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Faltaban pocos días para la boda, Gustavo estaba algo nervioso, no podía dormir y sentía la sensación de que iba directo a su destrucción. Todo el día estaba con las manos traspiradas y veía lo que a su alrededor se desarrollaba como si fuera una mala película, en la que él, más que protagonista era el último extra.

Lo peor de todo era la noche; cuando lograba conciliar el sueño, se aparecía su dulce noviecita convertida en un vampiro de afilados colmillos y ojos demoníacos corriéndolo por cuanto rincón del sueño hubiera buscado para esconderse, tratando de chuparle la sangre. Felizmente del susto se despertaba y nunca se enteró que hubiera pasado si eso no ocurría.

Su madre casi se desmaya el día que lo encontró dormido, pero con la cama llena de dientes de ajo a su alrededor y una pesada cruz metálica entre las manos. Cuando le preguntó si estaba loco, el rápidamente le contestó que si, que estaba loco de haber pensado en casarse con esa temible y diabólica mujer de la cual se había enamorado y a la que, a su vez, temía desesperadamente. Quería huir, mínimo a China, lugar al que Eliana probablemente no lo seguiría, porque no le gustaba la comida china. ¡Y claro! pensó-¡que comida china ni mil demonios!, ella quería devorárselo a él. Estaba seguro.

La madre se largó a reír de forma escandalosa y le dijo que eso se llamaba el síndrome del solterón a punto de claudicar y que no se preocupara, que a su padre le había pasado algo similar, pero que su obsesión, en ese entonces, había sido que su esposa era la reencarnación de una bruja de Salem que quería transformarlo en un autómata. Mirando a su padre, leyendo el diario y completamente alejado de lo que a su alrededor ocurría, Gustavo no se tranquilizó, hacía años que lo escuchaba solo decir dos palabras..........¡Sí, querida!.

La cuestión es que cuando Gustavo se dio cuenta, estaba casándose con una Eliana emocionada y llorosa, que se veía bella como un hada con su precioso vestido blanco. Él también lloraba (de terror), y los invitados también lloraban viendo a un novio tan enamorado que miraba hipnotizado a su amor, mientras incontenibles lágrimas surcaban torrencialmente su rostro. En realidad fue una boda de lo más emotiva y húmeda.

Horas después de la ceremonia, los felices y aún llorosos novios (más él que ella) partieron de luna de miel a Transilvania, de donde era oriunda la familia de Eliana.


La Luna de Miel

Cuando subieron al avión que los llevaría a su feliz destino, Gustavo estaba casi desmayado de terror; las azafatas sonreían cómplices al ver a ese grandulón que parecía un borracho enamorado y a su dulce y joven esposa. Ella estaba muy tranquila y sonriente y él, tenía un susto que se lo llevaba el diablo, con el perdón de la palabra.

Algo que llamaba la atención de la tripulación, era la enorme cadena con una tremenda cruz que el joven llevaba en su cuello, un conjunto tan descomunal, que parecía que doblaba en dos su alta y delgada figura.

Él se mantuvo con los ojos extrañamente abiertos durante todo el viaje, al contrario que su encantadora esposa que durmió tranquila no bien el avión tomó vuelo y despertó con una dulce sonrisa al percatarse que aterrizaban en una Transilvania, cubierta por una húmeda y cerrada neblina.

En la puerta del aeropuerto tomaron un desvencijado taxi, cuyo conductor haciendo gala de una inconsciencia total, arrancó violentamente y se dirigió audazmente sorteando vehículos como en una carrera de obstáculos, hacia la dirección que la vocecita suave de Eliana le había dado en un idioma que le asemejó chino básico a su cada vez más atemorizado marido y que hizo que el chofer la mirara a través del espejo retrovisor de forma extraña.

Al llegar y con un chirrido descomunal de frenos, el taxista se apeó ágilmente y sin mediar palabras descargó el equipaje sobre el húmedo suelo y subiendo nuevamente al vehículo, se alejó rápidamente del lugar sin mediar palabras, dejando a la asombrada pareja frente a un viejo y descomunal castillo de grises paredes.

Gustavo, a quien ya hacía horas las piernas le temblaban como si hubiera sido atacado por un prematuro Mal de Parkinson, intentó dar de inmediato la vuelta y alejarse del tenebroso lugar, más una pequeña pero firme manito, se lo impidió, obligándolo a subir del brazo de su amada por las escalinatas de ingreso al sepulcro, perdón, a la mansión.

Sacando un manojo de viejas llaves de su cartera, Eliana abrió la inmensa puerta de acceso, encontrándose sus ojos gratamente sorprendidos ante la belleza del lugar, con sus tapices, alfombras y candelabros y un inmenso hogar a leña, donde crepitaban alegremente unos grandes leños, cuyas chispas presagiaban la pasión que sería principal protagonista de la bella luna de miel que ambos disfrutarían en ese encantador lugar.

Nueve meses más tarde, Eliana dio a luz a un hermoso y rubicundo niño que había sido gestado durante esa maravillosa luna de miel, en la que Gustavo dejó finalmente sus recelos de lado y disfrutó con plenitud de cada momento. El orgulloso padre recibió en sus brazos a su primogénito con una amplia sonrisa en el rostro, que solo se enturbió, cuando el pequeñin soltó el llanto asustado al notar la gran cruz sobre su pecho y por un segundo alcanzó a divisar dentro de la redondita y preciosa boca del bebé, un par de blancas perlitas que semejaban pequeños colmillitos.

María Magdalena Gabetta

Texto agregado el 04-03-2019, y leído por 59 visitantes. (9 votos)


Lectores Opinan
05-03-2019 Entonces nació un vampirito, y me pregunto de dónde le vendrían los genes,... Me quedo dudando si era vampiresa o los miedos del novio hacia ella eran infundados! daiana
05-03-2019 coincido con sheisan... pobre madre seroma2
05-03-2019 No lo puedo creer !!!!!!!!!!!!!Tú, Magdalena, hija mía.Te pasaste Me alegraste el día Yvette27
04-03-2019 Me dejé atrapar con tu maestría. Confieso que dudé al principio, tuve un poco de miedo después, pero al final salí contento. MUY BUENO!!!! Abunayelma
04-03-2019 Ay.. que bebito.. no dejo de pensar en la pobre madre a la hora de amamantar.. jajaja. Un abrazo, sheisan
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