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Lluvia- calor- paraguas
2015- medico
Drama- narrativa

Sala de espera

Un día como hoy, hace tiempo atrás, en una sala de espera del hospital yo esperaba al medico de guardia. La sala estaba colmada y yo tenia el numero 50 aunque mucho no significaba ya que salteaban números de acuerdo a la urgencia y sobre todo a su conocimiento de los pacientes con los administrativos del lugar. Recuerdo que había ido porque al caminar por la vereda en un día de LLUVIA con el PARAGUA a cuestas me resbale y termine cayendo a la calle tras trastabillar con el cordón de la vereda. Seguí caminando hacia mi casa ya que volvía cargado del mercado y me recosté un rato. La lluvia había pasado y como toda época de verano, después de una tormenta viene nuevamente el CALOR. Al día siguiente, con una térmica que marcaba los 36 grados desperté y ví el pie totalmente inflamado y al apoyarlo pegue un grito de dolor, por tal motivo estaba en la sala del hospital.
Mientras esperaba que me atendieran, observaba la gente que llegaba y sobre todo el accionar o mas bien la postura de los pacientes mientras esperaban su turno. Algunos muy ansiosos se paraban a cada rato exigiendo que los atendieran incluso cuando solamente tenían un leve raspón en su rodilla. Los ancianos, con mas paciencia, pero habitúes al lugar ya conocían cada recoveco de la sala y se ponían a charlar con cualquier persona con tal de aliviar la sensación de soledad. Pero de todos ellos preste especial atención en una nena de aproximadamente 8 años, que vestía un vestidito blanco con flores rosas y una musculosa blanca pero desteñida con un poco de sangre. La acompañaba el padre que tenia un bastón de color verde, o sea, con disminución notoria de su vista, casi ciego podríamos decir. Las enfermeras que pasaron por ahí, vieron en la cabeza de la nena un corte profundo y la hicieron pasar rápidamente, ella era la que hablaba con las enfermeras explicándoles lo sucedido y su papa la acompañaba y la apoyaba. Maria, tal cual era su nombre, tenía una tranquilidad y una paciencia envidiable por muchos y a pesar de su corta edad se desempeñaba como casi un adulto. Luego de unos minutos, salen de un box con una especie de venda que cubría toda su cabeza tomada de la mano del padre pero con una sonrisa que contagiaba. Era como si le gustara llevar esa especie de vincha. Al salir gira la cabeza hacia mi y me sonríe diciéndome quedate tranquilo, son buenos los médicos.

Texto agregado el 06-09-2018, y leído por 24 visitantes. (1 voto)


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