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Este cuento lo escribí para mis sobrinos como parte de mi cuento "La Astronauta", aún no lo agregué al librito que estoy armando para ellos porque espero sus comentarios y correcciones. Gracias.

Mis Vacaciones 2019

Estas vacaciones quise hacer con tiempo las reservas para poder viajar a algún lugar especial en el “Resto del Mundo”; pero, en las casillas expendedoras de pasajes para trenes aéreos me encontré con la sorpresa de interminables filas de viajeros ansiosos dispuestos a todo por conseguir un pasaje. Resignada me coloqué al final de una de esas filas, con tanta mala suerte que en el preciso instante que llegaba a la ventanilla, un enorme oso perezoso colgaba el cartelito de “no hay más reservas hasta el año próximo”.

Igualmente difícil fue intentar conseguir pasajes en la “Oruga Cósmica” o los “Ascensores al País de tus Sueños” ni que hablar de los cohetes intergalácticos , que ya de por sí están atiborrados durante todo el año.

Hablé entonces con mi amigo, el Duende Colectivero para, aunque más no fuera, poder viajar en su colectivo estelar que hacía un recorrido bastante bueno entre planetas finalizando en Musicalmundo, un planeta dónde sus habitantes viven cantando y bailando; muy divertido para estar un día, pero dos ya era una locura y quince era un suicido. Igualmente estaba dispuesta a arriesgarme, pero mi amigo se disculpó porque tenía vendido todos los pasajes por varias temporadas y tampoco podría llevarme de polizón ya que ahora viajaba un Guarda Estelar, un puercoespín muy quisquilloso quien ante la menor duda de que todo estuviese en orden, lanzaba sus dolorosas espinas sobre los pasajeros. Le suplique me dejara en el planeta dónde estaba el niño con la rosa o en la vía láctea para visitar a mis amigas las vaquitas, pero él no podía hacer nada por mí y creo que se fue más triste de lo que yo estaba, nunca me había negado nada.

Desilusionada comencé entonces a buscar un destino dentro de mi propio planeta, pero también todo estaba atiborrado, desde las Cataratas de Cristal hasta los Hielos de Dulce de Leche, pasando por las playas del Mar De Cielo. De pronto, en una pequeña agencia de viajes, atendida por una laboriosa y por demás servicial abeja, conseguí un viaje por quince días al País de las Águilas Doradas; un lejano país donde ellas reinan, no era un sitio súper en cuanto a comodidades - dijeron algunos amigos aguafiestas - pero nada pudieron objetar en cuanto a paisajes.

Altos y nevados picos, verdes praderas, campos de flores del sol, lagos de turquesa, así que no lo pensé mucho más y acepté; además, lo que más me atrajo es que era un viaje “all inclusive” y cuyo costo era acorde a mis magros ahorros.

En fin, todo fue perfecto, desde mi despegue a bordo de una enorme águila plateada desde el Aguilódromo, hasta mi llegada al maravilloso hotel-nido enclavado en la roca de una montaña que casi tocaba las nubes y con todas mis necesidades atendidas al instante por águilas preciosas que hasta me daban de comer en la boca. Algo que no debería olvidar comentar a mis amigos aguafiestas.

Una vez instalada, comenzaron las excursiones. Quedé extasiada con un vuelo rasante a bordo de una pequeña águila sobre un prado inmenso poblado de flores parlantes que nos saludaban con sus voces de niños y hasta entonaban bellas canciones al compás de la brisa.

Fueron mágicas mis zambullidas en los mares volcánicos dónde sirenas y delfines acrobáticos jugaban conmigo hasta agotarme y mis duchas en cascadas de aguas diáfanas que fluían de altísimas rocas de cristal.

Nunca olvidaré los atardeceres en las cumbres arropada entre las alas cálidas de una águila madre; ni la música de mil aves cantándole al sol al amanecer; todo fue maravilloso. Sin siquiera haberlo programado realicé un viaje increíble, tuve unas vacaciones fantásticas y no me arrepiento para nada de mi decisión, sobre todo al recordar ese anochecer en que a horcajadas de una inmensa águila de oro, subí tan pero tan alto que las estrellas que comenzaban a encenderse, jugaban con mis cabellos y se divertían provocándome risas con sus caricias de luz.

María Magdalena Gabetta

Texto agregado el 09-03-2019, y leído por 33 visitantes. (7 votos)


Lectores Opinan
10-03-2019 Magda tus desopilantes vacaciones no les falto magia, paisajes maravillosos y una asombrosa imaginación. Me encanto. sensaciones
10-03-2019 Sigo asombrada por tu portentosa imaginación. Recuerdo la primera parte, wow. Te cuento que me pareciste livianita, querida, en honor a mi apellido te subí muy, muy alto y llegamos a las estrellas. MujerDiosa
10-03-2019 gracias por hacernos conocer el legado a tus sobrinos yosoyasi
10-03-2019 Tu relato me trajo a la memoria "Ningun lugar esta lejos" de Richard Bach. Buena y entretenida historia. Saludos desde Iquique Chile. Vejete_rockero-48
10-03-2019 Mira nada m+as lo que hace la constancia. Suerte de estar en el viaje, asi que fueron días que nunca se olvidaran. Besos y rosas amiga. sendero
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