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Luisito era medio sonso. Así lo creíamos nosotros sus compañeros de juego. Todos niños de la cuadra que nos encontrábamos después de la escuela.

Ahora que lo recuerdo desde mi posición de adulto, creo que solo tenía algunas particularidades. Una inocencia extrema. Y nada de esas picardías que solíamos ostentar para mostrarnos muy pillos.

Si alguno proponía un juego, por ejemplo “la escondida”, él sonreía muy feliz y sin quererlo comenzaba a vibrar de entusiasmo.
Y cuando su cuerpo se había sacudido por unos segundos, desaparecía. Sí, así como les cuento.

Las primeras veces que esto sucedió nos asustamos mucho. Hasta que luego descubrimos que Luisito volvía a aparecer en otro juego distinto mientras éste se desarrollaba.
Por ejemplo una tarde desapareció por el entusiasmo de saber que jugaríamos a “la bolita”. Reapareció una hora más tarde, cuando corríamos jugando a la mancha.

A su mamá, que tenía otros cinco chicos, le parecía una travesura de niño, y no le daba mayor importancia.
Si por ejemplo ella lo buscaba porque debía llevarlo al doctor, y estaba desaparecido, nos pedía que jugáramos a otra cosa y así en unos instantes volvía a aparecer con su hermosa cara de felicidad.

-¿Por qué te demoras tanto cuando te llama tu madre? – le regañaba ella, y le despeinaba el jopo con sus dedos en señal de reprobación.

Él siempre contestaba lo mismo:

-Es que estaba jugando mami.

Sucedió una vez que volviendo de la escuela, Luisito volcó sin querer la tinta de su tintero sobre el delantal de un chico mayor, de séptimo grado, hizo que éste se enojara mucho y corriera detrás de Luis para pegarle.

Su mamá, que lo había visto todo desde la puerta de su casa, le dijo a su hijo:

-Juega rápido a algo con ellos y desaparece, que yo te avisaré cuando volver. Al grandulón este yo lo calmo. Ve, apúrate.

Vino con nosotros sus amigos y dijo:

-Un juego quiero, ráaaapidoo!

Yo propuse:

-¡Juguemos a las figuritas!

Luis sonrió y comenzó a vibrar de emoción hasta que desapareció delante de nosotros.
Listo, le dijimos a su mamá guiñándole un ojo.

Ella ya hablaba con el niño mayor que estaba enfurecido:

-¡¿Ay, mi Dios, que te han hecho?!

-Fue su hijo, que me ensució todo con tinta.

-¡Aaaa, pero era a ti…!

-Ya me contó lo que hizo, y lo he mandado adentro castigado para que aprenda. No saldrá a jugar por varios días. Así le he dicho. Y tú, déjame tu delantal, que yo me encargaré de que quede otra vez blanco reluciente. Te lo prometo.

El muchacho se marchó sin su delantal, pero con ganas de agarrarlo a Luigi.

Todas las tardes, al salir de la escuela el grandulón se aparecía por la cuadra. Buscaba y buscaba en la calle donde jugábamos, pero Luis no estaba.

Su mamá, me decía cuando llegaba la hora de comer:

-Toma, llévale el chocolate caliente y estas galletas a mi niño.

Mis amigos proponían entusiasmados un juego. Yo vibraba mientras sonreía, y pasaba a la otra dimensión.
Allí, muchos, pero muchos niños muy entusiastas jugaban y jugaban todo el día.

No sé bien cómo lo hacía, pero siempre lo encontraba muy rápido.

Él preguntaba:

-¿Ya puedo volver?

-Tal vez mañana. Ya casi ni se acuerda de ti el grandulón.

Y fue así que la tarde del sábado, la mamá de Luis me dijo:

-Ya puedes ir a buscarlo. Todo arreglado con el otro niño.

Uno de nuestros amigos propuso:

-¿Y si hacemos una casita arriba del Ombú de la casa de Luisito?

-¡Síiii! Gritamos todos.

Cuando llegamos a su casa, entramos al patio, y sobre el ombú inmenso Luis ya preparaba unas tablas con unos clavos y un martillo.

Yo sé que todo esto puede parecerles muy extraño, pero así pasaban las cosas en mi barrio.

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Marcelo Arrizabalaga.
Buenos Aires, 23 de Marzo del 2018.

Texto agregado el 04-09-2018, y leído por 41 visitantes. (7 votos)


Lectores Opinan
05-09-2018 Ese niño diferente que fue acogido de igual manera sin problemas... 6236013
05-09-2018 Que hermoso lo que cuentas. Me encanta como lo haces y pienso en esa sencillez que existía y que se ha perdido. Porque es cierto que los tiempos han cambiado en cuanto a tecnología;pero eso ha hecho cambiar también esa forma de vida exquisita. ¡Esos juegos! ****** Un abrazo Victoria 6236013
05-09-2018 Magistralmente vernáculo y real. Felicitaciones. -ZEPOL
04-09-2018 Encantadora la historia de este niño viajero a otra dimensión. Me gustó. Magda gmmagdalena
 
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