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Inicio / Cuenteros Locales / Marcelo_Arrizabalaga / ¡Madre mía, qué familia!

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Ahora que lo pienso, creo que nunca tuve bien en claro cuántos somos.
Entre hermanos, padres, abuelos, tíos, y si sumamos las frecuentes visitas de vecinos, parientes y amigos no queda mucho espacio para la calma.

Además somos de familia italiana.

A veces creo que a mi gato Alfonso le hubiese gustado mucho ser un gato de algún matrimonio mayor. Preferentemente una pareja de ingleses. Y sentarse a ver cómo se desarrolla una serena conversación mientras se saborea un delicioso té.

Pero no. Se hizo acreedor a una casa bastante animada.
Nunca ha hecho ningún planteo pidiendo menos gritos o cosas así, pero yo lo conozco.
Cierra sus ojitos durante un segundo, y luego se levanta para marcharse silencioso, cuando todos estallan en una carcajada, celebrando alguna anécdota del tío Giacomino.

Y yo, aunque los amo con locura, tengo mis momentos en los que también busco un poco de silencio.
Me gusta leer de madrugada, sentado en la cocina mientras tomo unos mates.

Es cuando él aparece.

Se apoltrona en su almohadón preferido, y me mira de una manera muy especial.
Tengo la costumbre de leerle en voz baja, algunos párrafos que considero interesantes como para compartir. No puedo evitarlo.
En casa se lee poco y se escucha menos, pues la costumbre saludable es hablar todos al mismo tiempo.

En cambio, Alfonso, tiene esa cualidad especial: sabe escuchar.
Pero no crean que pueda darle lo mismo cualquier cosa.
Recuerdo una vez en mi adolescencia, cuando le leí mi primer cuento, que acababa de escribir. Cerró sus ojos con desagrado y se retiró despacio.
Otras veces, leyéndole algún ensayo de Ernesto Sábato, compartí con él un capítulo entero que me resultaba interesante. Me miró muy atento, sin pestañear. Y cuando terminé se incorporó para saltar sobre mis piernas y ronronear.
Fue su forma de decirme que estaba buenísimo.

Cómo me gustaría que me ayudara a decidir sobre temas importantes.
No es que no tenga amigos a quienes confiar ciertas cosas. Pero, hay temas sutiles, que a mi humilde entender, se les escapa a la sesera de mis queridas cabezas huecas.

Hace tres años conocí a mi novia, Roma. Realmente nos queremos mucho. Y aunque nos peleamos fuerte algunas veces, finalmente nos reacomodamos.

Sucede que mi hermana tiene una amiga. Estudian juntas en la universidad.
Se acerca un examen final, y se la ha traído a casa para estudiar con ella.

Como si fuéramos pocos, lleva aquí una semana. Duermen juntas y comen con nosotros. Parece que le caigo bien. O demasiado bien. Según mi hermana se ha enamorado de mí.

Me perturba un poco su presencia. No es desagradable en su forma de ser. Y la naturaleza la ha dotado generosamente.
Me he encontrado en los últimos días haciéndome planteos…sobre posibilidades.
Cambios de rumbo. No sé.

¡Epa! Es ella. ¿Qué hace en la cocina a las tres de la mañana?

Me dice sonriendo:

-Hola.Tenía sed.

Sonrío sin decir palabra.

Deja el vaso en la mesada. Antes de retirarse agrega:

-Vos y yo, podríamos hacer buena pareja.

Se va. Quedo perturbado.

Mis ojos se encuentran con la cara de Alfonso que me está mirando fijo. A continuación cierra sus ojos con desagrado y se marcha silencioso.

Cierro mi libro. Quedo en silencio por un buen rato.

Tomo el teléfono y la llamo.

-Hola, Roma. No, no pasa nada. Solo llamé para decirte que te quiero.

-Ay, me asustaste. Son las cuatro de la mañana. Yo también te quiero. Dormí, bobo.

Cuelgo. Me siento aliviado.

Alfonso regresa para treparse sobre mis piernas. Se acomoda con confianza.

Me mira profundo a los ojos y ronronea.

.


.


Marcelo Arrizabalaga.
Buenos Aires, 27/5/2019.

Texto agregado el 28-05-2019, y leído por 92 visitantes. (9 votos)


Lectores Opinan
12-07-2019 Que buen cuento. Me gustan los gatos por esa expresividad que aunque mezquina, deja en claro sus deseos. En tu caso, ese gato es un sabio que sabe todo lo de la familia y de seguro sale a comentarlo en los tejados. Pero lo disimula, claro está. Un abrazo. guidos
15-06-2019 Lindo comienzo de una historia de dos, con un crítico testigo. Me gustó. mitsy
05-06-2019 A mi también me pareció fantástico. Los gatos son testigos mudos que nos auscultan, acompañan y abrazan con su andar sigiloso y ronroneo. Martilu
30-05-2019 Los gatos somos acompañantes silenciosos. Me gustó mucho el cuento 5* Le paso un tip: cuando un gato lo mire y cierre sus ojos como un pestañeo significa que está todo bien, que se siente seguro. Cuando vea a un gato por primer vez hágalo Ud. primero y si le responde, seguramente podrá acercarse a él. Los leones son de costumbres similares, pero no e aconsejo que se pare frente a uno y le pestañee XD ElGato
29-05-2019 tus cuentos tienen un sello muy personal y este está muy original y con humor yosoyasi
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