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Bueno, amigos de la página de los cuentos, aquí de nuevo con lo prometido, los tres de Mabel, pertenecientes al reality Triángulo mío (del cual conjuntamente publicaré la totalidad actualizada). Con motivo de ayudar a quienes leyeron lo anterior del reality aquí va esto solamente; con el título de Mabel. Aunque mi intención es que cada personaje tenga un espacio independiente, superior a la hora veinte, más ustedes puedan representarlo fílmándose con una cámara a la vez de leerlo, pudiendo conformar un espectáculo parecido a los del teatro. Voy a continuar con dos monólogos de Fulgencio, y otro tanto del Loro gigante, que con alguna artimaña extra seguro lograremos superar la hora de show. Más luego voy a escribir una obra de teatro, de hora y media de duración, con estos mismos personajes. Bien a leer se ha dicho.

Mabel1 (Va al comienzo):
Al que le hablo de lejos en la distancia, atlético bramido noventa sesenta noventa de años parecidos, con el corazón mirando embelesado, queriendo aclararle de entrada, señor cazador de las mil prendas, que primero soy un humano y recién luego una mujer; un budín de undir en la taza de la merienda. Ahora claro, por boca del pueblo sorprendida me encuentro de saber, que pronto irás alcanzar, en menos de lo que canta un gallo en un amanecer demorado por acople con la luna, en registrada gesta pública por los Ginnes, de masa corporal, uno dentro del otro, la friolera portentosa de quinientos kilos reales. Vaya noticia de boca en boca circulando y agitando banderías de todas las naciones, sorprendente conocimiento capás de lo increíble; pues entonces tómame como tu esposa que sabré prepararte ricos manjares altos en calorías. Aventura que me rejuvenece auyentando a bastonazos el ollín del pasado, que se me tonifican tanto las ansias y los anhelos en saberme en el rol de tu brazo derecho. Y sin yo renegar un segundo de los tiempos idos en mediocridades, ahora incólume celebro de afrontar contigo, titán de metas inalcanzables, lo sucesivo de ser tu compañera desde el medio liliputiense segundo de convertirte en un mamotreto colosal. Entonces, si tus orejas pueden, escucha mi copla de sentimiento interior, candidato a ocupar la plaza que sobra del colchón de resortes, ángel voraz que el paisaje brinda ante mi ojos que me dás vuelta la cabeza como un guante, colchón que luego desnivelado de tanto contraste será reemplazo por otro parecido con amortiguadores de locomotora; de todos modos como nadie puede garantizarnos una estabilidad plena que rompa con las leyes del desequilibrio, trataré de convencerte que aumentes de peso hasta donde me sigas gustando tanto, de nuevo aclarando, que igualmente será eterno el placer de tenerte redondo. Cuando pienso en vos, lo sustancialmente suave de la lozanía me invade el marmol liso de los sentimientos lelos, de una señora viuda, que entre copetines Cinzanos, goza de dos pensiones de maridos muertos en combates con la malicia; y camino descalza entre escosores que descienden llanos de los sentidos despertando rayos de fantasías en la inteligencia.
Ay pero que cosa, no estando enamorada ya siento síntomas de intoxicación en mi cuerpo; las famosas hormigas que en fila me recorren por la espalda pasando por la cintura rodeándola en forma de corazón a la altura del ombligo; con todo y pesadumbre, me niego a reconocerme perdidamente enamorada, pues por mi espíritu de pionera number one ya lo hubiera ido a buscar a la reserva trayéndolo de los pelos; aunque algo me dicta premura, paciencia; pero otras voces interiores se alzan con deseo de sublevación, revolución, modificar lo inmodificable. Una principiante al volante del convertible parezco; pero no, soy la dueña del tesoro ilustre de la ciudad de Nuestra señora de Luján, que es mi chacra repleta de ganado; y que mañana será convertida en una gigante ONG, donde iremos reclutando niños huérfanos a quienes brindaremos paternidad, pensión, y amparo.
Oh allí estás de nuevo, recurrente cadazor con trailes de jardinero cargado de fusiles, que puntería tienes, bombón con cara de martir, ah, y esos humos que salen de la carne que al instante asa, me fascinan hasta la obcecación del temperamento. Y esa luz entrecortada del bosque que encima me sume en escalofríos de subyugamiento, haciéndome sentir una actriz paracultural, diva inmortal, una Isadora Duncan embebida de un pusilánime talento suave y dócil, sin modorra del instinto, impulsando los deseos de amar ser ama de casa, y ni chistar por los cuestionamientos más volubles y tontos, o de esparcimiento. Y es así no más que en las elecciones voto a quien creo conviene, al pobre país que naufraga ensopado en la ignorancia, pues la coyuntura está primero que la filosofía, y esta actitud finalmente se termina por imponer como la acción menos desacertada; y entonces mi idiología vuela como los panqueques, a cara o cruz entre lo liberal y lo socialista; con a veces soñar con una sociedad anarquista con igualar para abajo en lo económico, y así tal vez ser todos felices.
Obsérvese dios mio, como este tierno y labriego príncipe nuestro, en estado de vigilia permanente, logra invertir mis valores y mi piel, de como de la oscuridad de la soltería paso a estar transparente como una cortina de baño, que deja traslucir mis arrugas lógicas del desgaste cual perlas agrupadas en fila india.
Aunque a decir verdad descarto que este mesías tatuado del reflejo de jazmines del cantero sea un mentecato, o de asociación con bobos sueltos sin patente ni reaseguro, o que en la cuenta bancaria vaya a vacilar en depositar la sangre del venado. Quisiera por fin hoy encontrarme revolviéndonos el adobo de su fuente de hierro, que es un cañon que apunta al cielo de dios cual una pintura de Rembrant; y con todo volcar el mortero sobre el ciervo chito. Mi futura asistente de amamantar sirvienta Hortensia quizás me entienda, a lo mejor me escuche, y bailando en el ocaso del alba, olvidando la diferencia de clases, sane mi juicio herido de embeleso, con ese chachachá de los enamorados alegres, bailado solo por matronas. Es un cautivador que desde la distancia te hace tambalear los conceptos más básicos, como los pensamientos de un gata agradecida por la caricia. De andar tan decidido que empaña el juicio más elemental en curso, que luego te haces pipí en la cama, y sonambula lloras como una niña. Vaya, ahora entiendo porque come tanto y sin respirar. No tiene miedo de ir preso, es un hombre onceabas veces tridimencional, muy viajado, de varias vueltas al mundo, en bicicleta, descalzo y de a pie ¿Hay existencia en la carcel; se es alguien cabal fuera del territorio de la patria? Cada olor que llega es un perfume que me deslumbra y me plaga de estupor. Mis amigas se dan cuenta que me gusta y balconean desde la frugalidad del chisme; por eso ¿A quien le hablo cuando hablo, qué supongo cuando supongo que seré correspondida? Socorro cupido me hundo en una cienaga. Llevo como una pesada carga la imagen de mis hermanos que me reprochan estar como clavada ansiosa con el ensalzado encantamiento de no poder regresar donde tranquilamente me encontraba. Y entonces busco argumentos para convencerlos que voy por carriles paralelos; que no teman que la vida dá rebancha y sino un empezar de nuevo. He tenido novios, y algunos fueron un refugio sistemático para el aburrimiento, garantizado cruzigrama de respuestas obvias pero inalcanzables, solo habia que esperar que el trámite finalice a la hora de salir disparados, de volver al suavizar conmovedor del sonido del hogar en la libertad de encontrarse sola nuevamente. Luego, casada en primeras nupcias, la cosa mejoró bastante, pues supe elegir el mejor damasco, hasta que las aspas del traqueteo por falta de dosificación, revolvieron la salud en remolinos que eran tirabuzones que fuéronlo llevando al cementerio de sopetón en un final muy previsible.
Es voz populi que cuando él caza, soy una presa más contra la pared de fusilamiento. Desde que éste cachiporra con bananas de pertrecho se instaló con el campamento, mi presente son estacas que danzan clásico y tirantes de soga arrebatados por la hojarasca. Paf, cada disparo me provoca brincar de alegría, y de travesuras, enseguida pretendiendo saber a quienes a disparado cuando de perdigón se trata, o que elefante pulverizó ante el estruendo cañonazo de bazuca; y cual yace muerto cuando es disparo de bala de grueso calibre, que es ver como se pulsan teclas de un piano. Que atractivo que está el día, de fresco piar de los disparos, o el retosar en el sofá es un blindaje de tesoro pasatiempo, que luego acaba en sutura al pecho que estalla de suposiciones imposibles, que se enciende en la gestación de deseos, un cupo de energía que encuentra salida en mirar y mirar por la ventana, de un nuevo intento que es gracioso apreciado en el desenfado de la soledad ¿Será verdad que el amor es como una boca sedienta que chupa de un mate taponado, y se pega como el presupuesto del diariero, y te arrastra cual catarata? De verme enamorada el personal del campo y las señoras del servicio doméstico pegan la vuelta apresurados que resuena a castigo del proletariado.
Ay, otro disparo, de quien se trata ahora; un ciervo con cuernos de reno, o un reno con silueta de ciervo, no me cae la ficha. Que casualidad, que empatía, yo hablando de la servidumbre y él cazando otro ciervo ¿No es genial? Hace una semana que armó el campamento y yo que estoy aquí congelada, sin prenda de vestir acorde con la locura, siendo desconsiderada con el conciderado que me tiende un vaso de agua, en este infierno de fuego de hornalla de restoran. Es un donjuán, pero parece no interesarle la moda, ni tampoco la histeria, que ni un resplandor de sus ojos pude divisar en este sentido cardinal. Tiene ventilado el apetito del amor carnal, seguro por andar en fervor entusiasmado de seguir la presa hasta el bienestar de la reserva, y en todo caso disparar aunque estén entrando en la jaula, entonces me compadezco de Joe que debe sudar adrenalina del sabor amargo de la caca.
(Pero nuestro guardaparque comerciante de exóticas especies, no se amarga tanto por los desesos, pues trafica con animales que le entregan como caramelos al kiosquero, más luego de la quimera de negociar a gusto y piachere, se empilcha para ir al encuentro con alguna turista visitante de la reserva que de paso le diera bola, a dejar el óbolo y la conciencia limpia de la líbido en algún albergue transitorio. Para finalmente planchado de almidón terminar empachándose, como lo haría yo con aquel que me pierde, en lo de la amante psicoterapeuta, señorita que se lustra con el traje de guardaparque, tomada del brazo cual manzana del pecado, solamente en la oscuridad de un cine.)
Aunque en esta etapa actual de enamoramiento absoluto, surgida del marco en ésta pandemia gris de muebles antiguos, de recién ir comenzando por el encantamiento en la epidermis del proceso, pero metiéndose desde el ventanal irremediable en el torrente que corre como en una cascada, con todos los pares de cejas fruncidas, y de ojos intrigados enganchados del desenlace: Este casco de estancia parece un mc Donal donde se come gratis; con yo en el núcleo ya siendo cautiva de la tremenda ansiedad típica del encantamiento amoroso, de tenerlo metido por fin en la esfera celestial de imanes sujetado en yin yan definitivo; de indilgante rencor me pone chinchuda, desde lejos no romper la barrera del recato haciendo interceder un mínimo saludo, con ello haciendo sonar el silvato del minuto cero, dando comienzo al partido del amor eterno. Cual si la realidad fuera el reflejo de mis antojos y no una sucesión de acontecimientos, donde lo primero es nacer, destetarse, y recién luego caer en el anzuelo divino del amor que necesitamos; que en cada párrafo de la novela levanto la cabeza para ver que sucede, y nada. Estoy recluida en una racha de ocurrencias de que decir cuando lo vea, cuando lo tenga cerca, y nada que hacer, todo sigue de la misma manera, yo aquí, mi duende de caramañola vestido de river plate allí, disparando flechas con ronquido de pólvora seca, y el bosque en llamas, más la reserva lampiña con la catedral esperando el si de los cortejantes. Atrévete Mabel a soñar con empezar de nuevo, que los hijos se mandaron a mudar, y apenas si se acuerdan que vivo el día de la madre, donde quedan los mensajes que cuestan lo que un abanico con los dedos. Y aquellos maridos difuntos que duermen el sueño largo del paraíso, hoy como nunca compiten en mi interior por saber quien está más muerto, o los otros afectos importantes en el extranjero aguardando una pensión de privilegio, a los acuales felicito y desde aquí les mando saludos; más mis amigas que nada son más que un caballete de donde arranco chocolates con burbujas de las ramas; ellos son todo el acervo que prefiero mejor esquivar y soslayar del balance, para más adelante invocar en mis rezos.
Infinidad de estrofas obvias y sencillas, sentencian espontáneas mi música que sale del alma. Hola amigo, por fin llegaste. Hola amigo, o más que amigo, oiga, no se asuste, lo estoy esperando para hablar solo de trivialidades. Te quiero cazador de las mil presas, cuento contigo, pues voy camino a estar prendada de ti. Vivo como en un subsuelo bajo las bombas de mis latidos estallando de tanto palpitar; sepa que enfrento las seducciones del buen tiempo, entre páginas en blanco, donde dibujo palabras de amistad entre nosotros, cuyo mi cortés adjetivo es dicer a todo que si mi pulcro amigo. Sepa que si tengo una pesadilla y está usted metido entonce me río como en una bella historia. No Mabel, es mucho, debo ser un poco más recatada, tal vez lo espante mi desenfado como paloma, y entonces si que muero en guitarreando sola. Que bueno tenerlo, Don, al límite del rancho cazando algito eh? Vaya, no tema por las balas perdidas, que si alguién muere invita la casa.
Tenemos necesidades Mabel de arrancar la maserati; tenemos sed de amor Mabel, la voz del inconciente repite. Mabel eres hoy un girasol honrando en el comienzo de agosto al cazador vestido de selva, que además apetezco macarrones con gulash de ciervo, con hongos del bosque. Oye abstraído glotón del viento pampero, mi prometido deseado hasta lo indigno, por siempre compinche de la desandada orfandad, sea considerado duende plausible de mi, y de una buena vez tuerce en ésta dirección tu cuello de espuma salvaje con sudor abrasivo que tanto me erotiza. Mi nunca amanerado deseando, observa ya el suplicar de nuestros corazones, salpicados de un aburrido presente de porcentaje separados, flotando cual globos perdidos, en un futuro pronto a unirnos sin rendija de ninguna melodía que dictamine lo contrario, en un reino de luz solo para nosotros en oscuro mundo de farol de luna. Tú para nada eres el sobervio aquel que le teme a la muerte, de ningunear al son del menosprecio, y entonces mírame que amerita un pantallazo de amor de avistamiento fugaz. Falto de parla, tirano de ti mismo, acércate a pedir socorro por alguna estúpida limosna, que esa taradez te llenará de amor esplendoroso de amalgamarse en sus propios rayos bicolores, y acantonado en la imprudencia has de perdurar sobre el cielo cual barrilete de frente a la locura de mi piola, con dosis a cuenta gotas de dulzura de mis labios; que ascendentes de ha pasitos han de alcanzar la eternidad del placer inmaculado.
Anda cazador de lo prohibido, cázame y casate conmigo, y que el descontento de la lucha cotidiana se vaya a esfumar agrupado en asamblea de infortunio, desdichas todas anudadas en pormenores estériles. Y que así se mitifica como se borda, y chau pinela a la mediocridad del subsidio de caricias interesadas. Además tenemos la obligación de intervenir por cada deposición que el afecto, afectado de soledad, manifiesta en ronquidos de piedad, o jadeo de compacto dolor. Pues, la agonía de caracter eterogéneo, es lo primero a desterrar, y lo segundo la arteria por adonde circula la opresión; es el amor lo que destiñe esas cosas, lo grande viene, lo enorme se queda, las flores florecen sin tiempo, los amigos yacen presentes a cada momento. Y la alegría de los miles de vecinos por nuestro amor, presentes, codo a codo, combatiendo la maldita indiferencia, ya verás, triunfaremos aguantando al planeta como aquellos platos que sostenía elefantes y dinosaurios, y que se caigan del borde al espacio sideral aquellos que del amor repugnan, intentando divertir con pasteles de harina y agua; indignos pluralista que para ellos el amor es sonsacar ingenio de lo extemporáneo.
Aquí avioneta solicita pista para aterrizar, sin exenciones por favor que enamorada voy gastando las pocas provisiones del tanque. Hago correspondencia del afecto que también tengo por las pistas de aterrizaje, pues sino me tragaba aquel portón que habre las puertas del edén. Bien, con éxito estoy de vuelta en casa y en mis cabales.
Desde otra prespectiva del soliloquio, ahora muy en serio centrada en mis cabales, digo que en la medida que no hablemos por primera vez, iniciar una mínima charla donde fijemos una fecha concreta adonde encontrarnos, hora donde me pasará a buscar, u horario, de tal hora a tal hora, y yo lo espero, o sencillamente establecer como lugar, que luego de la jornada de caza se venga hasta aquí, a tomar un té, o comer un rico asado al son del crepúsculo, toda nuestra relación será precaria indiferencia, de cero encuadre que tenga una carátula existente, pobreza extrema de las relaciones interpersonales, o sencillamente, buenos vecinos de esa clase que no se dan ni media bola. Es preciso entonces, primero un acercamiento por motivo de intereses comunes, hasta que algo nuevo aparezca. Peor sería que por fiaca o impericia no nos animemos a poner en el tapete esas benditas pautas donde luego establecer las cosas que deseamos que ocurran. Una confitería para la primera sita, con personas que se configuren en pontenciales testigos de que existe una relación afectiva; y por ello uno se toma las manos y juega con las flores sobre el mantel de la mesa, para que vean y sepan que en nosotros algo a germinado de manera fulminante. En fin, hoy día, muchas veces soñar no es tan barato pues los hipnóticos están carísimos, entonces mejor un buen tilo y a dormir tranquilizados.
Hortensia prepárese un té verde, muchacha; que verde es la esperanza. Voy a llamar por teléfono a pedirles a las chicas que me excusen que no puedo ni doblar la esquina; sabrán por experiencia que se trata de no poder escapar del sueño de lidiar con el amor, que hoy insiste como nada. Yo atrapada en el ahora que se extiende como el diario del lunes nigromante , y mis amigas que sigen recordando aquellos novios de la secundaria, no pudiendo dicernir entre los tiempos idos con la actualidad posesiva; maravilladas de aquellos momentos tibios, reímos y hablamos de padres y maestro, de confesiones y del primer beso, siempre sacando el cuero del galante muñeco profesor de gimnacia. Mis amigas son un portaestandarte de donde me exhibo con la bandera de las princesas vacantes en la cuna de la camaradería.
De la juventud tardía solo me queda Joe como el mejor amigo entre tantos, desde que la reserva se instaló enfrente. Con todo quiero que está mañana sea de goma y que al medio día se llege recién dentro de un lustro.
Prolija y vacilante, calumniando la mañana con pesares de la sombra, en manto de opacidad, espanto del aire el fastidio de un largo compás de espera devenido en fiasco, dudando muchísimo que vaya ser el sabroso día equis, de reemplazar el repudiar con la violencia de la carcajada. Ah, pero este hombre hace días que está solo sin damas de compañía, en la abstinencia absoluta del instinto, que a mi gusto lo dignifica esa frugalidad opuesta de los animales; pero eso si, come como lima nueva. Lo veo en la bola de cristal del inconciente ser acicalado hasta pelando un caramelo que evito pensar en quitando mi vestido. Estoy seducida de su danza fantasmal que invierte la opacidad en la brillante selva que lo empaqueta. Es de fiable bravura de aplicar tormento a la manada con la piedad del coronado cazador; y luego al pie del rescoldo eximio cocinero; más como a mí me place, primer comensal de atragantado apetito, consagrado tripero de hincarle al diente sin asco. Con todo la vida es difícil aun en la abundancia, que seguramente con el bolsillo roto y sin un centavo a de andar a los tumbos; por lo cual quisiera poder donarle dinero, bienestar, y riqueza, para que continúe por este camino del buen deber. Y aunque yo siga soltera, o muera sin llegar a construír el paraíso aquel, rendirle pleitecía como una admiradora creíble que no pretende más que un guiño complaciente. Deseo con toda la furia legítima de la suficiencia, cumplimentar cada paso de los sacramentos que nos conduzcan al matrimonio, y luego si sucumbo batallando en el intento de hacernos felices, dejarle la pensión de viuda a éste marido nuevo; que de seguro habrá de compensarle a la sociedad mejor que cualquier candidato a ciudadano ilustre. Mi temperamento aplazado de preguntas encontradas, donde vanidosa fallezco desesperada en la disputa interior de abandonar los prejuicios atados a las costumbres ansestrales, se haya reacio al posicionamiento neutral, deseando sin escrúpulos patear la puerta y rugir al bosque, aquellos sentimientos comprimidos en una como cámara de gases fatuos. El conmutador del panel parietal derecho me pide Martini en la vejiga y continuar con preguntas existenciales en los labios, de como conquistar la ruta del desierto que me lleve a su corazón de vagabundo.
Siendo libre y soberana, de derechos adquiridos, con solo la descepción de estirar el tiempo en esporádica oscilaciones, de escasa ración de mi presencia en su presencia; y del retraso de no tenerlo al ritmo de mis ansias, quiero meterle presión y hacerme ver ante su telescopio, que sin ánimo dialogista le pretendo quemar el cerebro y dejarlo taponado, ante las curvas de mi cintura brillando hasta los tobillos, para que luego vaya a balbucear esas primeras tácticas fundamentales, que hoy día quien no tiene un celular es que no gira con el mundo. Y si por tal cosa, en efecto es tímido y lo cohiben las personas, sin ningún titubeo habrá suspenciones del personal hasta quedarnos solos; y que los gremios beban de la toalla mojada del granero. Que tengo más plata que los industriales para pagar cuanta indemnización que me recaiga sobre las determinaciones.
Vamos Ignacio Poncini, que la historia de los pueblos se fortalece de lo genuino, pues sé de tu vida mejor que de la biblia misma, ponte los largos y ven a buscarme, como aquel militar que afronta al enemigo furioso pero con ánimo de acabar con la guerra y enseguida firmar la paz enlodado de sangre cuajada; más a la sasón entreverarse de amor y procrear con aquellos que tanto odiara. No tengas recelo del desengaño que te diré si, mil veces si, sin sacudir el si con el plumero, ni quitar del rostro enamorado el rubor con detergente, siempre estaré sucia de sacrificio, con las enseñanzas suburbanas para nunca titubear entre nosotros, desnuda en la arrogante cama de los cónyuges que nos aguarda, con la certeza del cielo como testigo. Amor mio, probable compinche de lo nuestro para siempre, solitarios fundidos en sola gota de diamante, del timbal que resuena en el viento feliz de soplar a quienes lo merecemos. Ya lo verás que no existe obstáculo, ni rémora, nada que vaya a impedir que seamos por fin felices; unidos en sugerencia de dios, de poblar el universo de enamorados.
Mabel2( en la general sexto lugar):
Quisiera estar en un mundo de gigantes y ser yo un osito de peluche, pero no, lo primero es saludar y después pedir permiso. Buenos tardes padre Fulgencio ¿No podría usted hacer venir al cura Dalmacio? No. Si se me permite este desahogo que en si se trata de un deshalago en forma de reprimenda ¿Hombre religioso, ha quien todos obligados de perplejidad llamamos padre, que pasa hoy día con el cura Dalmacio? Permítame que le diga, muchacho de pelar nueces con la mandíbula, ser abstraído cual hermético termotanque de retener la sonrisa ¿Es que todo le resbala por la indiferencia? Sepa que hoy más que nunca necesito atención pormenorizada, sin ser fortuna pretendo retomar aquella costumbre que asuma la confesión el cura Dalmacio, que esto nuevo que tengo es algo para que escuche él, con la oreja del director del coro que siempre supo consolarme de los traspieses; con todo no poseo demasiadas posibilidades de anotar en el libro de quejas, que ni plátanos puedo desojar sin hacer puré de enfermo; pero con usted se torna muy dificíl desinhibirse y soltar confesiones que en la lengua explotan vivaces ¿Se dá cuenta de lo trascendental de un secreto? Si, se dá cuenta, pues se sacude como un señorito. Teológicas verdades redundan cual enjambre de premisas que las religiones pretende a los hombres tener ocupados en diferentes roles, amalgamados de amor, y con ello mejorar las sociedades. De pavura Ilusionada pensaba que hoy al fín Dalmacio iría a tomarme la confesión, que se me sube como la leche que hirve el apetito del afán por Dalmacio; pasa que usted joven, con ese aspecto tan desaliñado, peregrino de pausa prudente, de aristas ególatras que inhibe los afanes verbales de hacer reaccionar al cielo en nuestro portentoso resguardo. Por todos los santos como se ha borrado Dalmacio; debe ser pues los gobiernos funsionan mejor cuando el poder lo ejerce una sola persona. Con todo evito dejar de reconocer, en este impulsivo pero justo reclamo, que usted padre, aunque interacalando los pasos del padrenuestro de manera caótica, presidiste la boda con mi marido actual en total suficiencia de tus cabales. No me haga sentir un ogro, que de energúmena tengo cero pisca; preste la debida atención, mijo, que es hora de trabajar. Redoblada de infinita verguenza maldigo al cielo por mantenerme escabullida en la vereda enfrentada de un espléndido cuento. Y así andamos con mi marido paralelos de voluminosidad, que al presentarnos ante terceros es como la irrupción de una gran algaravía, de un tamaño fiable de hacer la venia.
Padre Fulgencio, de desértico catedralicio mi carácter está mustio y ajado, pues desde que lo pintorezco de mi oso untado es la realidad permanente, solamente usted se deja ver en la iglesia, resultando una hazaña, anque milagro también, mirar de frente a otro sacerdote que no seas vos, Rolling Stone con guitarra de energía alterna sin cuerdas ¿Será que les dá verguenza ser parte de una sustancialidad tan popularizada? Jamás supuse llegar a reprocharle nada a la iglesia, ni que para el bateo nuestro de cada día, haya que esperar casi media hora sentada a la puerta cual un mendigo en carnavales; y otro tanto dentro, entumecida y anhelante, que el propio confesor finalice de trapear, que remite a cuidacoches, como de compromiso y con las ganas del deprimido, los diminutos ácaros sueltos y aterrizados, que del aire son dueños; y de paso le cuento, que no me extrañaría que De los ácaros hallan aparecido en un santiamén todos los insectos, más después Adán y Eva con alas, que luego colgaron en algún perchero, seguramente un rama. Opina Dalmacio de mi, pues me conoce mejor que ninguno, que entre lo que hago y lo que pienso dá lo mismo pues soy de fíar; mientras a muchos tontos pido por favor para caminar derecho, a otros tarados les doy las gracias por nada. Aunque ahora debo anudar la lengua de lo hecho en el sentido contrario al bien. Fíjate pibe, después que finalice de soltar el sinhueso, enterrándome hasta el caracú, de hacer revizar la limpieza que habrá de haber un montón de pelos de propina.
Compréndase, entiéndase, y anótese, para recién luego fijar sentencia cruel, que resulta ser muy complicado amar a una persona en tren de transformismo, pues la visión de los sentidos debe acomodarse permanentemente a nuevos parámetros perceptivos, de los cuales uno ignora el efecto posterior, de saber para donde irán a dispararse los sentimientos que anidan nuevos sabores muchas veces agrios, con posibles focos de traumatismo; entonces el amor que nace de una imagen permne queda expuesto al suspenso agudo cual diente flojo. Eso si, como para hacer honor a la verdad y bajar un cambio la motoneta, debo descontar del precio final que fue accidente culposo y no yerro de mi marido, donde yo, por entrometida, fuí arrebatada de la vertical enlazada de las patas, pensando el Ignacio en pleno coto de caza, que se trataba de furibundo ataque salvaje de verídico oso. Pues arrastrada por mi marido en tremenda jineteada dando tumbos quedé enchastrada de sangre, tendida chorreando a borbotones plasma en el interior del traje, en ensalada de cuerpo, alma, y cuero; cuyo líquido, ante la ausencia de asistencia médica, como trágico pegamento fue facilitando la adherencia del atuendo a mi yo demolido por los golpes. A cambio de males aun no logro quitarme la sensación de despecho, que brotando en la mente va creciendo al vacio maldiciendo en intríngulis de arquetipos enfrentados la injustificada tristeza en andanada de ésta carcel infecta, en un ser constituído en mitades, puesto que esto no se trata de un diasfraz sino de algo adherido por siempre.
Pero muchacho, por un agujerito del panel tablado veo que al segundo de a poco te vas quedando dormido, que me parece mellisos castigos; ni atisbo de piedad vislumbro de tus ojos, de rostro tumbado como de recién amanecido, luego del planeta girar abrupto ofreciendo solo un suspiro nocturno, no se me quede dormido hombre, preste atención y escuche, que ya verá tengo algo digno de saberse, que quizás lejos de librarme de pecado me sumerga en un rezar cuantioso y permanente; bueno bien, ahora si tiene al as de espada en el rostro ¿No será usted monagillo debenido en cura por falta de presupuesto? Aficionado religioso de estirar la oreja por compromiso, tu perplejidad de pichicho travieso despertado de un exabrupto, cual espejo inflexible parece la imagen de un oso con espina clavada en la pata; en cambio el mío puesto murió joven mirando el paisaje sin darse por enterado; con ahora el rostro típico de ursus americanus chupado cual si fuera de cartapesta, por mujer llena de flacura, muy acongojada queriendo escapar, con rostro precioso que nadie mira, pues la verdad es espeso reverso de otro capítulo tétrico de gérmenes y de bacterias; concidero al cuero del oso la tulipa de una lámpara y yo el filamento que arde bizarro.
La historia en si lleva signos de misterioso valor. No lo creo, pero un poco titubeo, pues al haber tantos personajes vestidos de algún animal, a lo mejor el protagonista nuestro sea un cualunque pájarraco más de tantos miles de disfrazados, igual le insisto, además de desearlo, lo considero como algo bastante cierto, por como se fueron dando las cosas, muy factible como la teoría de los ácaros; enorme pájaro que he visto ostensible, un loro del tamaño de una persona, que para mi gusto real, con indicios de venir de muy lejos, aunque con un halo resplandeciente de divinidad; y entonces ahora percivo distinto, que ningún prototipo de esos que andan con la moda me parece exagerado. Fue un acontecimiento o efemeride que he vivenciado patente cual la realidad descalza, que lo verde del loro lo es tanto como el pasto artificial de una boutique con vidirera de campo de golf, diciéndome con voz metálica el voluminoso pájaro amigo, lleno de luminosidad propia del color del helado de pistacho: Que luche por escapar dejando de confiar en esos baños tibios de inmersión, que jamás darán el resultado esperado; a cambio haciendo puntualmente lo que él diga, por un lado, maldades pero solamente a mi marido, como para no extender el mal sobre otros inocentes (más no travesuras de niños) que por beneficio propio, luego me causarán mucha hilaridad y por ende fricción; y aparte, como algo igual de importante, bajar de peso, lo suficiente para que entre la costra ligada al núcleo más el samarrear de las carcajadas que tira para afuera, seguramente en algún momento se desprenda el traje. Obviando suspicacias de justificar mis malicias ya concretadas, sobrada esperanza tengo que del reír nervioso la cáscara en acarreo permanente se resquebraje de la piel de fondo. Compréndame por dios, no veo la hora de salir de aquí dentro, estoy en decadencia conmigo misma que ya no deseo nada bueno. De resonada estridencia la esperanza tengo, venida con fervor merced de los consejos del loro, sintiendo ánimo y fuerza de enfrentar las faltas ético morales, de lo espeluznante que ya hice y trenzada a futuro sigo tramando.
Y entonces advertido escuche, si resistir puede su alma el redoblar de campanas del averno, que mi voz gritada se ahoga en aturdimiento estéreo, sin poder esperar un segundo más en confesar mis pecados: Amasé tallarines de la dimensión de fajas, y mientras elongaba en la mesada, carente de apreciación tramé poner viruta pintada de blanco en vez de queso rallado; más luego usando témpera de escuela y virulana, lo hice; más deshecha de la risa lo realizaba temblando de susto; que eso también favorece el resquebrajamiento. Como para tenerlo algo inhibido, quizás al cincuenta porciento de su babosa capacidad, he colocado, y esto si que lo hice enibida en tos, que como me he reído vamos en popa con el viento de amigo, un clavo de andamio en la montura del rinoceronte resultando cual si lo hubiera picado una abispita. Hasta hube recurrido a un brujo para que lo hechize fulero, y delirando vaya a querer arrojarse al vacío; inclusive enfrentando yo la anuencia de un posterior expolio. La autocrítica recide en que por mi culpa me encuentro moligerando la vida desde detrás de un ursus amaricanus, donde estallan libertinos mis exabruptos inmorales a la pura conciencia del razocinio. No hace tanto que nos casamos con la anuencia de tu investidura, e igual como para que la costumbre puntual se esfume degradada por la corrosión del sobrepeso, muy sin querer unto la piel del oso con pipetas para auyentar las pulgas, y nada le sucede a Ignacio fuera de la misma calentura. Lo sé con el marido ya casi pesando la media tonelada, no dá mucho de ligar la forma de amar con el contenido del sentimiento, con yo dentro con las cosquillas que los pecadores tienen, muerta de risa con el oso que tiembla electrizado, que risueña de picardías me siento entumecida de abdominales duros, bañada de transpiración, miedosa de hacerme encima y que el traje se torne bufonescos, adios gracias los ovarios respiran por los pliegos de un dobladillo; lo que hago lo hago, después de hacerlo mi río mucho, y finalmente me arrepiento por completo. El lunes pasado, pelé un cable conectado a la red de alta tensión, y lo puse sobre mi aislante barbija del mentón, y cuando al momento de besarme sus labios quedaron electrocutados, él lo interpretó como cosquilla cual síntoma del afecto. El miércoles yo misma enceré los escalones más altos de la ancha escalera para que resbale y se venga en avalancha cual alúd al piso de cerámica, y firme como contenedor descendió raudo como si fuera asfalto gris. Y que otra cosa queda, fabricar un arca con un corcho de tapón y que se vaya a pique en el océano Atlántico; que entonces muera incinerado al incendiarse la casa?
Padre Fulgencio, cambiando el ángulo de la información, cual si usted fuera a orinar frente a un mingitorio, que bella cruz alegre le sale, de un crucifijo seguramente de oro, colgando de la sotana cual lengua de perro sediento; encandila como para vivir rezando y nunca dejar de ser devoto, con cristo que irá a salir de paseo. Ah, me olvidaba, mire lo que tengo aquí entre mis pezunas cual pinza de panadero, que recién encontré tirado dentro del confesionario, un alfajor en un par de ostias, con relleno de mermelada de árandanos. Ah, pero como quisiera con estas pezuñas aun pegajosas rascarme de tanta picazón, que para el mundo externo es un arma de arañar terrible, que es justamente lo que más desearía, rascarme los kilómetros de cáscara de norte a sur de mi cuerpo somatizado. Si el amor es una trampa donde uno queda chupado, debo estar muy enamorada pues eso es lo que me acontece. Lo sigo amando a mi marido pero ahora después de conocer a ese loro, de una manera muy enfermiza, capaz de poner cáscaras de banana en el acantilado, más luego de un soplido final, reir y reir hasta llorar de la risa y tiritar cual un chicharra. Quiero escapar para terminar de continuar risueña de espasmo rebotando en maldades que ya me dá verguenza. Ya estoy a dieta y haciendo esa seguidilla de inhiquidades en hacerle caso al loro, y al compás en que Ignacio llegue por fin al peso ideal yo voy haciendo lo mismo pero a la inversa. En fin, ojala me quede algo de lo que fui. Gracias al loro, ángel vendito, que cuando esté libre juramos volver a encontrarnos, confío que sus consejos darán resultado. Si logro despegar del atuendo, mi meta, al momento de la coronación de Ignacio, será salir de alli y habiendo por fin zafado, no huir de inmediato sino oculta quedarme escondida en la reserva. Más luego de mucho comer pasteles tratar de volver a ser quien fui, o era antes del accidente. No tengo otra finalidad que luego rendir cuentas a quien sea pero desde un lugar normal, que ni mira de exéntricismo haya cerca. Odio ser ese modelo que está imponiendo la moda de andar vestidos de animales. Últimamente hemos adoptado un bebe de la calle, abandonado, para que lo críen en la granja, más lo he visto pasar gateando metido en trajecito de becerro real y me colapso el sistema, toque fondo.
Falta nada para que mi marido en autoprenda impuesta de alcanzar la nunca pamplina de quinientos kilos, me termine de comer las últimas vacas y novillos, y mi estancia ser un alpiste Mabel el delgado anden desierto, más presto cabar un pozo de las hectáreas del predio volviendo a ser flaco; embuída en zozobra mastico el aire alentando las entrañas de seguir afrontando la dieta con valentía, confiando mucho en los vaticinios del loro guía. Poder escapar hecha un escarbadiente es lo que más deseo, y ya claro que desde luego si vomito no sale nada. No pienso escapar y andar de vacaciones por los hoteles, pero si quedarme y mantenerlo a raya, de patético convecimiento debo salir al gran placer de estar de vuelta en una reposera con el sol expectante, de la cabeza a los pies bañandome de nuevo de bronceado espectacular, y después explicar y explicar, que sabré emplear el entendimiento en favor de una exelente exposición o alegato; que más bien se trata de no aguantar tanto sobrepeso. Y si amerita vaticinar un desenlace de abandono está equivocado, pues cuando me recupere pienso persistir a su lado, en la segunda etapa del experimento, que hasta le permito que cabe el pozo gigante, de adelgazando crear la inmensa laguna artificial; ah, eso si, siempre y cuando, aunque menos gordo se mantenga alejado. Uno se enamora así como si no fueramos de carne y huesos, y luego el sufrimiento es a pesar de los vaticinios, una sorpresa que pone en duda aquello ilusorio que supo transplantar la soledad, donde ahora deriva una catastrofe. Por ello ustedes hacen jurar amor eterno a pesar de los avatares ¿Pues como hace el tullido para solventarse sin ayuda, quien asume esa carga sino el propio conyuge?
Con retardo veo mis pertenencias desaparecer cual la manifestación de un castigo divino, bha, solamente la cartera con las tarjetas ¿Donde habré dejado el bolso cófrade que luego de mi es lo que más cuído? Tiene que ver padre Fulgencio me regalaron una cartera, mezcla de bolso y heladera de picnik, de leopardo genuino, para que haga juego con el traje de oso, y ay no, que después de dios es lo menos quisiera perder. El dinero no me importa tanto como las llaves de la cuatro por cuatro donde quedara la osa Moli esperando encerrada, y el celular con todos mis contactos. Los amigos son como unos retardadados, que no sé, piensa que estoy muy tranquila aqui dentro, con la cautela del tímido será, despertando en mi, por la indiferencia cobarde o pusilanime, odio, que aborrezco la vida con esa abismal distancia que nos separa que impide rasgarle sentido a la existencia. Pues esta máscara, lejos de académico istrionismo, es imperturbable momia incapáz de expresar sentimientos, y entonces aprovechan a rehusar animarse a enfrentar el riesgo de preguntar como me siento, que con observar el paquete sería suficiente, que no hace falta irse para tomar distancia en un darse cuenta del terrible destino; pues la impericia, la torpeza, es mi fragua de donde hago reír sin receta. Y siendo irremediablemente así, con más razón debo encontrar una salida. Y los que se animan a quedarse esperando algo de mi, son gente pobre que hacen de acuerdo al presupuesto de la billetera. Siento la aspiración de reclutarme en un circo. Somos el pizarrón y la cursiva copiando una historia donde lo importante es ser perseverantes con la burla. Ahora haciendo desmanes y riendo con el dolor ajeno me avivo que somo todos perversos, que es un tónico para el el alma en dacadencia, por eso cuesta horrores ser ecuánime, pues ser bueno es ser estúpido, nadie es desinteresado como para abandonar los hábitos de gozar con el sufrimento ajeno y rejuvenecer por ejemplo. Desde la ignorancia ha tener la cultura del saber confirmado hay una cadena de disparates donde todos somos concientes que en la posta hay una burrada, pero igual debemos seguir adelante pues la vida no espera como el educando, y de ese remolino que se forma es de donde perdura lo infame. Todo el tiempo soy un yunque, lo opuesto a estar hechizada, lo contrario a un embrujo, que no existe otra cosa que la resistencia al martirio, que tampoco es esotérismo el calor, ni subjetivismo son los cuarenta kilos de cuero con pelos y pezuñas; estoy obligada a levantar el brazo y sentir que las costillas se arquean en sentido opuesto, que pronto he de quedar cual espantapájaro en la funda de origen. En mi caso hace concurrir una apariencia de un vergel de persona, que vive feliz estando disfrazada, imagen de fortaleza exterior que impide sondear lo débil, que yace oculto entre paredes, palpitando cual corazón infartado cada segundo de vida, buscando una solución que nunca llega, aunque más no sea una salida al mar muerto que resulte una porción de esperanza, sin escurrirse jamás el gran esfuerzo de dar vueltas sobre milanesa, de querer esclarecer la noche con chispas, con el resplandor permanente del estertor en la perturbación desesperada, pues dicha oscuridad es una atadura firme del ente que lucha vivaz, y que encima se burla del perimido de querer encontrar una salida que es un buzón de ancha boca alambrado de púas. Y en episodios grotescos se va consumiento esta novela que por monentos se inclina hacia lo tragicómico, y nunca has de poder evadir la intriga de saber como sigue el aguante obligado en la garita animal, de esta carcel inamovible en el fuentón de granito. Y el amor que aun siento, con todo lo adverso de acomodarse a un ser tan diferente al del comienzo, que debo suponer por estaba obnuvilada, aun sigue adelante siendo cariñoso y con deseos de luchar por un hogar digno. Pasa que de un ser tan expansivo que no solo ocupa espacio sino el aire, que hace estremecer el hogar cuando camina, que si se tropieza parece un cataclismo, que cuando cierra una puerta una cienaga salpicando esquirlas. Yo amo a mi marido hasta lo infinito y sin embargo es necesario estar remarcarndo la bronca con el punzón de la nulidad; la imprudencia de aborreser se hizo intríseco el afecto hasta ser aspas con filo de subtraer de la alegría el color imperecedero.
Oia, estoy sintiendo que mi cuerpo rota separado del atuendo, que no hay lugar para polemizar conmigo misma. Padre, estoy ante una realidad turgente y divina; si claro, tiene que ser así, el cuero se ha despegado por completo de la cáscara; con la humedad que antes era parte del conjunto desplazándose como maripozas hacia nueva flor, y allí es que elogio en el fondo de mis pieses un espejismo de agua sucia. Asoma mi alegria de la brisa que percibo correr por entre los recodos del disfraz. Y ante el balbucear de mis primeras emociones escucho sonidos muy diferentes que absorven el silencio de la catedral cual fondo negro, con mis orejas atentas que tienen oídos sónicos plagados de jolgorio, pues escuchar logro alegre el rocío que aun se desintegra. Mi cuerpo se ha despegado del atuendo, soy libre al fin de ataduras. Ayúdame joven Fulgencio, fíame de tu atención, pon serio empeño cual bombero, derriba el ahora que te vuelve pudoroso dando brincos sobre el eje de tu moralidad, mira fijo otro punto que desnuda por dentro estoy pintada de tanino, con los ángeles socios del loro que me cubren de inmortalidad, cierra tus ojos en un santiamén si lo prefieres pero bájame pronto ya el cierre de relámpago, del portón del paraíso terrenal que allí vamos, no te quedes patitieso malcriado muchacho, insiste testarudo de tirar del presinto para abajo, de nuevo estoy naciendo, de nuevo. Puedo contraer mis brazos y el traje se queda quieto, y apenas levantar mis piernas mientras las patas ni mú. Basta de hilvanar amargura, quiero dejar de permanecer aquí dentro. Tengo una idea potente, pero dios, necesitaría encontrar la cartera ya, para así poder abrir la camioneta y en mi lugar colocar dentro del traje a la domesticada Moli, osa inteligente adiestrada como para enhebrar agujas que juro ha de poder imitarme pareciendo de una persona su conducta; y aparte, gracias a la suerte, es bastante menuda y traviesa que estoy porfiada que le ha de calzar como un guante. Claro está, desde ahora con nueva apariencia me haré pasar por otra persona, y bendita suerte Fulgencio nadie se habrá de dar cuenta, ni siquiera mi angurriento marido con ese afán de batir récores ¿Como dice Fulgencio, que me ponga de alias Rita, o es que escucho una voz de ultratumba? Si, entonces me he de llamar Rita. No hacen falta más estímulo de seguir musitando vanas posibilidades de salvación, ni de reír por banales motivos de hacer maldades, es un hecho que el traje se ha despegado, y que en adelante solo gozaremos de la risa espontanea clara y limpia. Al diablo con la estética de una bella señora, ya no me importa más ser bonita, pero eso si, deseo estar vestida de algo que me cubra; ande muchacho, pleace, quite de la vitrina el manto de la cruz que voy hacer un pareo. Uy apareció la cartera; bueno entonces Fulgencio sea conciso y determinante, que la Linux está en la puerta, vaya por la osa enseguida. Gracias señor loro, adonde quieras que te encuentres eres monumental, y ya verás ángel de la diestra de jehová como con mi nueva apariencia de escúalida mujer Rita, he de drenar las dudas con el Ignacio marido perseverante y relajado de continuar firme con sus proezas. La ostentación de mi flacura será deleite en los primeros pasos de la libertad, estoy embelezada de imaginarme en la gloria.
Mabel3 (En la general noveno lugar):

En confirmada pesquisa de sabor caduco; en nuestro universo donde nada es renovable, en que lo renovable es una manera de mencionar lo que crece cual uñas y cabellos, aquí el liberalismo debe reflexionar si conviene una cultura de consumo voraz, entonces recién ahora discierno las claves de una problemática sustancial, acerca de la indiscriminada tala de árboles en el mundo, donde como concecuencia aumenta peligrosamente la temperatura del planeta y ustedes pobrecito quedan desalojados del extinto bosque sin otro refugio que el desamparo, a la vez que son comercializados cual esclavos de cuarta categoría; salvo raras exepciones, en poco menos dinero que baratijas del mercado de las pulgas, a lo bruto y sin controles aduaneros. Más por ello, mi ave gigante, exótico amigo, eterno compañero, por diferentes circunstancias vivimos cruzados en la reserva, en lo de Joe San Luis Espineto, aunque debiendo estrechar vínculos de manera subrepticia; no se impaciente, ya vendrán tiempos mejores de donde iremos a marchar sin ocultarnos haciendo pito catalán de los estúpidos prejuicios; bueno mejor entonces, que con el bosque pelado, sin posibilidad de renovarse, donde iría a dormir mejor que en la reserva, ojala nunca lo vendan. Mejor será que la mafia haga plata con esa tigresa de bengala sensación del momento, que cual reina vino en la misma partida que vos, y que según escuché vale como el pase de Lionel Messi; mejor disimular, mejor disimular y que los delincuentes éstos no sospechen que sabemos tanto. Parece mentira cruel que el rey de españa por cazar un elefante haya tenido que abdicar al trono, y estas bestias compran y venden sin importarles un rábano si por ventura sobreviven a entornos de dudosa calidad. Ah, pero tenga cuidado con los exabrupto del Ignacio que en una de esas se lo vaya a devorar; no, pare, fue un chiste del momento, ande tranquilo pues hoy por hoy está de rigurosa dieta, y para mañana ya se ha fijado otra meta distinta, que nada que ver con las indijestiones pasadas. Aunque a decir verdad, conmocionada de estupor aun sigo maquinando angustia, compunjida nuevamente viendo desde la lejanía como mi príncipè azul se tuerce del hambre, habitando marchito y triste, carro a carro arrastrados por rinocerontes, queriendo comerse hastas las florcillas de la orilla.
Embuída en maquinación quisiera saber: ¿Con la telepatía de Lorito alma del cielo solamente es que por momentos logra hablar y ser inteligente? ¿O estoy atorada en una tramoya de una broma que me tiene emboscada en callejón de súplica? Me pasa que asocio tamaño con inteligencia y enseguidita me figuro que los papagayos de arriba de metro y medio de altura entienden el idioma perfecto, que hasta pienso deben tener un legado oral parecido al castellano, que nosotros desconocemos pero que lo tienen lo tienen; y sino para que portan una lengua como para la vinagreta. Algunos dicen que a diferencia del resto de las aves que existen, los loros en especial tiene capacidad de reproducir sonidos del habla, cual arenga del capanga, de tantos siglos de comercializar legumbres portentosas y exclusivas, negocio que de a poco ayudara a desarrollar una lengua en serio con forma de gusano, por el hecho de hacer valer cual moneda las semillas peladas, que como burgeses luego venden a los otros pájaros, vigorizando la ganga con sonidos perfectos cual avisos comerciales. De prurito viviente necesitada estoy de saber de dicha elocuencia ¿Me lo podrían confirmar desde el cielo? Otra menos complicada ¿Como se llama? Que tonta, porqué habría de tener un apelativo si solo repiten y nunca nadie lo ha de vocear por su nombre. Entonces yo lo habré de llamar Enorme Lorazo Verde Esperanza.
Eh, pero pare un poco, que aquí estamos en una confitería de lujo y no en la pampa húmeda. Oiga vecino y compinche ¿Es que hoy no se ha conectado con la base espiritual de nuestro amado lorito, siempre tan mencionado en mateadas y tertulias cotideanas, si hasta una cumbia muy popular existe en su honor? Vamos conéctese mente a mente y verá que aun le sigen dando instrucciones desde la diestra del todopoderoso. O sea que si no fuera por la inteligencia de Lorito conectado a sus neuronas, apuntando desde el paraíso, usted sería un loro bulgar que aquí mismo en vez de volar arañaría. Pero aun siento la patraña mental de si lorito cual ángel le hubo reemplazado el alma, pues, con duda, insisto en razona en quien podría estar interesado en nosotros aparte de Lorito, mi adorada palomita mensajera? Eh, no se sacuda como en el desierto que acá prima la educación, que remite a lo suave y previsible; por favor, a menos que sea lorito, mejor no intente repetir lo que hablo, preste atención, y estese en silencio. Aunque ahora mejor conviene ser buenos inquilinos temporales del egregio restorán, entonces portémonos bien y actuemos en consecuencia a un festejo memorable ¿Sabe? De estar redomada mascullando vivencias de esta sita tan esperada, presiento un ahora mismo tan conmovedor como la gloria misma que depara salvar a alguién que se está ahogando, y conoce muy bien usted de eso, que deseo agasajarlo con mucha sonrisa en la cara sin que el humor se vaya anidar en triste despedida; festejar y festejar aturdia de amor de amigos eternos. No se me asuste Lorazo Esperanza con facha de una atlética persona, que si estiré el brazo para estrecharle la diestra fue por recordar las bromas que como receta solicitaste que hiciera e hice. Un poco de lástima me dá saber que sea otro papagayo diferente de nuestro extinto Lorito, pero no tanta pues siendo así, aunque ave verdadera, voy sumando amistades valiosas, de carne, huesos y ahora plumas; aleluyas varios de saber que en comunión con la mente de Lorito Poncini, a la diestra del todopoderoso claro, en instrumento de oración telepática, en global enterarse del trance complicado de mi destino de porquería, injustamente lejos de ser correspondida con aquella suerte vital que debiera ser costumbre, azotada con grande carga de sucesos adversos e impracticables, entonces por fin calzada la brida en la conciencia del bien supremo, ajetreados interceden como para que mi vida deje de ser una riestra de ajos en mal estado, gracias doy al cielo que acciona en mi beneficio de un todo permanente muy conectado a mis percances, permitiéndome safar del mal del oso hecha una lombriz prometedora, y por sobre todo, enorme agradecimiento hacia usted, que aquí la copa la alza el campeón, que se traduce en una voz interior insistente de rendirle pleitecía, arrodillarme si fuera necesario, y en hacerle regalos.
He tenido todo tipo de sentimientos de exentricidad ilimitada, aunque ahora por fin, guarnecida estoy en las entrañas del cielo, con usted de policía custodiando mi destino para que nada ocurra de negativo, vendría a ser la circunstancia más alocada que por mi pretendiera. Eh, pero pare un poco, no se enoje con los mozos que no me han hecho nada malo, tenga paciencia, ya vendrán con más alimento. No gracias, mejor los maníes, el pan y la manteca, los coma usted. Vos si que cuando pichón habrás tenido contaminado el nido de vitaminas que te hicieron crecer cual árbol. Cuando las cuestiones de fuerza mayor se fueron impregnando de tremenda vergüenza calificada, fui como quedando aletargada en un más allá de los postergados, y de alguna manera era invisible personita supeditada al hermetismo absoluto. Pero de la tanta oscuridad inquisidora existía una esperanza concreta entrando como un filamento de luz divina, que me otorgaba una ilusión única, un handicap prometedor, sus amables consejos e indicaciones precisas acerca de un solo modo de escapar, quebrar la costra del cuero temblando de risa, más con hambre ayudar a reducir el espesor y así separarme del cuero interior unos centímetros apenas; pasaba la vida queriendo zafar y escapar, respirando solamente aire caliente lejos de ser silvestre, y así comprendí sus recomendaciones y las puse en práctica, al son de esa libertad divina que tanto anhelaba conseguir. Gracias guía y maestro mio, consejero de alas sin manos, de sabiduría que circula espontanea cual idioma de acción y revuelta sin roña. Pero atención que han pasado los aluviones de la desgracia y aun prosigen los efectos del mal circulando, lejos del hogar durmiendo con un esposo impostor, aunque con las mismas pretenciones que el legítimo; vaya quilombo en que me he metido, con aquel inolvidable pico máximo de éxtasis y turbación justo antes de contraer nupcias con el Ignacio por civil y por iglesia vestida de ese oso podrido cual miriñaque peludo en la existencia toda. Aunque si de preferir se trata, elijo esto de ahora que ya va agotando la dicotomia del yacimiento natural de la rareza, donde de a poquito logro encontrar nuevamente pizcas pequeñitas de cosas que cuajan con la magnificencia de lo simple, entrando a tono con la cultura de lo cotideano como el resto de los mortales. Y así se van instalando nuevas, sumadas en fila, diferentes emociones, encontradas y afines, o de ha pares convinadas, pero normales, pues en poco más de un par de abriles agoté todo lo atípico existente. Las cosas que padecemos en si pueden agrandarse peor, como el agujero de ozono, o estirarse como tristeza de goma en el letargo, tal vez encojerse en la soga como prenda ordinaria, subir para arriba por la indiferencia irremediable, o bajar para abajo como la columna vertebral con el paso del tiempo; en el mejor de los casos habitarse muy oronda en la cumbre del reumatismo sin conflictos con la osamenta, o en el peor como el mio, quedar clavada la desgracia en el centro de las entrañas y estrellarse el orgullo en el suelo luego de una caída estrepitosa y absurda. No es que después del mucho paso de tantas vivencias normales, por óxidación, letargo, o falta de costumbre, se vaya a producir un desplazamiento dramático del infortunio, las desgracias yacen agazapadas y ocurren en cualquier momento, más por ello aun atolondrada tengo el estupor temiendo de enderepente volver a saberme prerpleja e impotente. Y enclenque de nuevo soy Mabel la que quiere recuperar el mando de todo, más nunca más esa atormentada Rita, que ya fue de mi vida, pero que aun persisten los ecos de los que me rodean que repiten lo mismo, parlantes poderosos que me sacuden los tímpanos cual vendavales. Resumiendo, lo mismo que le digo a Joe te digo a vos, lo primero, debo recuperar mi lugar en la estancia; arrinconada e intrigada de saberla en los últimos retoques para ser poco menos que un océano privado, de ignorar sin en la encrucijada gane o perdí; que con los grifos abiertos solo falta que la marea vuelva a invadirnos y se dé por inagurada. Soy mujer hija de inmigrantes gallegos, con mis ancestros arrivados por poco en calaberas, antes de la conquista del desierto, que jamás habrán pensado que esto sería algún día un inmenso espejo de agua, con las casitas de los peones bordeando la costa; y con todo no debo borrarme como una adolecente con sin otro origen que la existencia. Ahora sintendo en mi imaginario un hervidero de ideas renovadas, imágenes sin desgaste, sueños sincronizados con la realidad presente, anhelos convertidos en responsabilidades juramentadas, algo que trascartón estaría muy potenciado por la pasión propia del origen de nuestros antepasados. Sin embargo esto nuestro pone algo de realismo a la paranoia, pues ahora escapé ilesa y estoy medianamente feliz de ser de nuevo una paisana en transito hacia lo nuevo prometedor. Sepa que la reserva natural de animales donde estamos alojados, en principio pertenecia a nuestro dominios pero luego se lotearon los campos y así quedó delimitado, con un bosque lindero guacho que remite a la patagonia, que fuera vendido a una familia que misteriosamente se la tragó la tierra, o tal vez los mismo indios enfurecidos por la expropiación los liquidaron.
Con todo y propina, no deseo que el Ignacio se me escape, pues todavía tengo intacto el empecinamiento amoroso mezclado con la valentía de enfrentar al mundo así altibajos; No me niege que arreglada, maquillada, peinada y limpia soy de nuevo una señora de respetar, es de estar sorprendido de verme recuperar mi antigua apariencia, que aun todavía, como para ordenar la batahola del despiporre, debo ocultarme en una estampa de mujer escuálida. Y joe que primero me aborrecía ahora pone sus ojos con otra mira.
Ah, pero igual la cosa sigue dando paño para recortar, que el Ignacio se ha fijado otra meta a conquistar nuevo record, de hacer llegar las orejas que toquen el piso, y ya mismo se ha puesto yunques en los óbulos. Fíjese ésto, en el silencio y en la distancia, usando la telepatía como los animales, casi susurrando le recomiendo mejor, aprovechando que el pozo de la laguna está vacío y super limpio, caminar pegado a la orilla haciendo rozar las orejan en la costa, y chau pinela a tanto estrambótico devenir. Mi marido genuino tendrá que aceptar dormir en el granero, y continuar la dieta hasta alcanzar los kilos primeros, metido debajo de los aparejos que aguantan los fardos, que donde me distraiga lo andará llevando en las orejas, cual gandul fascinado por los persing. Pronto irá a emprender junto con la gesta de estirar las orejas, una caminata a la cordillera de los Andes, desde aquí hasta cruzar el famoso paso fronterizo que inmortalizara la lucha por la independencia. Empero habrá que esperar pacientes pues dicen los vecinos que por el atrazo de no poder bajar lo suficiente de peso andubo una semana sin comer siquiera una huevo duro, y que en dicho trance de hambre por momentos se convertía en una sombra de si mismo, aparecía y desaparecía. Que hombre que se metió cual el bichito de la devoción por dios, que lo tengo entre las estrella de Holliwood, que atesoro cual Nazareno. Una cuando queda embarazada solo desea que el hijo sea sano, que nazca sin malformaciones, pero en cambio la gente se empecina en desfigurarse; Ignacio fue cambiando tanto que a mi se me llenó de incomodidad el alma; no por dejar de amarlo con pasión, sino por estar metida en una historia muy alejada de mis ilusiones. Y ahora esto de las orejas...caminar no tiene contraindicaciones pero hacerlo engrapada la audición de fierros, eso si que es malformarse.
Pero nunca habré de olvidar que gracias a sus consejos logré escapar del traje. Nos encontramos en esta confitería donde suele venir mucha gente disfrazada, cuando terminemos de comer quesiera que me lleve a dar una vuelta por el aire. Suerte tube antes cuando el traje de oso me protegía del aura de mi glotón marido que soltaba rayos equis, junto con la polvareda del tenaz propósito de llevarse el mundo por delante, arriando tierra como chocolate, comiendo animales como pochoclos. Quiere bajar rápido de peso pero ha podido la mitad, que igual es un montón de presión menos para los allegados a la chacra, pues ellos tambien sufren del vendaval que se arremolina en su enderedor. Es ciclón al roncar cuando duerme, y de su boca abierta aun desaparecen moscas, mosquitos y arañas. y si erupta sale de todo menos aire de la barriga. Hasta que vos llegaste todo estaba patas para arriba: El tal Fulgencio, cura que presidiera las dos bodas, en realidad se llama Alberto; la verdad que me cayó como malaria, Centurión de apellido y resultó ser un fiasco, no es para nada un religioso previo seminarista, sino un preso cualunque en condición de libertal condicional, que debe cumplir en la iglesia con los pasos de una probeishón. Y resulta que el muchacho ahora sufre de delirio místico y quiere ser cura en serio. Otros dicen que quiere pertenecer al staf de la iglesia pues si incurre nuevamente en delito y es regresado al penal lo trasladen a un pabellón menos agresivo.
Pronto, debemos volar y regresar al campo, soy alguién importante y no puedo abandonar mi laguna gigante ayer chacra de arriar animales, oculta en una identidad de compromiso, improvisada historia que debe dejar de ser una verdad absoluta, cual aquella mítica holla inmensa del pozo donde se cocieron mil cabezas de la brava confederación general del trabajo, y además medio zoológico de mi actual segundo marido, nuestro guardaparque Joe que dice ser dueño de todo allí, pero que sabe que juega a seguir para adelante y en mi ayuda. Aguante el monumental acueducto, bendita realización pronta a dar paso previo al paso del agua de la abismal marea, oronda cuenca bestialidad del rio, sangre del mundo frente al corazonazo del estuario del Plata. Que ahora entiendo como una obra monumental hecha por mi marido, cual la táctica suya de quebrar la costra riendo famélica de hacer solo maldades. Futuro espejo de agua que alumbrará la mañana de caricias redundantes en el silencio de la lejanía que inspira el campo, poniendo brillo nuevo al bullicio que sucumbirá ante esa coraza. Y lo digo orgullosa pues la tosca del fondo igual me pertenece, palada a palada hecha por mi marido, donde con la próxima marea de hecho habrá de suceder la inaguración definitiva, pues el otro evento de las diez mil fogatas, aunque surrealista para bien, terminó siendo un banquete de película inolvidable, con ese pozo cual una paellera al servicio de una receta infinita, bruto evento porfiado e irrepetible, si se quiere extra exponencial e incandecente de luz cegadora. Para la inaguración además tendremos como broche que estará rodeada de mesas con manteles blancos, velas y tulipas, para una cena de gala tranquila, donde se comerá del guiso frizeado que sobrara de aquella vez formidable donde se hizo aquel gran puchero. Vendrán chef del mundo entero para degustar esa magnífica comida. De a poco estoy engordando y volviendo a ser aquella Mabel espléndida, que ya mismo tengo que poner faja en mis pechos, y poner cara de nada, impostación para parecer más demacrada; aunque basta de mentiras piadosas, a volar bajo el poder de tus alas, que me hagan hacer sacudir lo que sobre de la verdad. Es una lotería fijar el día de la inaguración de la laguna, estamos con los utensillos cual campanas de largada supeditados a los factores de la marea, y aunque el clima se empilche de un huracán, igual con paraguas y pilotos debemos estar presentes aquel día, me gustaría que usted Loro venga conmigo como invitado de super honor.
Es de razonar que mejor me tome de los hombros, allí vamos, caramba apenas levantamos vuelo y ya logro ver el bosque, con los árboles de nuevo florecidos como de primicias que las rotativas atesoran. No hacen falta víveres que ya estamos llegando, y alrededor de mi entorno logro ver la estampa del Ignacio sentado en una manija redonda de los grifos. Cuidado no vaya a embestir aquella bandada de golondrinas, que olgadamente hay espacio para circular sin peligro, ligado a que el día parece un disfraz de canario. Siento que mi sonrisa suave apenas estirada por la acción del aire deschaba al mundo mi fascinación libre de convenio con el pasado, dúctil y maleable estoy al reves del que corre preocupado, feliz de sentirme protegida. Aun se divisa en la banquina antiguas huellas del paro de camioneros y del campo, más el aroma del aire sabe cual uvas que habitan en el parral del fondo, siga chanchero aquel reflejo del molino que a la vuelta debemos aterrizar. No, pare, aguarde un momento más y realice otro vuelo rasante, que allí viene el ignacio; aparejo colgando de las orejas que parece un pelotudo monstruo en catarata de amor de bienvenida. Venga marido y estréchame en tus brazos que no soy aquella Rita sino tu amada Mabel, en ameno escapar del zoológico, con éste mi difusor de viento de nobles alas. Atormentada la deficiencia aterrizamos mejor que la plaga hambrienta que en millones fueron un armario vacío de condolencia.
Hola mi amor, que deseando estoy, y no soy Rita, con el alma en la palma volver las cosas a su sitio, basta de hacer proliferar el desconcierto, debemos consolidar el proyecto del estuario conmigo a la cabeza, deseo disuadir al mundo sumando coherencia al hecho de ser la propietaria al pie del cañón, excepto que tratándose de los aplauso rabiosos de fanáticos mariquitas, siempre tomo lo que hay como de quien viene, igual mi ilustre familia de brutos gallegos.
Marido mio, ladrillos de oro de un monumento de faraones eres, aunque ya mismo es hora de añadir cordura, alejar la difteria de la enajenación, más zafar de una buena vez por todas de la cruel locura. Debemos seguir casados pero en camas separadas, basta de tragedia, mejor será que te mudes al granero y que los eruptos radiactivos los padezca la paja seca. Te amo mucho y te admiro, mas no deseo alejarme de mis pertenencias, y si lo tuyo vale algo, más valdrá si nadie queda lastimado. Que hasta ayer en la pigmentación me salían atroces erupciones, que ahora el alma dice basta de ulterio descalabro. Me alegra verte de sonrisa complaciente, que en ocasiones aisladas fueron un rehusar de mi autoridad natural, haciéndome ceder el mando antes que hacinar contrariedades de sucumbir en el anonimato. Mi caracter está parduzco de ajustarse al rujir de los avatares molestos, con apenas chance de soñar una quimera. Pronto llegará la marea y la inaguración, y aquellos sabrosos manjares conservados serán ofrecidos al público con nosotros haciendo de mozos. No quiero hartar tu pasiencia y dejarte ir sin antes tomar una foto con el loro amigo cruzando el ala cual abrazo compadre. Ya habrá tiempo para que te cuente lo sucedido, ahora mejor toma tus pertenencias y múdate al granero. Yo luego iré bordeando el estanque a ovillarme en tus pliegos. Lo escabroso no pudo doblegar nuestra moralidad, más ya verás que de aquel albedrío impío habrán de renacer nuevas agendas de hacer la reverencia, donde se irá a escribir una historia muy peculiar, sin envidias, pues será genuinamente extraordinaria. Vamos a convocar al pueblo para la inaguración de la laguna, y cientos de mesas de bote a bote con manteles blancos rodearan la costa, con otros campamentos en la retaguardia que habrán de colmar las instalaciones; de integro caracter recibiremos a los visitantes y el amargo sabor de los contratiempos será una bicoca, nada más que melodrama de chiste imbécil. Quiero que sepas que nuestra criada Hortencia, de pudorosa inspiración de tus hazañas de por medio de la voluntad alcanzar lo inverosimíl, ha decidido, sin faltar al trabajo ni calcular el tiempo, terminar la secundaria y continuar estudiando la carrera de periodismo. Con solo esta paritaria, hombre, has podido refutar mi incertidumbre y ahora a mi me sobra para reconocer tu devota labor en favor del desarrollo humano, a pulmón y sin suspicacias. Me honra saber que nada logra claudicarte, y que de porvenir exitoso, eres intachable hacedor de lo imposible. Con todo amo las rectitudes de este amigo loro decente, ahora mejor permite que regrese a la reserva que de allí pertenece.

Texto agregado el 06-01-2019, y leído por 12 visitantes. (0 votos)


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