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Inicio / Cuenteros Locales / daiana / El personaje que se rebeló

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Dicen que las mujeres somos muy intuitivas. Bien, a raiz de esta tesis, aparece un personaje que, por insistencia de su esposa, tan intuitiva ella, se endeuda hasta la médula en la compra de una colección de libros antiquísimos. La mujer intuye que entre ellos hay algún tomo de incalculable valor. Así pues, nuestro querido escritor y amigo Sendero, crea al hombre que se encierra, días y noches, durante meses, entre esos libros atacados de polvo y de tiempo.

Por fin el hombre encuentra "¡oh, fortuna!" un libro de hechizos en latín. Decide, siguiendo al pie de la letra uno de dichos hechizos, entrar en un estado catatónico por un mes, advirtiéndole a su señora que al mes exactamente, en secreto absoluto, tiene que ir a rescatarlo de la tumba. Los beneficios van a ser inauditos.
La señora, atareada con los pésames de familiares y amigos, se distrae y se le pasa el plazo acordado. El hechizo, pierde su efecto y el hombre no despierta como tal sino como mariposa negra.


Al cabo de una semana, el personaje, aturdido, acudió a mí y me dijo que si yo conocía al tal Sendero, que por favor fuese con ella (mariposa negra) a la casa del escritor, de él era la trama y por tanto la culpa de su malogrado destino. Tomé un vuelo, con el hombre en una cajita muy mona, de latón, que había perforado con unos agujeritos para evitarle la muerte por falta de aire y nos presentamos en casa de Sendero.

Con su habitual bonhomía, el escritor reconoció su error y unas lágrimas brotaron de sus ojos imaginándose a sí mismo de tal guisa.
Me dijo que volviese al cabo de dos horas, debía consultar su vademécum y fabricar un compuesto, pues había ejercido como doctor hasta hacía poco. Me pidió que le dejase en el laboratorio el lepidóptero.

A las dos horas en punto yo estaba de regreso, expectante, y Sendero me invitó a presenciar la cura, como él mismo dijo.
Pasamos a su laboratorio y con una pinzas tomó a la gran mariposa negra, la cubrió con un paño de color rojo y pronunció las siguientes palabras:

- Non papilionem. Tu es homo.
Insistió:
- Papilio non vir tu es et in hominibus, et fiet.

Acto seguido, me pidió le sujetara al insecto sobre un tablero y le inyectó un líquido rojo en sus dos alitas negras. Más tarde me dijo que era su propia sangre con otras sustancias químicas que yo desconocía.

Al cabo de unos minutos, apareció un hombre de unos cincuenta años, algo confundido y mareado, mientras el lepidóptero se reducía hasta desaparecer.




Texto agregado el 09-11-2018, y leído por 53 visitantes. (14 votos)


Lectores Opinan
10-11-2018 ¡Excelente y fértil imaginación! Martilu
10-11-2018 Muy original lo de seguir la historia. Y muy bien escrita. ***** grilo
10-11-2018 Parece que el uneador anda de vacaciones.. será? sendero
10-11-2018 Mi querida amiga Daiana no me imaginé una secuencia del cuento. Una fémina que planeo quedarse con la fortuna dejando al conyuge dentro de la tumba, eso sí con sus flores olorosas y amarillas y el pañuelo para secar sus lágrimas. Esta segunda parte donde participo como personaje, me dejó sin palabras. Me alegra tu empatía con el varón y el medio literario que nos das y aplaudo para salvarlo. Gracias y felicidades por tu Ingenio y narrativa. sendero
10-11-2018 Mulier mirabile, fabula tua gaudia est anima mea. Gaudete omnis, quia Daiana scriptrix máxima est. -ZEPOL
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