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Inicio / Cuenteros Locales / carlosivankelso / EL ESPÍRITU DEL LEÓN PARTE 2 (LA VENGANZA DEL LEÓN)

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Matias Garfunkel, el viudo de Victoria Vanucci, quedó muy mal después del asesinato de su esposa. Si bien siempre fue un alto consumidor de drogas, en calidad y cantidad, el brutal asesinato lo habían convertido en una verdadera piltrafa humana, en una profunda depresión que lo llevaban a consumir drogas y más drogas.
En uno de los pocos momento de lucidez que tuvo en aquellos días, Garfunkel vio a Carlos Bossio, a “Chiquito” Bossio, el mítico arquero de Belgrano, Estúdiantes de La Plata y Lanús, en un reportaje por TV. Carlos Bossio, el Quesón, el asesino de Victoria Vanucci, el asesino de más de mil mujeres a lo largo de una carrera criminal que lleva un cuarto de siglo.
- Ese es el asesino de mi mujer. Debo hacer un esfuerzo y no consumir drogas para tener la lucidez suficiente y llevar a cabo mi venganza. No lo asesinaré, no sufriría nada, sería como si muriera de un infarto, sería muy fácil, ja, ja, debe vivir, vivir muchos años para que pague por todos los asesinatos que cometió, las cientos de mujeres a las que apuñaló y les tiró un Queso. Yo soy como Pablo Rago en “El Secreto de sus ojos”, lo quiero con cadena perpetua, pero perpetua en serio, no los diez o quince años que da el poder judicial, lo atraparé a Bossio, y lo someteré a un juicio justo, no en los Tribunales Oficiales, en un tribunal popular, y luego, si lo condenan, lo tendré prisionero, y lo alimentaré diariamente con un vaso de agua y un pedazo de Queso, ja, ja, sí, de Queso, como le gusta a él, ja, ja. Se que es un asesino de mujeres, que asesinó a muchas mujeres. Será justicia.
Todo este largo discurso, Matías Garfunkel lo grabó en un video que guardo en su computadora y su celular, más una Tablet que tenía por ahí, no lo publicó en las redes sociales, además, lo escribió en Word, con la idea de mandarlo todo en cadena a los medios de comunicación.
En la entrevista que dio por TV “Chiquito” Bossio, Garfunkel escuchó que el ex arquero iría a un evento al que concurrirían muchos deportistas olímpicos, ganadores de medallas, Bossio es medalla de plata en Atlanta 1996, también quizás estarían Carlos Tevez, oro en Atenas 2004, lo mismo que Carlos Delfino, que además también es bronce en Beijing 2008.
- Muchas medallas olímpicas, como en la antigua Grecia, yo los mandaré con los dioses del Olimpo a todos estos forros, ja, ja, la venganza es el placer de los dioses.
Garfunkel sintió la tentación de fumar un porro o de inyectarse cocaína, o al menos aspirar algo.
- No – dijo mientras se frenaba ante la tentación de consumir drogas – debo estar lucido.
Garfunkel agarró una pistola, pero no la cargó con balas, sino con dardos, eran dardos narcotizantes, que le habían quedado de sus aventuras por las Sabanas Africanas, dardos capaces de dormir a un elefante o un rinoceronte.
- Dormiré a Carlos Bossio como si fuera un elefante, ja, ja.
Garfunkel fue al evento de Puerto Madero. Mientras se acercaba olió un fuerte olor a Queso.
- Se nota que están Carlos Bossio, Carlos Delfino, Carlos Tevez y quizás algún otro. Qué olor a Queso.
Al llegar, no lo dejaron pasar. La gente de seguridad le obstruyó el paso.
- Soy Matías Garfunkel, tienen que dejarme pasar. Si o sí.
- No figura en la lista de invitados.
- Yo gané una medalla en los Juegos de la Cocaína en Amsterdam 2010.
- Dejenlo pasar – les dijo un superior a los miembros de la seguridad.
- Pero no figura en el listado, Comisario Miguel – dijo un agente de seguridad.
- Usted es un miembro de una agencia de seguridad – dijo el Comisario – yo soy miembro de la Venerable Policía Federal Argentina.
- Tiene razón – dijo el miembro de la seguridad – La Policía Federal, una institución tan respetable, honesta e impoluta.
Garfunkel entró así a la fiesta, pero el Comisario lo siguió, y le tocó el hombro. Matías se dio vuelta.
- Esto tiene un precio – dijo el Comisario.
- ¿Le parece mil pesos? – dijo Garfunkel.
- Mil dólares y mil euros. No menos.
- No los tengo encima.
- Tiene el celular, hágame una transferencia por Home Banking.
- Lo voy a denunciar Comisario.
- ¿Seguro? Yo a usted lo puedo meter preso por tráfico de armas, venta de drogas, cazar a especies animales protegidas, trata de blancas, contrabando y muchas causas más.
- ¿Cómo es su CBU? – dijo Matías, resignado. Ya estaba adentro, y lo importante era atrapar a Carlos Bossio, el asesino de su mujer. Nada lo iba a detener.
- Aca lo tenes – le dijo el Comisario – ahora son mil quinientos dólares y dos mil quinientos euros, más algunos yens, la moneda japonesa. Doscientos yens. Este es el cambio oficial.
Garfunkel no tuvo más remedio que hacer la transferencia.
- Para usted es solo un cambio, Matías, ja, ja, la Policía Federal se lo agradecerá. ¿Quiero una entrada para el Baile Anual de la Policía?
- ¿El Baile Anual? Bueno, deme una.
- Aca tiene la entrada. Mil dólares más.
- ¿Quéeeeeeeee?
- Llamó a los agentes de seguridad y lo echan señor Garfunkel.
- Aca tiene – Garfunkel hizo otra transferencia.
Garfunkel ya dentro de la fiesta, se mezcló con los invitados, debía encontrar a Carlos Bossio, para atraparlo, sabía donde se encontraría, y no se equivocó. Bossio estaba en la mesa de Quesos, comiendo Queso, lo que más le gustaba hacer, despues de asesinar, obviamente. Junto a Carlos Bossio, estaba Carlos Delfino, también comiendo Queso.
Garfunkel se fue acercando a Carlos Bossio y a Carlos Delfino, iba caminando despacio, pero de repente, un grupo de cuatro mujeres, todas iguales a María Laura Santillán, se mezclaron y lo rodearon a Garfunkel.
Las Santillanas rodearon de tal modo a Garfunkel, que empezaron a toquetearlo por todos lados, y este no pudo evitarlo, se bajó los pantalones y empezó a coger con una de ellas, mientras las otras tenían relaciones lesbicas entre sí, todo eso en medio de la fiesta.
En ese momento, en el escenario, apareció la Marquesa de Avila, que junto al “Sexteto España” comenzaron a interpretar canciones españolas, la Marquesa se lució con “Ay Maricruz” y “Ojos Verdes”. El público la vivo, aunque a Garfunkel le molestó, al contrario, no lo dejaban avanzar.
- Que gallega ladrona – dijo Garfunkel mientras cogía con la Santillana.
- No, es una gran artista. Es la voz de España - respondió la Santillana.
Lo peor para Garfunkel llegó cuando salió al escenario el Comisario Miguel, vestido como andaluz y cantando con la Marquesa de Avila “Las Cosas del Querer”.
- Que corrupto este chabón, increíble – pensó Garfunkel.
- Es el heroe de la patria y de la fe - dijo la Santillana - un policía que cumple con su deber.
Así lo entretuvieron, finalmente terminó de coger con las Santillanas.
- Me entretuvieron - dijo Garfunkel - pero valió la pena, estaban buenas las Santillanas.
Por fin pudo seguir avanzando y cuando llegó a la mesa de Quesos, ni Bossio ni Delfino estaban.
- La puta madre – dijo Garfunkel.
El empresario se alejó de ese lugar masticando bronca, había estado a punto de agarrar a su presa, pero Bossio ya no estaba. Delfino tampoco, que no era el objetivo de Garfunkel, aunque tenía la sospecha que también era un asesino. Con bronca, Garfunkel fue a un costado de la fiesta, y se puso al lado de una cortina. Ahí escuchó una voz femenina, que exclamaba:
- Carlos, Carlos, Carlos – decía la voz femenina.
- Carlos, Carlos, Carlos – dijo otra voz femenina.
Garfunkel entonces se puso detrás de la cortina, espiando, observando a Carlos Bossio con una mujer. Garfunkel creyó reconocerla, le parecía cara conocida. También vio a Carlos Delfino con una mujer, pero Garfunkel puso toda su atención en Bossio.
- Qué pies que tenes – decía la mujer – que pies tan grandes, son enormes, gigantescos.
- ¿Vistes? – le dijo Bossio – No son pies, son Quesos.
En ese momento, Carlos Bossio extendió sus enormes pies talle cincuenta sobre el rostro de la mujer, que empezó a olerlos, besarlos, lamerlos y chuparlos, una y otra vez.
- No creo que el Goyco haya tenido unos pies así – dijo Carlos Bossio.
- ¡Pobre Goyco! – exclamó la mujer - ¡Lo asesinaron hace ya tanto tiempo! La Quesona Asesina se llevó sus zapatos y le tiró un Queso.
- Hoy el Queso te lo tiró yo, Ana Laura – dijo Carlos Bossio, en ese momento, el juego de los pies se convirtió en sexo entre los dos, con “Chiquito” penetrando por la vagina a Ana Laura de parado.
- ¡Claro! – pensó Garfunkel - ¡Es Ana Laura Merlo o Ana Laura Goycochea, la mujer de Sergio Goycochea!
Mientras tanto también Carlos Delfino estaba ahí, con Natalia Graziano, que le chupaba los pies, los gigantesco pies talle cincuenta del basquetbolista, despues pasaron al sexo, al sexo explícito, daban vueltos como un rombo.
- El basquetbolista es un Quesón también. ¡Claro! Es el que asesinó a Valeria Mazza y el que decapita con la katana, ¡También merece la perpetua!
Garfunkel veía la escena con gran fastidio, en parte como le hubiera gustado a él ser quien cogía con esas mujeres, y en parte porque otra vez Bossio (y Delfino) se salían con la suya. Matías levantó el arma que tenía para disparar el dardo narcotizador sobre Carlos Bossio. Despues iría por Delfino. Pero no pudo, el arma se trabó, y el disparo no salió.
- Maldita sea – dijo Matías Garfunkel.
Justo en ese momento, Bossio y Goycochea dejaron de coger, entonces el arquero, cuchillo en mano, se tiró sobre la mujer, y la comenzó a apuñalar en forma salvaje, puñalada va, puñalada viene, una tras otra, cortes en todos lados, tajos, la atacó primero en los pezones, después le dio cuchilladas en todos lados.
Garfunkel otra vez intentó disparar, pero el arma otra vez se trabó. Carlos Bossio seguía apuñalando a Ana Laura, Garfunkel no solo era un espectador de lujo, escondido, ahora sentía como si un extraño poder lo retenía en el piso, sin poder moverse de ahí.
- Maldita sea – dijo Garfunkel.
El cadáver de Ana Laura yacía en el piso, mientras Carlos agarraba un Queso y lo tiró sobre su víctima. Era un Queso Gruyere, con muchos agujeros, muy, pero muy grande.
- Queso – dijo Carlos Bossio.
Carlos Delfino, por su parte, cuando terminó de coger, blandió la katana y ¡raaaaaajjjjjjjjjj! Le arrancó la cabeza a Natalia Graziano, la cabeza cayó al lado de Garfunkel.
- ¡Ay le cortó la cabeza! – dijo Garfunkel.
Ahora sí, Garfunkel pudo moverse y salió de su escondite, diciéndole a Bossio:
- El último Queso que tiraron. Pobre Ana Laura Goycochea, debía haberla salvado, pero la quesoneaste, aunque fue la última mujer a la que quesoneaste. Y vos también, Carlos Delfino, basquetbolista asesino, decapitador de mujeres, maestro de la katana, tendrás tu merecido.
El arquero y el basquetbolista se sorprendieron al ver a Garfunkel, que se acercó a Carlos Bossio, y en tono desafiante, le dijo al asesino:
- Carlos Bossio, aca estoy, ja, ja, llegó la hora de la venganza, asesinaste a Victoria Vanucci, a mi mujer, su sangre, como la sangre de otras mujeres, de las cientos que asesinastes, reclama venganza. Y vos Carlos Delfino, decapitador, ya vas a ver.
- Ja, ja, ja – río Carlos Bossio – asesiné a tantas mujeres que no me puedo acordar de todas. Recién asesiné a Ana Laura Goycochea, pero seguro que dentro de un mes, ya habré asesinado a seis o siete minas más, y quizás ni me acuerde de este crimen, para mí es solo un Queso más ¿Ves ese Queso? – Carlos señaló un Queso con muchos agujeros – Tiene tantos agujeros que es imposible contarlos, con las minas que asesiné me pase lo mismo, asesiné a tantas, a cientos, a miles, que ya no sé cuantas son, quizás sean mil, quizás dos mil.
- Lo mismo digo, yo donde estoy asesinó a mujeres siempre, les cortó la garganta, el cuello, me gustan los cuellos sangrantes, las mujeres decapitadas, ahora asesiné a Natalia Graziano, una mina de mi style, como Brenda Gandini, Valeria Mazza o Julieta Prandi – dijo Carlos Delfino.
- Qué cínicos que son. Quesones asquerosos y repugnantes. Disfruten hablando de estos asesinatos. Pero lo pagaran Carlos, ha llegado la hora de la justicia. Será justicia. Tendrán perpetua para toda la vida.
- Sí, la hora de la justicia – dijo una voz – la justicia del Espíritu de la Sabana Africana, bẹẹni, awọn wakati ti idajọ, idajọ ti awọn ẹmí ti savanna.
Garfunkel se dio vuelta y vio frente a el aun hombre anciano, de raza negra, con aspecto de provenir de lo más profundo de las Sabanas Africanas, un miembro de la tribu masai.
- ¡El Negro! – dijo Garfunkel - ¡El Negro de la Sabana!
- Sí, soy yo, el Espíritu del León reclama justicia.
- ¡Ya asesinaron a Victoria Vanucci! ¡El la mató! – Y señaló a Carlos Bossio – la vida de mi mujer no vale más que la vida de un león. Y este otro – Y señaló a Carlos Delfino – el es el asesino de Valeria Mazza, el basquetbolista asesino, el Quesón decapitador.
- La vida de tu mujer solo valía un Queso, y ese Queso se lo tiró este muchacho, este Carlos – señaló el negro.
- ¡Es un asesino que debe pagar por sus crímenes! ¡Acaba de asesinar a esa mujer inocente! ¡Y el basquetbolista también!
- Sí, es cierto – dijo el negro – es un asesino, pero nosotros no sabemos si esa mujer era inocente, muchas minas que fueron asesinadas por este Carlos seguramente no merecían el Queso, pero otras sí, y tu esposa si lo merecía, yo no puedo juzgar los crímenes de los hombres y de las mujeres, pero sí puedo juzgar a quienes alteran el Espíritu de la Sabana.
- ¡Nooooooooooooo! – gritó Garfunkel.
En ese momento, como salidos de la nada, decenas de miembros de la Tribu Masai aparecieron en el lugar, y junto a ellos, se veían atrás, a leones, leopardos, gorilas, chimpancés, elefantes, rinocerontes, cebras, jirafas, antílopes, gacelas, hipopótamos y suricatas.
- A fe idajọ ododo ododo – decían los Masai, que en su idioma es “Queremos justicia”.
- ¿Qué hacemos con Garfunkel? – le dijo el negro a Carlos Bossio.
- Yo soy un asesino de mujeres – dijo Carlos Bossio
- Y yo también – dijo Carlos Delfino.
- Pero yo soy una asesina de hombres, dejemenlo a mí – era Carla Rebecchi, la jugadora de hockey, la Leona, que estaba invitada en el evento olímpico y se hizo presente en el lugar – además soy una Leona, una Leona, y este tipo junto a su quesoneada esposa, mataron a uno de los nuestros, al Rey León, al espíritu de la Sabana.
- ¡Nooooooooooooooooo! – gritó Garfunkel.
Los Masai rodearon a Garfunkel, y lo desnudaron, atándolo como si fuese la selva. Carla tomó un latigo, y empezó a darle latigazos en la espalda, uno tras otro, los gritos de dolor del empresario eran impresionantes, al terminar la jugadora de hockey agarró el palo y empezó a pegarle a Garfunkel, pero le pegó en el culo, en las piernas, en la espalda, en los brazos, una tortura.
- Cogeme si sos macho – le dijo Carla.
Garfunkel la penetró a Rebecchi, tuvieron sexo, disfrutaron mucho, Garfunkel quedó medio anestesiado, Rebecchi entonces se paró y dejó al empresario sentado en una silla.
- Que venga Dumbo – dijo Carla.
Entró un gran elefante africano macho, un Loxodonta africano, que meo encima de Garfunkel. Después vinieron los gorilas, Maguila y Kong, que agarraron a Garfunkel y lo cogieron por el culo.
- Deben ser los gorilas, deben ser, que andarán por ahí – dijo Carlos Bossio mientras veía la escena.
- ¡Noooooooooooo! ¡Paren esta tortura! ¡Que se termine este sufrimiento!
- Así lo haré – dijo Carla Rebecchi.
La jugadora de hockey se puso los guantes y tomó el palo de hockey. El palo escondía en su interior un puñal, un enorme puñal largo y puntiagudo, Carla tomó aquel puñal y se fue acercando a donde estaba Garfunkel.
Matías le daba espaldas y no veía acercarse a Carla, que lentamente llegó hasta donde estaba el empresario, entonces levantó el puñal y le asestó una brutal puñalada en la nuca.
- Aaaaaaaaajjjjjjjjjjjjjjjjj – fue el grito de dolor y agonía de Garfunkel, mientras Carla le hundía el puñal en la nuca, de manera tan profunda, hasta llegar al mango, de tal manera, que la punta le salía del otro lado.
El cadáver de Garfunkel quedó tumbado en el piso, con el puñal clavado en su nuca. No fueron necesarias más heridas, la asesina entonces cumplió con el ritual.
- Queso – dijo Carla Rebecchi mientras tiraba el Queso sobre el cadáver de Garfunkel.
Los Masai rodearon los cadáveres de Garfunkel y de las dos mujeres asesinadas por Carlos Delfino y Carlos Bossio, el ritual fue cantar “The lion sleeps tonight” y dos canciones del “Rey León”, “Hakuna Matata” y “El ciclo de la vida”.
El negro, el Jefe de la Tribu, cuyo nombre es Babangida, le entregó un Queso gigante a Carlos Delfino y otro a Carlos Bossio.
- Se lo merecen Carlos. La Sabana Africana fue vengada.
Carla Rebecchi, Carlos Bossio y Carlos Delfino, todos juntos, cantando una canción de los Beatles ("All together now") regresaron a la fiesta olímpica. Esta continuo con gran intensidad, la Marquesa de Avila saludó a Babangida, y todos comenzaron a disfrutar juntos de la fiesta. La Marquesa, que era la anfitriona de la fiesta olímpica, dijo:
- Ahora daremos el Queso de Oro al Quesón que además fue campeón olímpico, ganador de una medalla de oro. Estamos hablando de CAAAAARRRRLOOOOOOOOOOOSSSSSSS DEEEEEEEELLLLLFIIIIIINOOOOOO el Basquetbolista Asesino, el Asesino de Valeria Mazza, de Brenda Gandini, de Zaira Nara, de tantas minas quesoneadas.
En medio de una ovación, Carlos Delfino fue a recibir el Queso de Oro, la Marquesa se lo dio en mano.
- Hola Carlitos. Espero que estes bien, la última vez que nos vimos me intimidaste un poco – le dijo la Marquesa en forma amable y risueña mientras saludaba al basquetbolista, con más olor a Queso que nunca.
- No se preocupe, Marquesa, fue solo una broma.
Carlos Delfino agarró el Queso de Oro y gritó:
- ¡QUEEEESSSOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!
Todos lo ovacionaron y el jefe de los Masai, Babangida, gritó:
- A-weema-weh, a-weema-weh, a-weema-weh, a-weema-weh
- A-weema-weh, a-weema-weh, a-weema-weh, a-weema-weh
- A-weema-weh, a-weema-weh, a-weema-weh, a-weema-weh
- A-weema-weh, a-weema-weh, a-weema-weh, a-weema-weh
- In the jungle, the mighty jungle
- The lion sleeps tonight
- In the jungle the quiet jungle
- The lion sleeps tonight
- A-weema-weh, a-weema-weh, a-weema-weh, a-weema-weh
- A-weema-weh, a-weema-weh, a-weema-weh, a-weema-weh
- A-weema-weh, a-weema-weh, a-weema-weh, a-weema-weh
- A-weema-weh, a-weema-weh, a-weema-weh, a-weema-weh

Texto agregado el 15-06-2019, y leído por 35 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
15-06-2019 Veo que ya pasó el uneador y te dejó dos recuerditos. ¿No tendrás por ahí un queso rancio para ofrecérselo? Digo, como cortesía, porque ¿qué haríamos sin ese descerebrado? Esta página no sería la misma. -ZEPOL
 
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