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Con suavidad saqué el brazo de Iván que pesaba sobre mi estómago, mientras su dueño roncaba plácido después de su jornada maratónica sobre mi cuerpo.

Tratando de no despertarlo me deslicé de la cama, no quería ver su mirada cómplice ni su sonrisita de niño satisfecho, algo que siempre aparecía después que teníamos sexo,

Busqué los cigarrillos en la mesa de luz y salí de la habitación dirigiéndome a la cocina, miré el reloj y vi que eran las tres de la mañana. Debería estar durmiendo, pero no podía.

- Me voy a tomar unos mates – pensé.

Puse la pava a calentar y preparé el mate, después me senté tranquila a tomar unos amargos, ya iba por el segundo cigarrillo y mi mente continuaba en blanco, no tenía ganas de pensar en lo que seguiría a esto que había ocurrido.

- La culpa es mía, soy una calentona.

Si se lo comentara a mi amigo Esteban, el psicólogo, seguramente se sonreiría y diría “cortala con esa manía de echarte la culpa de todo, pasó lo que tenía que pasar y listo”.

- Pasó lo que tenía que pasar, muy bien – sería mi respuesta - ¿Pero porqué tenía que pasar? ¿Por qué tuve que aceptarlo?

- Porque sos mujer y demasiado sensible, al margen de que te crees todos los versos que te dicen, aunque sepas que son eso, versos.

- ¡Claro! Siempre las mujeres tenemos la culpa.

Y así habría empezado una de esas tantas discusiones que teníamos, luego de las cuales nos separábamos molestos. Él porque yo era una cabeza dura, yo, porque él era un machista disfrazado de psicólogo con la mente alterada por pensamientos freudianos.

En realidad yo estoy caliente con Esteban y él conmigo, eso hace que siempre estemos discutiendo, es la forma de descargar nuestra libido, aunque yo quisiera que la descargáramos de otra manera y quizás él también, pero somos dos cobardes o simplemente porque somos inteligentes y sabemos que es solo calentura.

Una vez tuvimos sexo, después como dos farsantes tratamos de ignorar esa situación que vivimos una tarde que llegué desesperada a su consultorio y me abalancé sobre él.

Primero intentó alejarme, debo reconocerlo, pero después de besarlo y meterle mi lengua en la boca mientras acariciaba su cuello y me refregaba contra su cuerpo, no aguantó más y casi me arrancó la ropa; como locos nos lamimos, besamos y revolcamos sobre el sofá, el piso y hasta contra el escritorio.

Ahí segundas y terceras partes fueron buenas, estaba descontrolada y cometí todos los excesos sexuales que conocía y los que no conocía también. Esteban me penetró, por delante, por atrás, eyaculó en mi boca que lo chupaba enloquecida y me hizo acabar con su lengua en mi clítoris cuantas veces se le ocurrió.

Después...., como dos adolescentes nos vestimos apresurados y casi sin mirarnos prometimos que nunca más volvería a ocurrir, que éramos amigos, que él era un profesional, que yo era la mujer de su mejor amigo, etc., etc. Salí de su consultorio casi corriendo y jurando que nunca más volvería, que me moriría de vergüenza.

Pero lo seguí viendo, eso sí, nunca más tocamos el tema. Los primeros encuentros fueron un poco tensos pero después todo volvió a la normalidad. Él con su familia y yo con Iván.

Iván, que ahora roncaba más fuerte que antes y que seguramente se había despatarrado ocupando toda la cama. Cómodo, sin siquiera percatarse de que yo estoy acá en la cocina, fumando cigarrillo tras cigarrillo, tomando unos miserables mates amargos y acordándome del polvo que me eché con nuestro amigo en común.

Iván, con quien me casé convencida que era el mejor hombre que encontraría en mi vida y por el cual había terminado psicoanalizándome. Era un egoísta absorbente que manejaba mi vida a su antojo. Me anulaba en todo y comencé a estar deprimida y desganada. Apenas hablaba y todo el día estaba con los ojos enrojecidos, dando lástima.

- Vos estás loca nena, me tenés harto con tus depresiones y lloriqueos, ya no sé qué hacer para tenerte contenta ¿porqué no vas a un psicólogo?

Y allí fui, pero al psicólogo que él quiso, que él eligió, como elegía mi ropa, mis amigas y hasta mis ocupaciones.

- Hacé esto, ponete aquello, con fulanita no me gusta que hables; che, cortala con ese libro que estás escribiendo, si total nadie te lo va a comprar ¿porqué no escribís novelitas rosas que se venden más rápido? Si vos quisieras podrías llegar a ser como Corín Tellado, famosa y sin romperte el seso.

Y así todo, todo lo manejaba. Pero el tiro le salió por la culata, Esteban me hizo recapacitar, me hizo pensar, crecer como persona, quererme a mi misma y aprender a decir no. Hasta pensar en separarme.

Comencé a decirle no y su cara se transformaba por la sorpresa y después por la rabia, pero no me decía nada, pegaba un portazo y se iba. Comencé a vestirme como me gustaba, a frecuentar mis antiguas amigas, continué con el libro que me había hecho abandonar y aprendí a decirle que no tenía ganas de coger cada vez que a él se le ocurría. También lo engañé, pero eso él no lo sabe.

Se que él también pone su parte para no interferir ahora en mi tratamiento, está más callado y no me impone condiciones. Comprendí que sospecha que puedo dejarlo.

En realidad hace un tiempo que está distinto, pero yo me resistía a notarlo. Hoy, durante la cena, me miraba con los mismos ojos que cuando éramos novios, de pronto, mientras le servía ensalada, me tomó la mano y sonriendo me dijo lo linda que estaba. Ahí empecé a perder y cuando me di cuenta estábamos revolcándonos en la cama, como antes, como cuando la pasión nos hacía gritar como dos locos. Y lo hicimos una y otra vez, hasta que perdí la cuenta y hasta que él se durmió.

Soy una debilucha y cuando le cuente a Esteban se reirá de mí, pero cuando sentí el brazo de Iván sobre mi vientre, aunque pesado y molesto, me sentí bien y lo peor, sentí que aún lo amo.

Aunque segundas partes nunca fueron buenas, éste podría ser un buen comienzo para los dos, creo que hemos madurado en este tiempo; quizás esta vez lo logremos.

¿ y Esteban? ... bueno, creo que suspenderé la sesión de mañana, en algún momento le diré que ya no necesito más sus servicios como terapeuta, eso no tiene porqué afectar nuestra amistad.

Ahora mejor que vuelva a acostarme, tengo frío y sueño.

María Magdalena Gabetta

Texto agregado el 16-11-2018, y leído por 1 visitantes. (10 votos)


Lectores Opinan
18-11-2018 Me gustó. Marcelo_Arrizabalaga
18-11-2018 Esos diálogos con el yo son terribles, no sabes que sucederá, por el bien del ambiente de ambos sería bueno recapacitar, pero tampoco es para cerrar todas las puertas. No se sabe si solo es una estrategia de Iván. Es una prosa intima, bien lograda amada amiga. Abrazos y rosas. sendero
17-11-2018 Qué maravilla de cuento! Honesto y frontal, me encantó!!! ***** MujerDiosa
17-11-2018 ¿Estás segura es un cuento? Necesito una psicóloga apañada. Jah!! ***** grilo
17-11-2018 Uhmmm... No, no suspendas nada. Es divino tener refuerzos, jaja. Excelente narrativa; y el cuento muy bien contado. Besitos. SOFIAMA
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