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Inicio / Cuenteros Locales / La_columna / Imaginarios lamentables: El delito de ser inmigrante (En un viernes de culpables oportunos) –Por El_Galo

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Ignorancia que perdura. Como en otros períodos históricos, resuenan por estos días aquellas voces que, absurdas, se ocupan sin piedad de demonizar a todo hombre recién llegado a un nuevo territorio.

Tras una serie de operativos policiales, realizados en Buenos Aires con el fin de erradicar a un gran número de centros comerciales signados por la ilegalidad, vuelve a ponerse en discusión el protagonismo que en dichas actividades asumen aquellos inmigrantes que, masivamente, desembarcan en la Argentina provenientes de distintos países sudamericanos.

Sabido es que esta nación se ha conformado merced a sucesivas oleadas inmigratorias, mayormente europeas. Así, tales procesos explican la naturaleza de una Argentina reconocida como un crisol de razas en permanente desarrollo. Pese a esto, distinta ha sido siempre la actitud local ante aquellos inmigrantes provenientes de países linderos o cercanos de acuerdo a criterios geográficos. Bolivianos, chilenos, paraguayos y peruanos (Extranjeros que hoy suman, aproximadamente, unos 3, 5 millones en todo el país) históricamente se han visto obligados a enfrentar múltiples adversidades llegado el momento de radicarse en territorio argentino.

Casi sin pausas, medios de comunicación masiva y numerosos discursos presidenciales los han culpado, a través de los años, de males como el desempleo, la inseguridad, el narcotráfico, y todo tipo de actividades perjudiciales para la supuestamente inocente sociedad argentina. Por estos días, a tales postulados delictivos se les ha adicionado el de comerciantes de mercancías robadas o piratas de marcas reconocidas.

Sin demasiados preámbulos, resulta sencillo deducir que toda esta puesta en escena oculta un motivo. Y también, por detrás, una pluralidad de juegos de poder. Juegos que, oportunos, pugnan por quitar del foco las verdaderas problemáticas a solucionar en un país caracterizado, pese al cambio constante de rostros y retóricas, por la impericia dirigencial. Así, como ocurriera durante los años de la oscura década del ´90, hoy se vuelve a desestimar toda culpa gubernamental proponiendo, a modo de trueque, un conflicto articulado para la ocasión. Una batalla que permite enfrentarnos a un enemigo sencillo, esto desde una perspectiva de seguridad social: el inmigrante latino.

Obviamente, tal cuestión no responde a una concepción netamente argentina. La postura distingue también a otros países del continente: el vecino siempre es peligroso. Paradójicamente, algo similar le toca experimentar a esos argentinos que hoy sobreviven en Europa, principalmente en España, confirmando así lo que supone una tendencia mundial: la condena al foráneo. En sintonía con otras expresiones, la Madre Patria no ahorra diferencias al denominar “sudaca” a aquel hijo en crisis que hoy desesperadamente busca una mano tendida.

Ahora bien, pensemos en como escapar a todo esto. El objetivo a concretar, como salida futura, es romper con los preconceptos. La prueba está en que el discurso reinante no escatima esfuerzos en su campaña de manipulación mental. Basta hacerse a un lado de todo lo que se ve o escucha para comprobar la textura de los imaginarios reinantes. Las etiquetas que determinan nuestros modos de abordar fenómenos y problemáticas.

Lamentablemente, y en el mayor de los casos, nos domina el prejuicio. La visualización de una otredad cultural que no es más que un espejo de nuestras particularidades. Particularidades que, vale mencionarlo, no alcanzan para modelar una real diferencia.

Discriminación es un término tan banalizado que hoy ya no sirve para dar cuenta de aquello que nos compromete a diario. Quizás su destino sea el de perecer junto a las diversas significaciones que, negociadas, sólo responden a intereses vacíos; tácticas de quienes franquean las reglas sin recibir por ello alguna pena o castigo. Tal vez sea momento de dar espacio a dos herramientas infalibles: la acción social y la educación. Una, para acotar brechas y, en simultáneo, bregar por la conservación y el respeto de los atributos culturales que distinguen a quienes, actualmente, dotan de nuevos aires a nuestras comunidades. La segunda, como representación plausible de una mejor justicia; como anulador de las falsas verdades, la distancia ante lo nuevo, y el final de aquel recelo que, por lo general, rara vez se diferencia del más incoherente rencor.

Las preguntas y las aprensiones están en nosotros. Los recursos para vencerlas y postular una realidad distinta también...





Patricio Eleisegui



El_Galo


Texto agregado el 24-09-2004, y leído por 408 visitantes. (10 votos)


Lectores Opinan
25-03-2005 Comentario un poco retrasado, pero aquí quedará. Galo,yo migrante extranjera, no podría haberlo expresado mejor. Estoy en la Argentina y quiero mucho a este país. Tengo la suerte de no sufrir ningun tipo de discriminación, mas es evidente cierta mala onda con los extranjeros-¿?-que tan llenos de esperanzas venimos a trabajar, estudiar a inyectar plata a ésta economía y ponerle el hombro a éste país...pero Bueno también está la gente maravillosa MUCHA...que hace que la estadía acá sea una experiencia de solidaridad y hermandad. ¿Ejemplo?, pues leer tu artículo y saber que alguien "alguienes" tienen la mente amplia y los sentidos en su lugar. Saludos una extranjera sonriendo en la Argentina. silvania
28-09-2004 Me recuerda eso que salió en un periódico, es cierto, que en un accidente habían fallecido dos personas y tres marroquíes; fué un error dijeron... pero el subsconciente nos traiciona siempre. Saludos. nomecreona
26-09-2004 Ahhh, la territorialidad, no estoy tan segura que sea una cuestión con los extranjeros fíjese, igual trato reciben santiagueños, correntinos, formoseños, y respecto de los inmigrantes europeos, a "los tanos" y "los gallegos", no les fue mucho más fácil, distinto si el inmigrante era inglés o francés, claro que estos se mezclaban muy poquito. creo que tiene que ver con algo que dice juanrojo casi como al pasar, es económica la cosa, porque?...creo que eso es motivo de otra columna. un abrazo. Gracias por compartirlo hache
26-09-2004 Amigo, sabes bien que has tocado una temática complejísima, y según mi modeste entender, lo has hecho como siempre, o casi siempre, con maestría."Amigo", "enemigo"; "ciudadano", "extranjero; "Cultura", "barbarie"; "cives" (civilizados), "primitivos"; etc. etc. etc. Dentro de tanta complejidad, me quedo solo con una pregunta: ¿porqué, históricamente, se ha tenido y se tiene y se tendrá (me parece) temor al extraño? Muchas son las razones. Pero ninguna, salva la defensa del sí mismo frente al "otro exterminador" puede llevar al odio, de una manera razonable. Nosotros, argentinos, chilenos, uruguayos, bolivianos, paraguays, conn nuestras diferencias, no constutimos "naciones diferentes". Somos, en el fondo, hermanos, amigos, ciudadanos, etc. etc. Y cuando digo " NOSOTROS" quiero poner de relevancia un existencial necesario, imprescindible, saludable, por supuesto, "EL AMOR HACIA EL NOSOTROS MISMOS". Creo que el único caso en la historia universal que a quien sostuvo: "Odio al nosotros mismos" se lo ha inmortalizado como prócer. En cvualquier pueblo y cultura, con un vestigio de dignidad, a tal sujeto, lo hubieran execrado en la plaza pública. ¡Qué desgracia la nuestra! Entonces me parece lógico que el desprecio hacia el nosotros mismos, nos lleve a las manifestaciones que tan bien has descripto en tu texto....y todavía nos peleamos entre nosotros. >Mundo Lúdico. Me parece. Gracias por tu texto, Patricio; ya sé...me desbandé... Excusame, me salió del alma. Gracias por hacernos pensar, por lo menos a mí. Bien lo que dice Shou al referirse al canción de León Gieco, para pensarla una y mil veces. Un abrazo. Máximo islero
25-09-2004 En el Hospital he conocido a muchos compañeros de trabajo latinoamericanos, que han ayudado a formar Servicios y que han jerarquizado a veces más que los autóctonos, a la diaria tarea de la atención médica. La xenofobia es un sentimiento tan fácil de apelar para cubrir o disimular carencias propias... Un abrazo albertoccarles
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