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"Did she come here to try, try to take me"
Alice in Chains.


Nunca me gustó la palabra "adicto".
Tiene una horrible composición. No tiene música. Es técnica y fría como los pasillos de un sanatorio.

Demri solía decir que ella y yo éramos pompas de jabón flotando en el aire, flotando siempre, muy alto, muy arriba. Ojalá hubiese una palabra para definir "adicto" que se pareciera a eso que Demri solía decir sobre nosotros.

Los días parecen pequeños bultos de luz y sombra que se acumulan uno junto a otro. Se arrastran pesados por el suelo del departamento, esquivando ceniceros rebosantes, agujas y jeringuillas, se arrastran a veces tan lentamente que puedo verlos si entrecierro los ojos, con sus risas y sus tardes y sus crepúsculos dorados amenazantes de lluvia. No sé si quiera cuantos son.

La extensión azul del techo es todo lo que puedo ver, si trato de girar la cabeza, todo el peso del mundo me aplasta la frente. He preferido entonces esta quietud, esta extraña melancolía, bañada por la luz del televisor. Colores disparados a mi rostro sin orden ni concierto. Ojalá pudiese levantarme a apagar el televisor. Ojalá pudiese.

Nunca me gustó la palabra "adicto", se me antojaba algo sucio, vergonzoso. Algo que te ocurre, no algo que eliges. Algo que pondría una sombra de duda en la mirada de la gente, un atisbo de asco en unos, una profunda lástima en otros.

Cuando estaba en rehabilitación hubo gente que recogió mi vómito del suelo con una sonrisa. Enjugaron mi frente llena de sudor sin una palabra, sin un reproche. Pero si leías mi ficha, si te acercabas a mi puerta, si llamabas para decir mi nombre, te dirían que yo era un adicto. Y eso es verdad , pero solo a medias.

Siempre preferí que me llamasen Junkie. Un jodido junkie con pompas de jabón entre los dedos, brotándole de los ojos, de la boca, del hueco que se hace en el pecho donde supuestamente va tu corazón. Un junkie con la cara llena de sonrisa. Un chute y un buen viaje, un chute y Demri, su cabello oscuro desparramado en la alfombra y sus ojos pardos fijos en el techo, la boca roja, una media sonrisa rompiendo sus labios en pedazos.

Pude haberme ido. Empacar mi existencia en dos maletas. Pero ella estuvo aquí. Caminó descalza por este piso, se estiró perezosa en este sofá. Miró esta misma extensión de techo, azul y sin forma, azul y sin mancha. Sin detalles, sin pompas.


No sé cuanto llevo aquí. No sé desde cuando. La última vez que supe que día era, hacíamos una estúpida versión de la canción de cumpleaños para Mike. Él había traído comida china y yo, yo tenía ...ya sabes lo que tenía. Y dijo que yo debía salir "tienes que ver la luz del día" dijo y creo que tosí de risa. Oh Mike, Mickey. Salir ya no es una opción.

Dijo que temía por mi. Que llamaría al 911 y le dije que me rehabilitaría solo para poder romperle los dientes si lo hacía.

"No puedes avergonzarme así y si lo haces nunca más volveré a hablarte. Nunca más, nunca, nunca, nunca, nunca más. Lo entiendes? NUNCA"

Su rostro moreno contraído por la sorpresa. La manga blanca de su camisa con una sola gota de sangre, como un pequeño sol ardiente en una llanura de sal. La puerta cerrándose y el televisor lanzándome canciones, informeciales, sermones, noticias.


Nunca más volveré a hablarte de todas formas, Mike. "Nunca" es una palabra que es una canción en sí misma."Nunca" es la obertura de una ópera sin fin.

Alguien en su infinita piedad puso fin a la tortura del televisor, pero desde lejos, como pequeños maullidos de gato me llega el sonido de un grito familiar. Se acerca desdibujada, como si estuviese hecha de luces huidizas y colores delirantes, una aurora con forma de mujer. Y llora. Y su llanto parece nacer de mi pecho hacia su garganta, su grito enardece mi sangre. Es el grito de mi sangre.

Siento sus manos en mi rostro que ya no duele, un rostro que ya no siento. Su figura intermitente entre un bosque de piernas de uniformes azules a su alrededor. Alguien la retiene, alguien intenta detenerla. Oh madre, por que te han dejado ver esto?

La ruina innombrable en la que me he convertido. El mendigo de todas las épocas, el adicto, el junkie, las pompas de jabón explotando en el aire y dejando tras de sí la estela roja de la sangre putrefacta, del dolor más visceral.

No puedo irme si lloras, Madre. No puedo irme si no entiendo tus palabras, si lo único que baña mis oídos taponeados es el sonido de tu tristeza, y los flashes curiosos y el zumbar de los mosquitos.

Déjame decirte Madre, déjame hablar ...

Dile a Mike que "nunca" es una canción en sÍ misma, pero que yo no hubiese tenido fuerza para cantarla hasta el final.

Dile a Jerry que sé que lo va a lograr. Que nunca me necesitó de todas formas, que yo nunca quise llegar hasta ahí, que solo quería estar en un escenario hasta que algún día con suerte papá pudiese verme, ver en lo que yo me había convertido y que tal vez con eso el hubiese querido venir pero eso no pasó y las fuerzas se me acabaron. Dile que lo siento, que lo quiero, que es mi mejor amigo, que lo siento, lo siento.


Dile a Sean que es el hijo de puta más gracioso que he conocido jamás. Dile que tengo un buen chiste preparado para cuando le vuelva a ver.

Diles que lo entiendo, que permanecer en la puerta oscura del departamento de un asqueroso junkie no es lo que querían para sus vidas. Que comprendo.
Diles que miré mi reflejo y lloré, que descubrí que la soledad no es una fase, es una fosa. Y yo soy quien se arrastra en ella, yo soy quien se hace un ovillo en la tierra para dormir esta muerte. Oh madre, sí. Ya comprendo que me voy. No me pareció real al principio, la melodía de mi propio desvanecer. La voces de mi pasado me cantaron al oído una perfecta armonía funeral y he terminado por comprender. Este amasijo de carne e insectos, esta maqueta de mí mismo, esto soy. Estoy soy hoy.
Con esto me despido de ti Madre. Tu sangre desgarra mi cuerpo, tu sangre se muere con mi sangre.

No hay más. Tu y yo abrazados bajo la extensión de techo azul y una gota plomiza que aterriza sobre el cristal de la ventana.

Y hago el último esfuerzo Madre, antes de abandonar el deshecho de mi cuerpo, hago el último esfuerzo y giro mis ojos hacia ella. Y viene otra y luego otra, y otra más. Aterrizan sin ruido sobre la ventana, tras la cortina, tan cerca que casi puedo sentirlas en la cara, frescas y heladas como los besos de papá, como el cansancio tras un concierto, como la mirada fría de mis amigos, el asco en la gente, la desilusión en tus ojos cansados, la risa de plata en la boca de Demri. La vida, Madre, mi vida, escurriendo sobre el vidrio del mundo, pequeña y vana, superficial y sin sentido como esas gotas de agua. Y es que finalmente yo tenía razón...

Te dije que llovería cuando muriera.


https://youtu.be/qR0K0mmm6R4

Texto agregado el 26-07-2018, y leído por 79 visitantes. (8 votos)


Lectores Opinan
19-09-2019 En definitiva: ya escribes más rosita que antes y, eres la encargada de hacer los peeores homenajes a, series y grupos de rock. Noto ahora en tus textos toxicidad, ya más de edad y medicinas que de impetu juvenil, aquel que te caraaterizaba hace años aquí. Así es la vida, va cambiando y vas cambiando, a darle, rosita tóxica. eRRe
28-07-2018 de corrido me lo leí sin parar.. tus letras producen adicción. Un abrazo, sheisan
27-07-2018 LLoverá, no lo dudes. Lloverán gotas de ginebra y el hedor de tu cadáver creará adicción. Cinco estrellas muertas p'a esta cosa que escribiste.+++++ crazymouse
27-07-2018 Un relato digno de la generación beat. Brillante. Hectorfari
 
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