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ADÁN Y EVA


Me acerqué con delicadeza- escribió el hombre- como a ella le gusta y no pude contener un frenesí que ella deseaba que aumentara, aunque la llevara a la misma muerte.
Luego, dando vueltas a su imaginación, impregnó el papel de nuevos olores, visiones y colores nacidos al amparo de encuentros furtivos que se sucedían en un tiempo inconexo.
Luego se levantó y la miró, desnuda, hermosa.
Sin duda, pensó el hombre, es mi personaje favorito, con ella puedo experimentar, yo le doy la forma, soy su creador, ella no existe sin mí, yo soy absolutamente necesario para ella.
Pero en algún momento, su pluma se detuvo y ya no pudo registrar nada más, como si algo se interpusiera entre él y el papel, de tal forma que encontrara una barrera infranqueable, estuviera al final de un pasillo que no conducía a ninguna parte, que formaba parte de un laberinto, cuya salida desconocía.
Su mano se negaba a escribir, su mente no encontraba nuevas ideas. Cansado, quedó con la cabeza tumbada sobre la mesa mientras pensaba en los últimos acontecimientos.
No poseía la capacidad para registrar aquella verdadera novedad que veía nacer en ella, un gesto nuevo, una vitalidad, nacida al amparo de experiencias que él no le había otorgado.
“El, aún está empeñado en demostrar una fuerza que no posee”, vió de repente el hombre escrito en el papel. Ella razonaba, construía, escribía velozmente, mientras él palidecía.
Ha nacido en mí una conciencia, un modo completamente nuevo de ser, de existir, que no puedo describir, escribió la mujer.
El hombre, no sabía de qué se trataba todo, pero repentinamente se sintió utilizado. Intuyó que todo lo que había escrito cabía dentro de moldes predeterminados por ella, pertenecía a un esquema que no era el suyo y cayó en cuenta que ella poseía una trama mejor urdida.
Desfallecía. Desenmascarado, impotente, sintió caer sobre sí una página de una obra que ella aún no terminaba de escribir.
Cansado- escribió la mujer- él se acostó a dormir. Soñó que gracias a ella podía vivir, que desde ella fluía una energía que lo impulsaba a trascender a sí mismo y a reencontrarse con ella y conocer en parte sus secretos.
Pero el conocimiento que he logrado, es incompleto pues en la medida que prolongo la existencia de él, extiendo la mía.
En verdad, al posibilitar la vida del otro, se prolongaba a sí misma.
En su absoluta soledad, la presencia del otro era tan necesaria como la suya y ya no sabía si era ella quien verdaderamente existía o no era más que una fanfarronada inútil de aquel que requería de ella para existir. Durmió.
Cuando despertó, él estaba frente a ella, escribiendo.
¿Qué escribes?-le dijo ella
Que sueño.
¿Y cómo es tu sueño?
La verdad es que no lo sé. Es extraño.
Despierta si quieres- dijo ella.
No lo puedo hacer
Si quieres me despiertas como a tí te gusta
¿Lo puedo hacer?
Por su puesto, escríbelo.
Es lo que deseo.
Me acerqué con delicadeza- escribió el hombre- como a ella le gusta y no pude contener un frenesí que ella deseaba que aumentara aunque la llevara a la misma muerte.
La mujer estaba desnuda sobre la cama.

Texto agregado el 22-11-2018, y leído por 30 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
02-12-2018 5* un descubrimiento Daiana
22-11-2018 Adán a Eva le llevaba 15.000 años mayor que ella, fíjese que despiste lleva usted. nito69
22-11-2018 Muy pero muy bueno. El personaje toma vida y supera a su creador manejando los hilos de la historia, es lo que interpreté. Cariños. Magda gmmagdalena
 
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