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Tengo una anécdota que contar, me pasó el otro día cuando fui de visita hacia la mansión del Conde de Soulgosh. Me bajé de la diligencia de forma mecánica, después de todo era un procedimiento de rutina. Resulta y acontece que el conde dictaba una gala aquel de veintiuno de marzo, cosa que no sorprendería a nadie puesto que era costumbre suya dictar fiestas memorables que resultaban ser la comidilla de los nobles en la capital.

Siendo las ocho y media de la noche, el cielo oscuro bañado por los platinados rayos de la luna y un silencio sepulcral; esto último era lo más extraño pues en una fiesta debe haber música, alboroto, nobles ebrios y pare de contar. Pero aun lo más inquietante fue las luces, pocas velas encendidas en el palacio. Me apresuré hacia el umbral de la mansión y usé el llamador. En vista de que no me recibían, volví a llamar con más insistencia.

Ya había intercambiado antes palabras con el conde de Soulgosh, una personalidad algo tétrica para mi gusto, pero la corte de Allen era así; mientras más insólito, raro e inquietante fuese; mejor. Las facciones del Conde las resumo en que eran muy blancas, sus orbes grises y en ocasiones rojos. Su expresión era severa, el ceño fruncido y una mueca de desprecio. No se asemejaba al tipo que quisiera atención y sin embargo la tenía.

Cuando alguien se dignó a abrirme la puesta, resultó ser un sirviente con el rostro cubierto por una máscara negra. Quería alzar una ceja, pero era mejor no burlarme de la excentricidad de los nobles, eso me podía costar el cargo. Por lo que preferí anunciarme –Vengo en nombre de Ellewood –le mostré el sobre lacrado y el sirviente sin mediar palabras me llevó por el pasillo principal hasta el primer piso.

Si en el exterior la mansión era misteriosa, en el interior rozaba lo perturbador. Silencio –como dije no parecía una celebración–; los invitados, todos sin excepción tenían máscaras. Lo único que los delataba como nobles eran sus vestimentas y joyas. Jóvenes se paseaban desnudos luciendo nada más que joyas (uso este apelativo porque eran ambos sexos), entre el público destacaban más varones que damas, aunque supongo que había varios travestidos. Ese era el plato principal, aún faltaba el plato fuerte que supongo eran los que iban en contra de su voluntad.

Ya imaginaba de lo que iba la supuesta fiesta. El comercio ilegal de jóvenes, esto tenía que ir en mi próximo reporte a la corte. A regañadientes tuve que seguir al sirviente quien no me daba otra alternativa. Se detuvo ante una puerta del cual escapaba todo tipo de sonidos obscenos que te puedas imaginar. Antes de dejarme me dio instrucciones –Cuando el conde salga, te atenderá. Mientras, no interrumpas –Y, se fue.

Pasaron unos minutos, se escuchó un quejido, casi como un suplicio. Desgarrador, se sentía la vida esfumándose en el aire. Claro, un noble de casa menor como yo; podía sentirlo.

Y me di cuenta, de la profunda crueldad del significado de estas “Fiestas”, la forma más fácil no solo de traficar sino de profanar y alimentarse. Un culto a la muerte, esto significa que estaban fracturando las reglas de su soberano quien no iba a estar muy contento cuando presentara mi informe.

Diez minutos después las puertas se abrieron y me enfrenté con la mirada del Conde, seguía siendo severa como le describí anteriormente, pero en sus ojos había un brillo de satisfacción. Me percaté de lo esencial, como por ejemplo que su camisón blanco estaba bañado en sangre, en sus labios había restos de aquella sustancia pardo-rojiza, su cabello largo caía en cascada hasta la mitad de su espalda y allá en el fondo de su habitáculo se vislumbraba un joven de pie con los ojos fijos, brillosos, que si no fuese por mi intuición podía jurar que estaba vivo. Desnudo y con una expresión indecente en el rostro, mi mirada bajó a sus pies y me topé con un charco de sangre. Aunque mis fosas nasales ya percibían el aroma típico y metálico del hierro contenido.

–¿Sin palabras? –preguntó mi interlocutor.

–Es posible –respondí sacando de mi gabardina la misiva y entregándosela–. Procedimientos de rutina –añadí.

–Me parece prudente –me comentó, retiró el sello le echó una mirada y añadió–. Sean cuales sean tus intenciones, no olvides que propagar rumores es poco ético en un trabajo como el tuyo.

–No sé lo que intenta decir –me hice el desatendido, solo quería irme. El ambiente empezaba a inquietarme.

Señaló hacia la habitación, precisamente al cadáver del joven –Los nobles necesitamos alimentarnos. Son hábitos, no te sorprendas. Tu padre, tu abuelo, tu bisabuelo y todos tus demás ancestros también lo hacen.

–No busco ofender vuestros hábitos –dije conciliador–, pero, considero que deberían ser menos grotescos.

–Y, créeme que los son. Les reduzco el sufrimiento por medio del placer. Él, por ejemplo, murió de una sobredosis de éxtasis –se excusó.

–La sugerencia que le hago es la siguiente, tome una pareja fija y ya. Alguien de su propia especie –repetí las palabras que escuché en el Consejo, horas atrás.

Muchas historias rodeaban a Seth de Soulgosh, unas más traumáticas que otras. Pero oírlo era una cosa y verlo era otra.

–Le sugiero se retire –el Conde en ningún momento dejó de ser irónico, era detestable–, y cualquier palabra suya puede ser contraproducente para su carrera. No lo olvide.

Días más tardes envié mi informe sobre el Conde de Soulgosh al consejo, bastante objetivo y fundamentado en pruebas que mandé a colectar con mi guardia personal. Es una cuestión de sangre y de ética que nos obliga a actuar en contra de las aberraciones que son capaces de cometer ciertos individuos solo por el hecho de tener poder político y económico. Actualmente sigue siendo el Conde de Soulgosh, por ser un cargo vitalicio, pero tiene prohibido organizar actividades sin el consentimiento y la vigilancia previa del consejo permanente que presido en la ciudad. Incluso ahora permanezco tras su sombra.

–Llegaste lejos –pronunció. Me seguía pareciendo un ser de lo más tétrico.

–La justicia se basa en buscar la verdad sin discriminación de condiciones –le respondí.

Texto agregado el 04-11-2018, y leído por 21 visitantes. (8 votos)


Lectores Opinan
02-12-2018 Me gusto mucho, muy buena prosa 5* juancarlosII
05-11-2018 Como la vida misma. Fighter
 
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