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Inicio / Cuenteros Locales / vejete_rockero-48 / Los novios siempre se enteran al último...

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_ ¡Hola Marco! Adelante. "Mi casa es tu casa"_ Bromea alegremente Anita dándome la bienvenida a su hogar.
_ ¡Hola!, ¿Cómo estás?_ La saludo con un beso en la mejilla, cruzando el umbral de la puerta_ ¿Alejandro aún no llega?_ Pregunto con una sonrisa.
_ No, aún no. Pero espéralo mientras termino de vestirme_ Mi amiga se retira, desapareciendo por una de las puertas interiores.
Parece que llegué demasiado temprano a nuestra acostumbrada cita de sábado por la noche. Generalmente nos juntamos los fines de semana para charlar, o beber algo.
Hace aproximadamente cinco años atrás conocí a Anita; fuimos presentados por Marcela quien es mi prometida. Y a Alejandro lo conocí en los tiempos de colegio; estudiamos juntos el bachillerato y terminamos siendo muy unidos.
Alejandro y Anita, están en el periodo que yo suelo llamar "Etapa de besuqueo", que es el ciclo en donde aún no son novios pero "hacen cosas de novios."
Mientras los esperaba, observaba las figuras de porcelana que adornaban la mesita de centro, cuando algo llamó poderosamente mi atención; es una carta apoyada a uno de los costados de un pequeño y encabrillado caballo blanco de loza.
_ ¿Te has comunicado con Marcela?_ La voz de Anita me llega desde un cuarto colindante.
_ La semana pasada conversamos por teléfono_ Respondo tomando con curiosidad entre mis manos aquella carta_ Después de esa llamada_ Continúo_ No hemos vuelto a comunicarnos.
Con suma precaución leo quién es el remitente. ¡Mierda! ¡Es de mi novia Marcela! y la fecha del sello postal indica que llegó la semana pasada. Es extraño que mi amiga no lo comentara conmigo.
_ ¿Y tu Anita?... ¿Has tenido noticias de Marcela?_ Pregunto fingiendo desconocimiento.
_ No, no he sabido de ella en mucho tiempo _ trastabilla antes de responder. Evidentemente
su respuesta es una mentira que me pone muy nervioso.
En tan solo unos segundos mis pensamientos se transforman en un ovillo de películas para adultos, en donde mi novia Marcela, la protagonista principal, se revuelca desnuda y sudorosa junto a un musculoso adonis. La ansiedad y la furia me provocan un temblor convulsivo en las piernas, mientras imagino a las personas que conozco, riéndose de mi por no tener la menor idea de lo que pasa a mis espaldas.
Como dice el viejo y conocido adagio: "Siempre el último en enterarse de una infidelidad es el marido"
Creo que es adecuado en este punto, detenerme, y relatar un poco de mi vida sentimental junto a mi actual novia, Marcela.
Seis meses atrás, mi futura esposa viajó a la capital; marchó en busca de la anhelada educación superior, aquellos estudios universitarios que entregasen las herramientas adecuadas para desempeñarse profesionalmente en aquel incierto futuro que no demoraba en llegar.
Recuerdo muy bien la triste despedida en el aeropuerto; fue como todas las separaciones de enamorados, abundaron los dolores y pesadumbres, se derramaron demasiadas lágrimas acompañadas de eternas promesas de un pronto retorno para dar pie inicial a los trámites de nuestro casamiento.


"Querida Anita"_ Secretamente comencé a leer la carta_ "¿Cómo estás? Yo muy bien, algo saturada porque los estudios y las tareas de la universidad adsorben casi todo mi tiempo, aún así siempre tendré un espacio para contarte de mis vivencias en la gran capital. Contrario a lo que dicen de esta ciudad, todo aquí es demasiado impersonal; la gente es egoísta y casi nadie piensa en sus semejantes, pero poco a poco me he ido acostumbrando al acelerado ritmo de la agitada vida en Santiago.
Resido en casa de mi tío José, que es el hermano de mi padre; su familia ha sido muy amorosa y amable conmigo, "especialmente" mi primo Mauricio. ¡Y es por él que te escribo, Anita! ¡Si superas amiga! Tengo mucho, mucho que contarte.
Si lo conocieras... ¡TE MUERES, Anita! Alto, delgado, de cabello castaño; una piel morena exquisita, con músculos muy marcados y una linda y fácil sonrisa. Es presidente del movimiento estudiantil y te contaré aquí entre nos, ¡que es uno de los estudiantes más deseados! Las minas le llueve, pero...
Hace una semana atrás ¡me invitó a salir! ¡Fui la envidia de todas las mujeres en la universidad! Me llevó al cine y luego a un café cerca del campus. Allí de improviso me abrazó y nos besamos por primera vez. ¡Me encanta, Anita! Además es
todo un caballero y siempre se las arregla para regalarme rosas o tulipanes. Creo que voy a terminar perdidamente enamorada de él si sigue así..."


_ Ayúdame a escoger Marco_ Dice Anita saliendo súbitamente desde uno de los cuartos_ Yo escondo la misiva entre mis dedos_ ¿Crees que este baby doll será del gusto de Alejandro?_ Mi amiga luce un diminuto conjunto de ropa interior que realza un cuerpo casi desnudo, firme y tonificado.
_ ¿Yo...? eh... no... quizás...no... yo... he..._ No logro articular palabras frente al inesperado y sensual espectáculo. Mientras Anita suelta una frívola carcajada y sin dejar de sonreír se pierde nuevamente en su cuarto.
Aún nervioso, miré hacia la puerta donde había desaparecido, no deseaba que ella viera mis manos temblar. Ahora, pensándolo fríamente no sé si el nerviosismos fue por el exquisita exhibición o por la noticia de la infidelidad de mi novia. ¡Ay, Marcela! _la había olvidado _ ¡Hija de puta!_ Aquel exabrupto salió expulsado desde mi garganta en forma natural.
_ ¿Marco, dijiste algo?_ Preguntó Anita desde donde estaba.
_ No, nada, solo pensaba en voz alta_ Respondí con toda la tranquilidad que logré reunir.
_ Me acaba de llamar Alejandro_ Dijo Anita reapareciendo en la sala_ Dice que nos juntemos en su casa, compró un vino y quiere que veamos alguna película allá_ Mi amiga es precedida por dulces fragancias francesas; luce una cuidada cabellera azabache que plácida cae ligera en su espalda; destaca un ajustado vestido de color negro con un pronunciado escote que deja a la vista unos desnudos y firmes hombros; complementa su vestimenta con zapatos de plataforma color negro.
_ ¡Te ves muy hermosa!_ Comento mirando descaradamente sus pronunciadas curvas y ella sonríe coqueta.
Salimos a la calle en busca de un taxi para ir a casa de Alejandro; dejé la carta en donde la encontré, así que trataré de no hablar de Marcela por el resto de la noche_ ¡Conchasumadre, como carajos fue capaz de hacerme esto!_ Pienso, mirando con descaro la tela del vestido negro deslizarse sobre las firmes caderas de Anita, que caminaba delante de mí.


Ahora, pasados varios años y sentado en este escritorio, al escribir estas memorias, pienso que todos los involucrados aquella noche; jamás llegamos a imaginar como terminaría toda esta tragedia que comenzaba aquel sábado, camino a casa de mi amigo Alejandro.


Continuará...

Texto agregado el 31-08-2018, y leído por 16 visitantes. (13 votos)


Lectores Opinan
01-09-2018 Estupenda "introducción", muy amena y fluida. Tengo buena imaginación, pero mejor espero la continuación. Cinco aullidos secuenciales yar-
01-09-2018 Excelente relato, amigo; espero con ansia la continuación. Sólo me preocupa algo, que al final del texto hablas de tragedia...¿griega?...Saludos desde la Ciudad de México. maparo55
01-09-2018 Suele a menudo suceder, quedo a la espera, va muy bien tu historia, saludos desde Cali, Colombia nelsonmore
01-09-2018 Tu prosa es muy buena, quien desea a quien orejudo
31-08-2018 Si uno se queda con el deseo de continuar la lectura, habla de que la narrativa se desplaza con sencillez y claridad y los personajes tienen su perfil. Abrazo mi buen Rokero. sendero
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