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Inicio / Cuenteros Locales / carlosivankelso / TERROR ASESINO EN BUDAPEST

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La rutina habitual de la estación Budapest Keleti no se alteró. Era un día más en la vida de la capital húngara. Ni siquiera la celebración del Gran Premio de Hungría en la Formula 1 alteró la vida de los húngaros. Sin embargo, del tren proveniente de Salzburgo, no bajó una persona cualquiera. Era La Marquesa de Avila, una noble española, que a pesar de su nobleza era republicana, y a cada rato solía decir tres frases que repetía sin cesar “Viva España”, “Españoles todos, vascos y catalanes incluídos” y “Viva la República”.
Budapest era una de las ciudades europeas preferidas de La Marquesa, por eso al bajarse del tren, elegantemente vestida, comenzó a caminar por la capital húngara. No la visitaba desde los años 30, antes de la Segunda Guerra Mundial, antes de los cuarenta años de régimen comunista en Hungría, la Marquesa fue a la Plaza de los Héroes, camino por la Avenida Andrassy y despues fue al Danubio, a cruzar los Puentes. Notó a Budapest llena de esplendor, como si el tiempo no hubiera pasado, al contrario, le gustó más que antes, seguía siendo la París del Este.
Recordó a sus viejos amores húngaros mirando el Danubio, cruzando de Pest a Buda. Estaban todos muertos por supuesto. Ella había permanecido en un largo letargo desde el fin de la Guerra Civil Española. Tras disfrutar de Budapest, pasó la noche en un lujoso hotel frente al Danubio. Al día siguiente fue a su objetivo: los automovilistas del Gran Premio de Formula 1. No todos, sino dos de ellos: el español Carlos Sainz Vazquez de Castro (“Carlos Sainz Jr”) y el monegasco Charles Leclerc.
Tras las pruebas de clasificación, la Marquesa, muy bien vestida, se acercó a Carlos Sainz Jr. La Marquesa, aunque era nacida en 1688, durante el reinado de Carlos II (“el hechizado”), lucía como una señora de unos cincuenta años, esplendorosa y vital. No estaba sola, la acompañaba Karel, un joven checo que había conocido en Praga.
- Buenas tardes Carlillos – le dijo con su acento español, propio de su región de origen, Castilla y León.
- Buenas tardes, señora, ¿Nos hemos visto antes?
- No en esta vida, Carlillos, ja, ja, quizás en la corte de Carlos III, el rey que hizo la Puerta de Alcalá, en tu bien castizo, madrileño y madridista Madrid. Eres un Carlos muy chulo, un Carlos muy Carlos, bien majo, mi niño. Soy La Marquesa de Avila.
- Gracias Marquesa. Yo creo conocerla, pero bueno, si usted dice que fue en otra vida, pues habrá sido en otra vida. Si es verdad, soy un Carlos muy Carlos. Como mi padre, el campeón de rally, Carlos Sainz.
- Por supuesto, mi niño, por supuesto, oye majo, ¡Viva la República!, os doy este obsequio, espero los disfrutes, no uno, tampoco dos ni tres, cuatro.
La Marquesa le dio una orden a Karel, su acompañante checo. El joven abrió una gran maleta y le entregó a Carlos cuatro enormes hormas de Queso, muy grandes, gigantescas, Carlos se sorprendió por el regalo, pero al mismo tiempo le encantó, quedó fascinado, le encantaba el Queso, sobre los Quesos de Suiza y Holanda, más que los Quesos de España. Iba a agradecerle a la Marquesa de Avila, pero esta desapareció de la vista.
Justo en ese momento, apareció el otro automovilista, Charles Leclerc, el monegasco, con su habla francesa, su cara de francés, de francés caucásico, casi un primo de Antoine Griezmann.
- Fromage! – dijo Charles que en francés significa “Queso”.
- Queso, Charles – le dijo Carlos a Charles – en mi país se dice “Queso” – el monegasco no entendió por lo que Carlos se lo dijo en francés – “Fromage” dans mon pays on dit "Queso".
- Queso – pronunció Charles con dificultad con su acento francés.
Charles le dio a Carlos un cuchillo y juntos comenzaron a cortar los Quesos para comerlos, no podían resistirse, deseaban comer, los ayudantes de los equipos de los dos automovilistas también deseaban recibir su porción de Queso.
- Non, c'est juste pour nous, pour Carlos et pour moi – dijo Charles en francés que significa “No, esto es solo para nosotros, para Carlos y para mí”.
- Ich heiße Karl – dijo en alemán uno de los ayudantes, que era un alemán, nacido y criado en Oberstdorf, Alemania, muy patón por cierto, o sea “Yo soy Karl” (Karl 0 Carlos)
- Alors tu peux manger – dijo Charles – les autres dehors (“Entonces tu puedes comer, los demás afuera)
- Danke – dijo el alemán, o sea “Gracias”. Los automovilistas no lo reconocieron pues nada sabían del mundo de los deportes de invierno, pero el alemán era el campeón de esquí Karl Geiger (1).
Quedaron Carlos, Charles y Karl solos comiendo uno de los Quesos. Solos dentro de uno de los boxes. En ese momento aparecieron tres chicas, que eran bailarinas de una revista húngara. Una polaca (“Irenka”), una croata (“Durda”) y una húngara (“Krishka”), del trío “Europe Forever”.
Charles no lo pudo resistir, se tiró al piso con sus zapatillas rojas, y le dijo a la croata:
- Sucer mes chaussures – o sea “Chupame las zapatillas”.
La croata se tiró encima del monegasco, y empezó a chuparle las zapatillas, una y otra vez, se las sacó, Charles quedó en medias, o mejor dicho calcetines, la croata los empezó a chupar, oler, tenían un aroma muy fuerte, típico de los Quesos franceses, se dieron vuelta de un lado a otro, tanto que se metieron dentro de uno de los autos de Fórmula 1.
Allí estaba Charles y la bailarina croata, cogiendo dentro del auto, el le chupó las tetas y la concha, ella la pija, los pies y el culo. Le hizo cosquillas en todo el cuerpo, a Charles le gustó mucho. La penetró dentro del auto, por el culo y la vagina. El sexo entre el monegasco y la croata fue impresionante.
El conductor tomó una gran botella de champagne, de las que se usan para festejar los triunfos del automovilismo, le tiró encima el champagne a la croata, la baño con el champagne, por todo el cuerpo.
Aún dentro del auto, el baño con champagne fue algo sublime para la modelo croata, el monegasco tomó la botella vacía y la levantó.
- Što radiš, Charles? (¿Qué haces Charles?) – preguntó la croata.
Charles agarró la botella y se la rompió en la cabeza a la croata, la contusión fue enorme, para asegurarse el asesinarla, el conductor monegasco tomó uno de los pedazos de la botella de champagne y le cortó el cuello a la modelo croata.
- Fromage – dijo en francés Charles Leclerc y en castellano pronunció – Queso – mientras tiraba el Queso sobre el cadáver de la chica a la que acababa de asesinar.
Mientras tanto, el español Carlos Sainz Jr se quedó con Krishka, la húngara, el automovilista madrileño dijo en su lengua, que es la nuestra:
- Te llenaré de goles como si fuera un partido de la Furia Española con la selección húngara, o del Real Madrid, mi Madrid, con el Ferencvaros de Budapest.
La húngara no entendió nada, pero le sacó las zapatillas y las medias al español, y empezó a chuparle los pies, el olor a Queso del automovilista madrileño era impresionante, le chupó, lamió, besó y olió los pies, una y otra vez, con furia y salvajismo.
- A lábad szaga, mint a sajt – dijo la húngara, o sea “tus pies huelen a Queso”.
Se metieron dentro del auto de F1, como estaban haciendo Leclerc y la croata en el mismo momento, y ahí adentro, Carlos empezó a acariciarla por todo el cuerpo, cosquillas por todos lados, le chupó la concha, las tetas, ella le chupó el culo, el la penetró por la vagina, con furia y salvajismo. A la húngara le gustó esa sangre española, propia de la tierra de los toros.
Salieron del auto, Carlos tomo una de las mangueras que se usan en la F1 para cargar gasolina, le rodeó el cuello a la húngara con la misma, y empezó a estrangularla.
- Aaaaaaaaajjjjjjjjjjjjjjjjjjjjj – agonizó entre gemidos la húngara mientras era estrangulada.
Cuando terminó, Carlos tomó el Queso y lo tiró sobre el cadáver de la húngara, diciendo:
- Queso.
Mientras esto pasaba con Carlos Sainz Jr y Charles Leclerc, nos queda el encuentro entre Karl Geiger y la polaca, llamada Irenka. La polaca se tiró al piso y empezó a sacarle las medias y los borceguíes de nieve al campeón de esquí, si, porque Karl estaba vestido así, con su ropa de esquí, se la puso ni bien se fueron los demás integrantes de la escudería.
Una vez que el esquiador alemán se quedó desnudo, la polaca empezó a olerle, chuparle, lamerle y besarle los pies, una y otra vez. Le encantó a la polaca, mientras el alemán gozaba de satisfacción.
- Jesteś wspaniałym serem – dijo la polaca (“Sos un Quesón”).
- Ich bin ein Käse, der Käse des Skis, der Käse der Alpen – respondió el alemán (“Soy un Quesón, el Quesón del ski, el Quesón de los Alpes).
La polaca le empezó a hacer cosquillas en la pija, mientras el alemán respondió con caricias y chupadas en las tetas, despues ella le hizo una fellatio, y el la penetró por todos lados, el sexo fue intenso, al terminar, el alemán, fiel a su condición de esquiador, y al vivir rodeado de nieve y hielo, agarró un picahielos, y se lo hundió a la polaca, en el medio de las dos tetas. La herida fue tan profunda, que la polaca se desangró y no fue necesario otras heridas, quedó ahí desengrada.
- Kase – dijo Karl en alemán – Queso – agregó en castellano, mientras tiraba el Queso sobre el cadáver de Irenka – Von nun an werde ich Karl Kase sein, der Mörder der Alpen – agregó (“de ahora en más seré Carlos Queso, el asesino de los Alpes).
Los tres Quesones dieron por finalizada su tarea, pero no satisfechos del todo, cada uno tomó el cadáver de la mujer a la que habían asesinado, y los empalaron en tres palos, clavando los Quesos en la punta de cada palo. Los Quesones se fueron del lugar. Pero rápidamente llegó la Marquesa de Avila que dijo:
- ¡Sabía que Budapest me recobraría mi vitalidad y energía! ¡Amo a esta ciudad! – y además repitió lo mismo pero en húngaro - Tudtam, hogy Budapest visszanyerheti életem és energiámat! Szeretem ezt a várost!
Dicen que Budapest, a ambos lados del Danubio, en Buda y en Pest, se cubrió de una extraña luz por uno o dos segundos, algunos la vieron, otros la ignoraron, pero este Relato Quesón ha finalizado.

(1) Karl Geiger en inglés https://en.wikipedia.org/wiki/Karl_Geiger y en alemán https://de.wikipedia.org/wiki/Karl_Geiger_(Skispringer) no existe la página de Wikipedia en español

Texto agregado el 19-05-2019, y leído por 45 visitantes. (0 votos)


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