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La sirena del anaquel
Aquel lector leyó el poema parado frente a los estantes. El verso decía convencido:

Quiero decirte marino,

que navegas el lenguaje:

que mi canto te toque,

es lo que espero.

Que te roce mi canto, dije,

con sus manos piel de terciopelo,

con sus deseos de cómplice tierno.

Porque mi acantilado envejece,

y vivo en la roca hecha de estos versos.

De estas sombras vengo y te llamo:

Donde has estado navegante?,

que quema la espera mi garganta.

En este mi canto,

te ruego viajante:

sácame de este lugar muerto,

y quedémonos en el fresco corazón tuyo.

Ya no quiero ser un espectro en los libros,

Ya no quiero vivir sin amor como papel seco.

Te doy todo esto:

Mis palabras,

y las dos lunas que son mis pechos,

junto a mi lozanía tierna.

Llena mi vacío,

pon aquí tus sueños.

Que recuperen mis largos cabellos,

la alegría del viento fresco.

Mira con ojos nautas mis nubes grises,

mira mi lindura guardada,

y pierda tu pasión la cordura.

No me preguntes como nací sirena,

ocúltate conmigo en el verso,

y cúrame con tus remedios.

En la repisa estaba la morada de la sirena, ella atrajo a este incauto buscador. Pero la preciosidad de la musa no era de este mundo, aunque ella vivía en el papel. Ahí la vio el trovador.

Y este ensueño de alegría, que hasta parecía una alborada hecha palabras. En la ilusión del amor pierde hasta el guerrero más experto. Un enamorado más que se pierde en un sueño blanco, que deviene en una muerte sin destellos.

Pero la sirena nunca avisa que la lógica del mundo no explica estos romances únicos.

La sirena esperaba a todos los incautos y pobres de afecto. Ella esta ataviada de belleza con idilios de cuentos, los amores que siempre serán de dos seres, la más pura poesía.

El sol se va y muere en el ocaso. Los estantes parecen vacíos, porque están sin vida. Hay mucho frío, el fresco que ya no tiene alma, el cuerpo que ya no siente. Un recuerdo, solo un recuerdo.

Ya no busca el rimador el amor esquivo, ahora en el verso el retiro era compañía. Era un romance que habitaba en sueños, esta lira solo evocaba el encuentro, que será olvido en medio de los libros. Y tan solo quedan las testigos de estas nupcias de pétalos negros: que son las hojas con poemas.

Quedó atrapado el poeta por ella, ya no necesitaba el bardo más vigilia, pues ya dormía en un sueño, sueño de ayer, sueño de hoy, exaltación eterna.

Junto al cuerpo frío, yace la cartilla. Así la leyó el policía, con voz sonante y áspera. Dijo el oficial este título: “La sirena del anaquel”.

Texto agregado el 05-02-2019, y leído por 15 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
05-02-2019 Me gustó mucho tu escrito. Saludos, sheisan
05-02-2019 magia y hermosura tus letras yosoyasi
05-02-2019 Una historia muy digna de la magia de las sirenas. Me encantan y así también todo lo relacionado con ellas. Saludos de una amante de las sirenas, desde el centro de Chile. bellaan
 
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