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Compré el antiguo reloj de pared Vienés, en una casa de antigüedades. Por un lado me sedujo la cuidada ornamentación y belleza en su factura, por otro, me intrigó el hecho de que pese a su evidente valor y estado de conservación, permaneciera arrumbado, casi escondido en un rincón de la tienda. Era como si el dueño no quisiera desprenderse de él, o simplemente, lo hubiera olvidado.


Pedí al dependiente me lo acercase, para verlo en detalle. El serio hombrecillo me miró fijamente y para mi sorpresa me dijo casi en susurro: Este reloj está destinado a ser suyo, se lo daré por un muy buen precio ¡Imposible negarme! Salí de la tienda feliz, con mi nueva adquisición, en los brazos.


En cuanto llegue a casa, busqué el mejor lugar de la sala para instalarlo. Deseaba que tuviera todo el lucimiento que por largo tiempo le había sido negado. Era medianoche cuando terminé de acomodar todo. Me senté frente a él, en mi sofá predilecto, con una copa de vino y mi pipa, dispuesto a disfrutar mi nuevo gran tesoro. Me sentía pleno de satisfacción, pero un extraño acontecimiento me hizo palidecer; la manecilla de la hora se encontraba detenida en las 12, mientras, el minutero, en vez de avanzar, retrocedía, luego avanzaba, y volvía a retroceder, como si una fuerza invisible le pusiera un tope. Revisé que estuviera equilibrado, que no le hubiera entrado alguna mota o pelusa al mecanismo cuando lo limpié. Estaba consciente de que había sido en extremo cuidadoso en la tarea, aun así lo miré por todos lados, pero no había nada fuera de lo usual. Volví a instalarlo en su lugar, a la espera de llevarlo a una mantención.


Al día siguiente me levanté muy temprano, renovado de optimismo. Mis ágiles piernas volaron por la escala en dirección a la planta baja. Desde el umbral escuché: tac- tac. Observé el reloj, ¡El minutero ya no choca contra una fuerza invisible, ahora sólo retrocede!. Corrí a ducharme y vestirme con rapidez y me encaminé con el reloj al otro extremo de la ciudad, rumbo a una tienda especializada en reparaciones. Para mi infortunio la habían cerrado, pero no fue un día perdido; de regreso me distrajo un hermoso par de piernas que me hizo tambalear y sacar el donjuán que hacía años dormitaba en mí. Abordé a la damisela con galantería. Terminamos charlando de lo más animados en un café. Ya casi anochecía cuando nos despedimos, no sin antes coordinar un reencuentro.


En mi regreso a casa me sonreí agradecido de mi suerte. ¿Sobre mi reloj? Ya tendré tiempo de conseguir la recomendación de otro taller, en tanto, volví a acomodarlo en su sitio, pero… algo me resultó extraño; el sujetador me pareció estar más alto de lo que recordaba...


Han pasado dos semanas, mi relación con Susana (la dueña de las hermosas piernas) resultó entretenida, pero breve. Ella finalizó nuestra incipiente relación con la excusa de que yo era un inmaduro...


Para olvidar las penas de amor me pase días completos en un local de videojuegos cercano.

.......


Disfruto una linda mañana, el eco del trinar de los pájaros — que hace mucho no escuchaba — rebota alegre en las paredes de la casa. Me miro al espejo y me sorprendo. Tantas idas y vueltas a la planta baja a observar el comportamiento de mi reloj me están haciendo mucho bien, estoy más atlético, definitivamente se me ve mejor. Mi rostro y mi cabello se ven saludables y pienso; ¡Qué estupidez pasar tanto tiempo encerrado, saldré a buscarme otra chica!.


La vida me resulta un goce; lleno el tiempo con fútbol, cerveza y amigos.

.......


No sé qué me pasa, me siento distinto, mis intereses cambian de forma constante, no así mi afecto por el reloj, ¡Es tan lindo!. Me paso horas frente a él mientras juego con mis otros juguetes.


Ya no salgo de casa, las paredes se han hecho tan altas, ni siquiera alcanzo las manillas de las puertas.


…ustedes perdonen que no continúe el relato. En mi cabeza se mezclan las palabras, creo he olvidado escribir, pero estoy practicando; mi mamá me ama, mi... mamá… me… a…agú… agú…aguuu



M.D


(El Curioso caso de Benjamin Button versión Sheisan)

Texto agregado el 11-10-2018, y leído por 12 visitantes. (23 votos)


Lectores Opinan
13-12-2018 ¡Excelente, Sheisan! Es un cuento divertido con una prosa cautivante. Y tienes razón, en el tuyo y en el mío con viejo protagonista va rejuveneciendo hasta regresar a la infancia. Un abrazo! rubalva
28-10-2018 Me gusta muchísimo cuando una mujer se arriesga a narrar como personaje masculino y viceversa. Eso de entrada ya me atrapó y respecto al relato, hay un guiño a los misterios clásicos. No conozco la versión de la historia que citas, pero la tuya me gustó. Un abrazo Carlos_Lebon
26-10-2018 Empecé a leerte deslumbrada por un reloj que me retrotrajo.Ellos siempre han sido mi debilidad. Lo imaginé;pero no pensé en su magia de volver atrás el tiempo. Me atrapó y me deslumbró imaginar las consecuencias de volver el tiempo atrás hasta llegar a escribir:Mi mamá me mima y luego ser un dichoso bebé. Te felicito,está magnifico***** Textos como el tuyo,me encantan. Un beso Victoria 6236013
25-10-2018 Van mis ***** voladoras grilo
16-10-2018 Un cuento muy entretenido, que rompe las leyes de la física, je! henrym
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