia real y material, física.
Sin embargo, los científicos nos hablan de un mundo invisible, pero siempre material en torno a nosotros, un mundo fascinate que muestra por ahora tan poco y tanto a la vez de sí mismo.
Del universo “conocido” sólo se conoce, apenas, un 5% como materia visible, el 25% es materia oscura e invisible y un 70% energía oscura, que es completamente desconocida e invisible.
Un misterio absoluto pero se hace sentir su presencia en la acelerada expansión de las galaxias hacia lugares impensables o sólo imaginables por algunas mentes con alto contenido de materia gris.
Por ahora, las más potentes mentes contemporáneas están luchando, quizás no sea exagerada la expresión, por lograr que no se contradigan demasiado las dos teorías más importantes de la física actual: la Teoría general de la Relatividad, herencia del genio absoluto de Einstein, que se aplica al macro mundo, y la teoría de la Mecánica Cuántica, que nos habla del micro mundo.
Esa síntesis maravillosa sería una teoría del Todo, que está aún en pañales, pero se la ataca por diversos frentes, como la teoría de las cuerdas, la teoría cuántica a loop, y otras. Quizás en espera que nazca un nuevo Einstein.
En todo caso los esfuerzos actuales están logrando alzar pequeños bordes del infinito manto de misterio que cubre este maravilloso Universo, incluida la micropartícula, a nivel cósmico, que es nuestra madre Gea.
Hasta no hace mucho se consideraba el big bang algo así como lo eran las columnas de Hércules para los antiguos griegos. Es decir el punto último del mundo conocido; el punto no más allá.
En el caso de física sólo se podía llegar hasta esa portentosa explosión de ese infinitesimal huevo cósmico que dio origen a las estrellas, galaxias y cuanta maravilla es posible ver e imaginar: el big bang. Una posibilidad.
No tenía sentido aventurarse más allá de ese punto original; en realidad se llegaba a fracciones infinitesimales después de la gran explosión. Hasta donde las ecuaciones actuales, por decirlo así, morían, no permitían retroceder más, y el problema no se ponía, porque el tiempo desaparecía en esas ecuaciones.
Que el tiempo no existía antes del big bang, nos dicen, que no es una certeza en el punto actual de la ciencia. Podría haber existido antes otro universo, nadie lo sabe.
Se estima que nuestro universo tuvo inicio en esa explosión hace unos 14 mil millones de años. Un tiempo que hace temblar las neuronas.
El "big bang" de la ciencia, por otro lado, habría tenido inició sólo 26 siglos atrás en Mileto, una rica y floreciente ciudad, quizás la principal ciudad del mundo griego antes de la edad de oro de Atenas y Esparta.
Este hecho fundamental, esta explosión científica se produjo en la escuela a la que dieron origen Talete, Anassimandro y Ecateo, y ya veremos en qué consistió.
Antes de este hecho excepcional ocurrido el siglo VI Antes de nuestra Era, el hombre desde milenios, al menos desde que dejó huellas en textos escritos, se interrogó acerca del misterio del mundo visible y todas las respuestas, unas más que otras, fueron metafísicas, de origen fantástico.
Todas parecidas: espíritus, dioses, animales mitológicos, imaginaros, serpientes con plumas, grandes vacas, dioses soplando sobre los abismos. Un bestiario fantástico interminable.
Chinos, sioux, Babilonia, el África; la respuesta siempre estaba en esa dimensión fantástica, metafísica, hasta que aparece la Escuela de Mileto que deja de lado mitos, leyendas, dioses y espíritus e interroga directamente a la natura, sin mediadores. Las preguntas van a la natura misma de las cosas, al mundo físico, de la materia.
Esta nueva forma de conocer, de indagar fue la aurora del pensamiento científico. Es decir, Leucipo, su discípulo Demócrito iluminando los siglos por venir hasta llegar a las últimas teorías de la física contemporánea.
La ciencia es una enorme empresa colectiva, los genios van preparando el terreno de los que llegarán después. Cada uno se sube a las espaldas de los gigantes anteriores para mirar siempre más lejos.
Newton descubrió la fuerza de gravedad, pero no logró conocerla, sabía que algo no funcionaba pero no supo qué cosa era. Algo misterioso debía permitirle actuar y manifestarse a enormes distancias. Algo que permite que la luna no nos caiga en la cabeza y que los planetas giren alrededor del sol. ¿Qué cosa?
Llegarían Faraday y Maxwell, dos genios potentísimos que dieron pasos decisivos en dirección a las respuestas a Newton. La portentosa intuición de Faraday, con sus famosas “líneas de Faraday” que el matemático Maxwell pusiera en ecuaciones. Matematizó intuiciones geniales, y aparecen así los conceptos de campo eléctrico y campo electromagnético.
La natura, al sentir las preguntas que necesitaba sentir les responde revelándoles otro de sus maravillosos secretos. Lo había dicho ya Galileo Galilei: para leer el libro de la natura hay que conocer el lenguaje en que está escrito.
Todo estaba pronto para Einstein, pero sólo para él; el siglo XX cambió su visión del mundo en forma radical gracias a este genio impresionante, cuya mirada vio en el invisible, que los instrumentos más sofisticados del presente están viendo en lo visible, como las ondas gravitacionales.
Einstein tenía 25 años cuando escribió tres breves artículos, sin biografía, porque era inexistente, su mente había volado donde no osaban ni las águilas siderales.
Los que fueron capaces de leerlo y entenderlos dicen que eran de una belleza grandiosa, arte pura, de una claridad y precisión casi inhumana..., originalidad al estado puro, grandiosidad... todos los adjetivos del elogio científico se agotaron. Cada uno de ellos merecía un Nobel.
Estos artículos darían origen a la magia del la física del siglo XX; cuentan que un famoso físico, perdido el control de sus emociones y su dicha, gritaba agitando las hojas que contenían esos artículos, mientras proclamaba urbi et orbi: “Ha nacido un nuevo Arquímedes”.
Por su parte, el hombre común, sin entender nada de nada, intuyó que un hombre fuera de lo común había nacido, y conoció la palabra genio.
Muchas anécdotas y leyendas nacieron en torno a Einstein; una en particular me parece muy acertada. Cuentas que cuando el genio de la física, después de una conferencia donde explicaba su teoría, fue asaltado por una horda de periodistas y uno de los cuales logra la síntesis perfecta en su pregunta, tanto que Einstein le responde.
-Hrr profesor, nos puede decir, en dos palabras, qué habla su teoría.
-Es una teoría que habla del tiempo y del espacio.
-??
Dos palabras.

Un mundo extraño el nuestro, mostraban esos breves folios de Einstein: el tiempo y el espacio no existe, existe el espacio-tiempo; el espacio se curva; a la velocidad de la luz, que es constante, la masa aumenta de tamaño; el tiempo pasa más rápido en alto que en bajo y depende también de la velocidad, de la fuerza de gravedad: La paradoja de los gemelos, uno se da una vueltecita por el espacio, regresa después de un tiempo y encuentra a su hermano que s había quedado en la Tierra más viejo que Matusalem, mientras él es más joven que Dorian Gray; paradojas einstenianas, puras verdades racionales de alguien que veía con los ojos de la mente.
Siglos antes el gran Demócrito había imaginado la materia, también co los ojos de la mente, formada por minúsculas partículas, invisibles e indivisibles. Nadie creyó, por siglos, en su existencia. Tuvo que llegar Einstein quien en uno de sus artículos del 1905 demostró la existencia de los átomos, mediante la observación del movimiento browniano.
Se necesitaron 23 siglos para que la ciencia diera razón a la intuición del viejo Demócrito.
Iluminante diálogo, a través del tiempo y el espacio, entre dos videntes mentales.
El segundo artículo contenía la Teoría de la Relatividad Restringida que, según el físico teórico Rovelli, se trata de una teoría sutil y conceptualmente difícil.
Por último, el tercer artículo contenía su celebérrima Teoría de la Relatividad General, que le daría la gloria y fama universal y definitiva, hasta que desaparezca la civilización humana. Hasta el momento todas sus previsiones se han demostrado correctas.
Con sus ecuaciones los físicos modernos trabajan cotidianamente.
Tratar de aferrar algunas verdades o conceptos de esa teoría nos exige a nosotros, hombres de la calle, dar un salto no cuántico sino mental, y romper, superar el obstáculo del sentido común, nuestro bastón del cotidiano vivir, para así poder entrar, o al menos poder vislumbrar ese mundo invisible que nos rodea.
Mundo donde el genio de Einstein alzó un borde del manto de misterio y nos reveló un mundo de compleja belleza, un mundo inédito, donde ya no existe el pasado ni el futuro sino una “zona intermedia”, que sería un “presente extendido”: cuando el hombre cotidiano está viviendo su presente, en ese mismo instante, en otras regiones del espacio se está en el futuro.
Cosas así, extrañas, si no saltamos los preconceptos y no desoxidamos nuestro lenguaje para seguir, en mínima parte, la mente de Einstein.
Es evidente que frente al cerebro de un Einstein los sapiens cotidianos tenemos un cerebro cercano al de una gallina o de un Australopithecus; sin embargo los científicos nos dicen que ellos también son terriblemente ignorantes ante la complejidad aterradora de la natura.
Somos, nos dicen, como topos excavando galerías dentro a la oscuridad de la tierra, donde los ojos son casi ciegos, y cuando logran asomarse a la luz, a través de una teoría, una intuición, pueden ver un mundo de belleza indescriptible, la emoción estalla en el pecho.
Sin embargo, esas pequeñas verdades son como sombras al interno de la caverna platónica.
Volviendo a Einstein hay que tratar de aferra el concepto de “campo gravitacional”, porque aquí está la madre del cordero, ese núcleo, esa pieza del puzzle cósmico que le faltó a Newton para entender su “fuerza de gravedad” y que explicase por qué caen los objetos y por qué los planetas giran.
Claro, hoy hasta el hombre común sabe que es debido a la fuerza de gravedad, pero no sabe, como Newton entonces, qué es esta fuerza de gravedad.
El paso anterior al de Einstein lo dieron, como ya se dijo, Faraday y Maxwell, dos genios que le prepararon el terreno cuando él era aún un niño. Habían descubierto el campo electromagnético llenado así el concepto de vacío de Newton; demostraron que el campo electromagnético es una entidad real que llena el espacio, que vibra, que se ondula y transporta la electricidad.
Con este descubrimiento el joven Einstein quedó fulminado de entusiasmo y fe así que pensó que también debía existir en el universo otro campo que llevase, transportase la gravedad.
Lo llamó campo gravitacional y se dedicó febrilmente en una explosión de genialidad a encontrar las ecuaciones para describir su creatura.
Es en este punto donde pulveriza el antiguo concepto de espacio y de tiempo, pero en el ámbito de la fisica, porque nuestro espacio y nuestro tiempo sigue funcionando perfectamente en el ambiente cotidiano, como la mecánica de Newton.
El golpe de genio, la iluminante intuición, la fulguración que nació en el privilegiado cerebro de Einstein, le indicó que el campo gravitacional no es algo difuso en el espacio sino que él mismo es el Espacio; el espacio de Newton, donde se mueven las cosas y el campo gravitacional que lleva a la fuerza de gravedad so l misma cosa. Realmente alucinante; la natura le entregó un secreto gigantesco.
El espacio no es algo diverso de la materia, es una de las componentes materiales del mundo, es por esto que se curva, se tuerce, ondula como un molusco flexible donde todos, monos y galaxias estamos inmersos.
Hay que cambiar nuestros lugares comunes, nuestros viejos paradigmas cósmicos y caminar como un hombre de la calle diverso, aunque aún éste no se ha dado por aludido, como con la evolución biológica; pero aún queda tiempo en este siglo.
Compendiando, ya la Tierra no gira en torno al Sol tirada por una misteriosa e invisible fuerza en un espacio vacío, sino que corre en un espacio material que se inclina. La imagen es la de una pelotita que da vueltas en un embudo, donde al centro del embudo no hay ninguna fuerza que la atrae, sino que son las paredes curvas del embudo que la hacen girar. Los planetas giran alrededor del Sol porque éste, debido a su gigantesca masa curva el espacio donde está inmerso y forma el embudo donde todas las pelotitas o planetas giran.
¡Gracias don Albert, por contarnos lo que le dijo la natura, porque sólo usted supo hacerle las preguntas correctas!

Texto agregado el 25-10-2017, y leído por 129 visitantes. (4 votos)


Lectores Opinan
28-10-2017 Si la teoría de la relatividad general es difícil, para un lego como yo, imagínate la teoría cuántica, literalmente quedé loco, mi mente todavía no deja de convulsionarse tratando de entender aquello. D2EN2
25-10-2017 Buen texto. Añadiría que es la masa de planetas, estrellas...quien curva el espacio y produce a su vez los embudos que dan lugara a la gravedad ***** grilo
25-10-2017 Bien por la Ciencia, a la que no le bastan las Ideas e intenta conocer el Misterio a su modo, que es legítimo, por cierto. En el terreno de las Ideas puras se ha vislumbrado lo mismo o muy parecido (y a los científicos acaso les parezca una altanería), en obras tales como El Kybalion; Eureka, de Poe, y los compendios de Ouspensky: Tertium Organum, donde también se refiere a Einstein, entre quienes aterrizaron el Misterio. quilapan-
25-10-2017 me encantó yosoyasi
 
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