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DINAMITA

No hay plazo que no se cumpla. Es posible que sea difícil. Valdrá la pena. Me prepare como nunca, todo boxeador mexicano es ferozmente combativo y con un corazón enorme. Entre las doce cuerdas se define quien es el mejor. Uno a uno.

Ese payaso me ha insultado, ha insultado a mi raza. Orgullosamente azteca, altiva. Brinco sobre la punta de los pies, aun en el vestidor. El sonido de la pelea previa me llega apagado. Largos meses de preparación, levantarme a las seis de la mañana y correr a las faldas del volcán Xinantécatl, mínimo ocho kilómetros. Después un desayuno ligero: yogurt y frutas. Al medio día rounds con sparrings, conforme se acerca la pelea, aumenta la intensidad, se llegan a soltar los puños con fuerza. No hay problema. Todos sabemos el objetivo.

Me vendan los nudillos. El viejo Gabriel es un experto. Lleva años en esto. No permito que nadie más lo haga. Son mis herramientas de trabajo. Aunque cuando me lo propongo, saben acariciar con ternura. Hay una muñequita rubia que me ha robado el sueño. También lo hago por ella. Termino el calentamiento. Secan el sudor de mi cara. Me ponen la bata de seda en tres colores; verde, blanco y rojo. No podía ser de otra manera. En la espalda dice; “Dinamita” en letras doradas. Mi récord de 23 – 2, lo justifica. 20 de ellas ganadas por nockout. Pido me echen la capucha sobre la cabeza, así permanezco en mi mundo, mientras estalla el universo.

Tocan la puerta del camerino

Es hora

Soy el retador numero uno al campeonato mundial de peso welter del consejo universal de boxeo, Ray “Dinamita” Stevens. Nadie me regalo nada. Destruí a todos los oponentes, el ultimo era muy fuerte. Doce rounds. Decisión unánime a mi favor. Tuve que aceptar un salario bajo. Pelear en su ciudad. Clima caluroso, tropical. Todo en contra, pero… en minutos solo estaremos los dos en el ring. Es un tipo odioso, ha derrotado a varios mexicanos. Se vanagloria de ello. Su mano derecha es un mazo destructor. Con ella finiquita la mayoría de sus combates. Pega como patada de mula. Tengo que mantener mi brazo izquierdo en alto, protegiendo mi mandíbula. No tengo su punch, pero no reparto caricias con mis puños. Si lo pesco mal protegido.

Camino tranquilo rumbo al ring, solo un haz de luz llena mi ruta. Un intenso abucheo me acompaña. No importa. Ellos no estarán en el ring.

Subo entre la segunda y tercera cuerda. Veo el cuadrilátero. Es grande. Continúo brincando sobre la punta de los pies. Me concentro en la estrategia; cerrarle los espacios, las salidas. Tirar combinaciones rápidas, de preferencia al cuerpo, para restarle velocidad. Retirarme un paso para estar fuera de su alcance. Suena fácil. Ja. Un rugido estruendoso de parte de miles de gargantas me saca de mis cavilaciones. La arena vitorea ruidosamente a su campeón;

Roger “asesino” Gómez, el más temible peleador caribeño de los últimos años. Invicto en 36 combates, ganando 33 de ellos por nockout. Música estruendosa lo acompaña y un sequito de edecanes bellísimas. Parece que fuera a una fiesta… tal vez así sea.

Bailaremos un rato.

Es fuerte, peligroso, decidido. Me gusta.

Yo también.

Sube con rapidez al cuadrilátero, brinca por encima de las cuerdas. Se dirige a los cuatro costados del ring. Saluda. Su gente lo idolatra. Una lluvia de papelitos de colores puebla la arena, con capacidad para quince mil aficionados. De los cuales habrá unos doscientos mexicanos, incluyendo a mi equipo. Pasa cerca de mí, hace una pausa en su baile, me ve directo a los ojos, sonríe burlonamente. Le muestro el protector bucal en una mueca, tal vez parezca una sonrisa.

Falta poco.

La ceremonia protocolaria de los himnos y el referee diciéndonos las reglas duran poco. No chocamos los guantes. Hay mutua antipatía. Ya sin las batas se ve el intenso trabajo en nuestros cuerpos; los músculos abdominales perfectamente marcados, ni un gramo de grasa superflua. Se retiran los seconds. Cesa la música. Se apagan todas las luces, excepto la que está sobre el ring. Me acomodo el protector bucal. Me flexiono al frente tocando con los guantes la punta de mis pies. Veo al referee. Nos llama al centro del ring.

Suena la campana.

Que comience el infierno.



al pie del volcán xinantécatl
toluca, méxico
junio, 2017


ray...



PD:

Texto dedicado a Andy Ruiz que venció a Anthony Joshua, convirtiendose en el primer boxeador mexicano campeón mundial de los pesos pesados

Auuuuuuuu

Texto agregado el 05-06-2019, y leído por 117 visitantes. (13 votos)


Lectores Opinan
13-06-2019 Muy bueno. Marcelo_Arrizabalaga
13-06-2019 Me gustó mucho lo que escribiste hasta el mínimo detalle que solamente quien conoce de boxeo puede dar. No soy amante del box he visto alguna que otra pelea y la he sufrido. Besitos. Magda gmmagdalena
09-06-2019 La disciplina del protagonista se hace obvia en tus descripciones. Tratas el momento previo y de ocupar el ring con admirable realismo. Suerte, Dinamita! daiana
09-06-2019 Que bien. Se nota que tú sabes de box y detallas cada paso. Uno se queda a la espera del desenlace. Ya sabemos quien ganó. Te dejo 10 puntos de mi tarjeta. ¿Digo bien? guidos
06-06-2019 Muy bueno Yar. La narrativa excelente, transmites las situaciones de forma vívida. Felicitaciones. Un abrazo, sheisan
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