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Inicio / Cuenteros Locales / lilaherthings / DEMETER (Tercer lugar- Desafío Creepypasta 2014 Wattpad)

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NOTA: (Leer antes de comenzar. Este fue mi primer relato para un concurso literario hace ya 4 años, cuando aun era muy novata, así que tal vez tenga errores (no de ortografía) sino en sintaxis y otros)

"Morir... Significa extinguirse

Morir es desvanecer y la muerte es un presagio de

oscuridad"

Hace días que un ser siniestro jugaba con mi mente, lo único que puedo reconocer son sus fríos ojos grises cual infierno y su gloriosa armadura roja cuan fuero del agonizar, entre esas paredes solo había uno, el invencible del quinto infierno. Demeter o Setnhin, conocido como el olvido en las legiones del tártaro, había regresado a través de un portal Ghozai, para destruir a los moradores que osaron invocar su presencia.

Las investigaciones de Lizie, eran cada vez mayores y sus visones eran perennes, hasta esa noche, donde su cuerpo fue arrastrado por una fuerza superior, aquellos ojos grises que movía las piezas en el tablero, donde los alfiles caía y el clero moría en un solo alarido, el resonar de su hacha, aquel estridente rechinido era el comienzo de una nueva travesía.

"Tu sistema nervioso colapsa;

Tu corazón se estruja con solo un movimiento certero;

Tu alma agoniza y se esparce en el infierno"

—Tus fuerzas te abandonan —menciona, en un lento clamor.

— ¡Eres joven! ¡Eres bella!, pero caes lentamente a mi merced —espetó Demeter, con frialdad mirando a Lizie, quien yacía en el suelo—. Eres habilidosa —susurró—. Pero vas a pagar con tu vida, tu corazón late aceleradamente, significa que tienes miedo, tu vida yace en mis manos, ¿Caerás o subsistirás? —preguntó, con sus orbes grises llenas de frialdad.

Lizie había llegado a aquella ciudad y se hospedó en aquel edificio, sin saber que el Demeter, Shinigami del quinto infierno, Jigoku de la octava resurrección, habitaba en aquel apartamento sombrío —Una víctima más ha llegado y sus acciones repasarán los límites del sadismo y la psicopatía. La decisión es tuya... ¿Caerás o morirás en intento? —menciona con frialdad, arrastrando aquella hacha de sonido estridente en símbolo de que tu hora ha llegado.

Las luces desvanecen en esta noche sin final, la luna se asoma por el horizonte enrojecida, la piedad desaparece dejándote sola en este abismo infernal, los vientos se alzan, las ventanas se azotan propiciando un ruido ensordecedor, en esta noche sin conclusión no habrá escapatoria alguna, las flores marchitan y la sangre se derrama logrando que el caos emprenda rumbo en esta velada, donde la pasión significa la muerte de una nueva víctima.

Los vientos han marcado el tiempo y el reloj se ha detenido, la llave maestra indica que llega tu fin —Eres mi nueva prisionera, mi nuevo sacrificio, ahora tu sangre será quien rija rigurosa travesía, esta cruzada, pero en este juego quien fallará primero...

La joven se encontraba en el suelo, sus cabellos cubrían su rostro, sus manos sangraban y aquel líquido carmesí vital para los humanos se esparcía lentamente por las heridas propiciadas por el señor de los caídos. Demeter, el cazador de los sueños es quien le da sepultura a tus más añoradas ilusiones, su alabarda es la indirecta y es el objeto punzante que clavará en tu pecho para luego quitarte la vida por completo.

—Estás en mi mundo, eres débil, no has de tener escapatoria —susurró, con sadismo en su voz, la tomó del mentón con brusquedad haciendo que lo mirara a los ojos.
Los versos resonaban certeros de los labios del cruel inquisidor, tus suspiros se escapan y el oxígeno se agota lentamente, de tus manos brota el adiós y los aliados a ti van desvaneciendo sin causa, no prolongues tu muerte, el viento maneja la cuchilla sonora —Serás mi nueva marioneta —pronuncia en su haber.

Con una hojilla filosa y el poder de la sangre de los caídos. Demeter del quinto infierno, señor de los caídos y deidad de los inocentes. Porque así fue llamado y la leyenda se hizo mito, mientras que la muerte amordaza todos tus gritos y los transforma en desilusión e incertidumbre, él cortó y desolló su piel, dejando al descubierto aquel líquido carmesí.

Cada corte era una plegaria extinta, cada puñalada era la pérdida de un alma, el sacrificio del renuente guerrero y sus piernas se postraban mostrando redención ante el señor de los caídos. En esa habitación donde el caos prevalecía no había brisa, resoplido o parte del viento que golpeara tu cara, significaba que estás a punto de perderte en esta fantasía sin final. La única advertencia antes de entrar es

Sus piernas fallaban con un intento decaído, su alma desvanecía con solo pronunciar su suplicio y la leve caída la dañaba más. Cada corte prolongaba su agonía, cada sollozo ahogado incitaba más a su cruel asesino y las palabras se extinguieron con una alabarda que aniquiló los días de vida —Nunca volverás a ver la luz del día, hoy será tu muerte y tus ojos se cerraran intentando buscar la paz, pero solo un martirio será la condena que cubrirá tu alma con la flama del calvario y la alegoría, para que en tu lúgubre destino mueras cada noche de la misma forma, será tu maldición —pronunció su sentencia, tomando nuevamente su alabarda y atándola a la pared.

—De tus labios brotan suspiros de fresa, pero yo aniquilé al adiós, cortaré tus prendas en mil pedazos y dejaré al descubierto tu ser, quiero ver como tu hermosa piel desvanece como un hecho y como sufrirás a mi merced —gritó, observando como su nueva víctima se retorcía en el suelo.

—La sangre brota, pero no es lo suficiente, quiero oírte gritar y oír el clamor de mi nombre, quiero que digas que sufrirás por mí —espetó, con sorna en su voz—. Tú eres la joven presa del miedo, de tus orbes brota la impaciencia, mientras yo disfruto de sus sollozos ahogados, ¡Crees que alguien te salvará!, acaso eres tan ingenua —rió estridentemente, haciendo que los espejos se partieran y cada trozo de vidrio callera sin gloria por el suelo, con un ruido ensordecedor.

A caso el lord del adiós no pude ser feliz

Mi cruel asesino de piel blanca y orbes grises, alza su alabarda y perfora lentamente —pensó, gritó y un sollozo ahogado se hace presente.

Demeter —grita la joven, el muestra una siniestra y maquiavélica sonrisa.

El utiliza su navaja y empieza a cortar en tajos la blanquecina piel de la joven —Eres fuerte, pero en este juego, solo gana uno y ese soy yo, el nivel aumenta y esta estocada hará que pierdas más sangre.

El filo de la hoja desgarraba lentamente cada parte de su piel, ella se retorcía de dolor, los tapices se impregnaban con su sangre, aquellas orbes grises mostraban satisfacción al oír los gritos sin esperanzas, en aquel edificio no había salvación, el venido del infierno la había encerrado en una cámara mortuoria, la lúgubre melodía se esparcía por cada corredor, la esperanza y la piedad habían desertado y este fue quien aniquiló el adiós, la rigurosa travesía había sido en vano y el dolor de los inocentes tiñó el ambiente de rojo carmesí.

Las duras palabras, la cruel estocada, las horas pasaban y la tortura se hacía perenne, de sus brazos y piernas brotaba el veneno de la desilusión, las sonrisas discretas y los gritos ahogados, ya no había esperanza para sobrevivir y el hacía que su agonía fuera lenta, sus cabellos plateados largos hasta los hombros, su sonrisa macabra, su mente retorcida y era un alma venida del infierno, una larga vida y su armadura rojiza como la muerte eterna.

Eres victoriosa de tu propia caída... Sientes el dolor, el ardor en tu piel, el sufrimiento ¿Verdad?
—Gritas y no hay salida, lloras y no hay solución —espetó mirándola con frialdad—. Recuerda Lizie, tu vida de joven fue igual. Todos te hacían sufrir como yo mismo lo hago, todos te insultaba y tu presa del miedo y el dolor, sabes cuantas veces no ocurrió y nade te escuchó —se burló Demeter, con una risa estridente—. Ahora eres mi víctima, tu sufrimiento será perpetuo.

La joven se desangraba y el seguía hiriéndola sin tocar los órganos vitales para prolongar su agonía, se intentaba poner de pié en su haber, pero él de vez en cuando le daba un golpe certero y caía de rodillas hacíendose más daño.
—En este juego no hay escapatoria, tu suplicio me da poder y tu muerte me hace fuerte —le mencionó fríamente.

Atada en aquella pared sin poder defenderse, la muerte se apiada de su alma de a poco y cada instante tu corazón se estruja sin más —No tienes más sufrimiento para darme —gritó, mientras los ojos de la joven se cerraban, el hilo de su vida había sido cortado y su suplicio acababa—. Es que no eres lo suficiente —gritó nuevamente y apuñalándola con su alabarda, pero ella no respondía a su llamado, su alma ya se había ido hacia el Jigoku de la desesperanza. Su voz se había ido y su respiración era débil.

—Escucho como tus últimos latidos suenan lentamente, significa que al fin vas a morir —sonrió sádicamente—. Ya no tienes aire —mencionó contando los segundos, mientras veía expectante su obra maestra. Con su alabarda cortó la soga que la sostenía en la pared y vio la marca de su cuerpo sangre, rio con alevosía, mientras dejó caer el cadáver en el duro suelo.

—Haz de haber cumplido tu cometido ¿eh? —Rió, mientras volvía a clavar su alabarda una y otra vez en el cuerpo vacío de su víctima—. Espero ver como tu alma se retuerce en el infierno, mientras el clero llora por tu audacia, ¿Y a esto le dicen valentía? —preguntó con sarcasmo, mientras los fluidos carmesí se esparcían por el suelo.

Se volvió a ver con frialdad el cadáver vacío de alma de la joven Lizie Trements, mientras esbozaba una maquiavélica sonrisa y pronunció —Volveré a por todos los moradores de este apartamento, por invocar mi nombre —pronunció unas palabras en el idioma de los caídos y su cuerpo de se esparció dejando la escena del crimen en un caso incompleto.

A la mañana siguiente se oyeron sirenas, también se escuchó el llanto de los familiares de la joven exigiendo justicia por la crueldad con la que fue devastada la joven más nunca se encontró al asesino y todos los intentos búsquedas e investigaciones fueron infructuosas y en vano. Demeter era un ser venido del infierno y todos los moradores de Gouhart Street murieron de la misma forma que la propia Lizie y no hubo un testigo de sus apariciones.

El secreto murió con Trougout Simmons, el conserje, el único que conocía su existencia. Demeter siguió devastando vidas sin piedad y nadie conoce su paradero, el infierno sin gloria y la soledad dominante, en este inframundo de la condena siguen habiendo pérdidas...

"Are you going to Scarborough fair

Parsley, sage, rosemary and thyme;

Remember me to want to stay"

—Esta es la canción que con tu vida acabó, cada palabra con gracia una vez pronunciaste en aquel baile y tu muerte has ganado —rió de manera estridente, al ver a todas sus victimas morir.

Texto agregado el 19-02-2018, y leído por 15 visitantes. (4 votos)


Lectores Opinan
20-02-2018 que hermosa morcilla se podria haber hecho con tanta sangre desperdiciada satini
 
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