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Inicio / Cuenteros Locales / Vaya_vaya_las_palabras / La inquietud del lunar

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Yo tenía un lunar bastante inquieto. Había nacido conmigo, así que nos conocíamos muy bien. A Mariana le encantaba ese fenómeno de la naturaleza que un día descansaba en mi mejilla y al siguiente hacía de su paradero un absoluto secreto. Sus movimientos eran repentinos. A veces Mariana lo pescaba in fraganti, justo cuando se ponía en marcha sobre mi piel, trazando un camino absolutamente antojadizo. El lunar casi siempre bajaba por mi garganta, sin esquivar la nuez de Adán, y Mariana se quedaba mirándolo con la respiración contenida hasta el último instante en que lo perdía de vista en el cuello de mi camisa. El lunar decidía ocultarse por un tiempo en las partes menos visibles de mi cuerpo. Un dia lo encontré en mi pié derecho y se lo dije a Mariana, pero en voz baja. Creo que ella se quedó admirada, y desde esa vez no transcurrían muchos días hasta que la escuchaba preguntar acerca del lunar. En ocasiones yo le mostraba el dorso de mi mano y le decía aquí está. Pero el lunar tenía períodos de individuo solitario y hubo una semana en que decidió brillar por su ausencia. Por supuesto, Mariana preguntaba por él cada vez que nos veíamos y yo le devolvía como toda respuesta un por ahí debe andar. Era difícil contener la curiosidad de Mariana. En el momento menos pensado sentía sus dedos subiéndome la manga de la camisa hasta cerca del límite que nos habíamos permitido en aquel tiempo. Mariana protestaba conteniendo un quejido, porque tenía que retroceder y dejarle lugar a un misterio por ahora demasiado grande para ser descubierto. Y sería un día más sin que supiera del lunar.

De madrugada a veces Mariana me llamaba por teléfono solamente para saber dónde el lunar estaba en ese momento. Entonces yo tenía que encender la luz y ponerme a buscar por abajo del pijama. El lunar dormía casi siempre en el mismo lugar y cuando se lo dije a Mariana sentí que su voz se encogía de vergüenza y felicidad.

También me gustaban los lunares de Mariana. Se suponía que había muchos otros que me quedaban por conocer. Mi imaginación los inventaba así como la curiosidad de Mariana perseguía mi lunar. Hasta que una noche por fin Mariana lo sorprendió, así como al pasar, y lo miró con tanta intensidad que la piel me quedó ardiendo en ese sitio. Mariana tenía en sus ojos una declaración de guerra, una mordaz intención de tomar prisioneros, y comprendí que esta vez mi lunar ya no podía esconderse en sus lugares habituales, era imposible que lo hiciera por lo menos en mi cuerpo que Mariana iba desnudando y descubriendo y conquistando sin tregua ni piedades del pudor, hasta que por fin llegó la mañana todavía con un último cansancio, con caricias por disfrutar y el cabello de Mariana desparramado sobre la almohada. De pronto se quedó dormida y lo hacia tan profundamente que fue incapaz de ver el lunar que caminaba por su hombro, bajaba por su pecho y se perdía mas abajo. Despertarla hubiera sido una pena, para qué decirle algo que ya era una obviedad, que ya se había consagrado vencedora sobre el nuevo prisionero de su piel.

Texto agregado el 18-06-2019, y leído por 151 visitantes. (15 votos)


Lectores Opinan
26-07-2020 Genial. Me atrapó la historia. No le veo ningún lunar. Bien escrito, con cadencia... Gericos
14-07-2019 Exelente relato.Me deslumbro la narracion. Felicitaciones! jaeltete
30-06-2019 ¡Excelente! martilu
23-06-2019 jajaja ¡qué bueno! Una historia encantadora y una narración impecable ****** Muy bien Saludos Vent
22-06-2019 Que excelente relato. Un lunar travieso que atrapa en tus letras Ahora le pertenecerá a Mariana. Me encantó el final,quiso compartirlos ese lunar travieso***** Besos Victoria 6236013
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