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PARTE 3 DE 3

Las Santillanas, los Faunos y los Monzones rodearon a las Saracatunga, que empezaron a cantar como idiotas, una y otra vez
Todas queremos ser quesoneadas,
ser quesoneadas ser quesoneadas.
Todas queremos un queso de vos.
Toodaass queremos un queso de voooos.
Entraron los Quesones, todos los Quesones, que estaban ahí, las Saracatunga se tiraron al piso, empezaron a oler los pies de los Quesones, eran veinte Quesones, Carlos Bossio, Carlos Delfino, Carlos Fernández Lobbe, Carlos Reich, Carlos Elder, Carlos Roa, Carlos Sandes, Carlos Schattmann, Carlos Luna, Carlos Izquierdoz, Carlos Machado, Carlos Quintana, Carlos Eisler, Carlos Gonella, Carlos Kramer, Carlos Bernal, Carlos Tevez y Carlos Berlocq, más los mellizos Carlos Gerardo Lazcano Miranda (“Charly”) y Carlos Isaac Lazcano Miranda (“Carlitos”), el olor a Queso era impresionante, muy fuerte, apestaban, cada Saracatunga olía los pies de cada Quesón, como una ronda, todas quedaron sometidas a los Quesones, de acuerdo al olor a Queso, cada una eligió con quien coger.
La sala estaba repleta de Quesos, en todos lados, los Monzones, los iban reponiendo a medida que los Quesones lo necesitaban.
Valeria Narvaez, no podía ser de otra manera, fue a coger con Carlos Delfino, el asesino de Valeria Mazza, que también se llevó a Analía González, hicieron un menage a trois, primero con caricias, cosquillas, chupadas en todos lados, despues la penetración y finalmente el basquetbolista agarró la katana y ¡zas! les cortó la cabeza.
- Queso. Queso – dijo Carlos Delfino.
Marina Gnappi y Yessica García fueron con Carlos Sandes, el basquetbolista las cogió con los pies, por el culo, con fuerza, con salvajismo, fiel a su estilo, y al terminar, tomó el machete, y las masacró a machetazos.
- Queso. Queso – dijo Carlos Sandes.
Daniela Viaggimari resultó ser la víctima de Carlos Bossio y María José Alvarez Franco la de Carlos Fernández Lobbe, en realidad las cogieron entre los dos, un rato cada uno, en el momento de apuñalarlas, fueron los dos muy salvajes, dando más de setenta, ochenta cuchillazos.
- Queso – dijo Carlos Bossio
- Queso – dijo Carlos Fernández Lobbe.
Romina Propato quedo con Carlos Quintana, Laura Winter con Carlos Izquierdoz y Andrea Contreras con Carlos Luna, los seis hicieron una fiesta de pies y sexo, de manera muy intensa, hasta que Quintana tomó el hacha y ¡zas! la asesinó a hachazos, Izquierdoz sacó el cuchillo y ¡zas! la cosió de decenas de puñaladas y Luna ¡zas! la asesinó con las shuriken, las estrellas ninja.
- Queso – dijo Carlos Quintana.
- Queso – dijo Carlos Luna.
- Queso – dijo Carlos Izquierdoz.
El modelo paraguayo Carlos Machado, de gran trayectoria en Europa, se quedó con María Celeste Puente, tras someterla a los pies, la cogió por adelante y por atrás, para terminar dándole más de ochenta cuchillazos.
- Queso – dijo Carlos Machado.
Los dos estranguladores, Carlos Elder y Carlos Roa, se quedaron con Gabriela Neyrotte y Fernanda Torresi, respectivamente, entre las dos las sometieron a los pies, obligándolas a oler no solo los pies, sino también las medias y los calcetines, para finalmente los dos agarrar una soga y estrangularlas con furia y salvajismo.
- Queso – dijo Carlos Elder.
- Queso – dijo Carlos Roa.
Petu quedó para Carlos “Charlie” Reich, también la obligó a chuparle los pies, las medias, la cogió con pasión, y la asesinó de una docena de balazos.
- Queso – dijo Carlos Reich.
Carlos Schattmann se quedó con Daniela Zelaya, el basquetbolista usó sus armas ninja, tras someterla a los pies y cogerla, la asesinó con la ninjato, clavándosela en el cuello.
- Queso – dijo Carlos Schattmann.
Mientras tanto, Dana Fleyser, Alejandra Mora y Paula Martínez se quedaron con Carlos Eisler, que como siempre estaba disfrazado de “Zorro”, obviamente las tres disfrutaron de las medias y de los pies de Eisler, esta las fue cogiendo una a una, y las dos que esperaban se tranzaban lesbicamente entre ellas, finalmente Eisler tomó la espada del Zorro y les hizo a cada una la marca “C” de Carlos, las asesinó con frialdad, clavándole la espada en el cuello, como un espadachín.
- Queso. Queso. Queso – dijo Carlos Eisler.
El baño de sangre lo completaron los Mellizos Carlos Gerardo y Carlos Isaac Lazcano Miranda, los rugbiers tucumanos, junto a otros dos sangrientos Quesones, Carlos Tevez, Carlos Berlocq, Carlos Bernal, Carlos Gonella y Carlos Kramer, que se quedaron con las Jau Match, estamos hablando de Fabiana Donato, Catalina Vidal, Monica Voljin, Luciana Zulueta, Gabriela Frezotti, Gabriela Rubí, Sabrina Adamovsky, los Quesones empezaron a someter a los pies y a cogerlas una por una, mientras entre ellas mantenían relaciones lésbicas, en forma intensa, sin parar, los rugbiers, el Quesón de Popstars, el Quesón Fiscal y el Quesón Bailarín, Charly Berlocq y Carlitos Tevez entonces las cogieron con furia, pasión e intensidad. Finalmente las asesinaron sin piedad alguna, en forma salvaje. Los mellizos masacraron a puñaladas a las dos Gabrielas, Frezotti y Rubí; Kramer acuchilló a Adamovsky; Gonella a Voljin; Bernal a Donato, a la que asesinó con el sable; quedaron entonces dos minas más, Zulueta y Vidal, que quedaron entonces para Tevez y Berlocq; Carlitos fue practico, tras violarla, la despachó con ocho balazos; Berlocq, la asesinó también a balazos, usando una especie de revolver que tenía camuflado en una raqueta de tenis, al estilo James Bond.
- Queso. Queso – dijeron los mellizos Carlos Gerardo y Carlos Isaac Lazcano Miranda.
- Queso. Queso. Queso – dijeron Carlos Kramer, Carlos Gonella y Carlos Bernal.
- Queso. Queso – dijeron Carlitos Tevez y Charly Berlocq.
La masacre había sido total, los Quesones tras asesinar a todas las minas tomaron más Quesos y empezaron a gritar todos juntos.
- Queso, Queso, Queso, Queso – así, con furia, sin parar.
Media docena de cámaras puestas por Jichcock filmaron absolutamente todo. Todo quedó registrado, mientras el sanguinario director observaba todo desde una especie de monitoreo, con satisfacción y placer.
Se retiraron de la escena del crimen, los Monzones y las Santillanas fueron agarrando cadáver por cadáver y lo empalaron, quedando una colección de veinte cadáveres por todos lados, con su respectivo Queso, la Marquesa de Avila, dejo de lado su habitual alegría y les ordenó con seriedad.
- Traigan la sangre. Lady Dumitrescu la necesita con urgencia. De lo contrario, se nos va definitivamente.

CAPÍTULO 10 “EL ASESINO DE CAROLINA BALDINI”

Mientras esa lluvia de Sangre y Queso se llevaba a cabo, las nazis Rummenigge y Seeler tenían como prisionera a Carolina Baldini, estaba encadenada, la sometieron a latigazos en forma brutal, la escupían y le hacían todo tipo de vejaciones, como chupadas de culo, tetas, concha, todo el tiempo, Baldini ya no daba más.
- ¡Cholo! ¡Cholo! – gritó desesperada Baldini.
- No vendrá – dijo la Sueca Larsson que apareció ahí – acabó de asesinarlo. Soy una Quesona y lo asesiné.
- Vos venís conmigo – le dijo Fraulein Breitner a la Sueca Larsson – que un Quesón se encargue de Baldini.
Rummenigge y Seeler obedecieron con resignación querían seguir disfrutando de Baldini, pero fueron a ver a los Quesones, que tras la masacre de Queso y Sangre, estaban descansando.
- Una mina debe ser quesoneada – dijo Rummenigge.
- ¿Quién? – pregunto Carlos Bossio.
- Carolina Baldini.
- Uno de nosotros debe hacerlo – dijo Carlos Delfino, que ya blandía la katana.
- Que decida la suerte que Quesón la asesinará – dijo Carlos Sandes, aunque tenía el machete en sus manos.
- Hagamos lo que dijo Carlos Sandes – dijo Carlos Schattmann, mientras soñaba asesinar a Baldini con la ninjato, la sais o la kunai.
Las dos oficiales alemanas pusieron los nombres de los veinte Quesones en un bolillero. La malvada Astrid Breitner fue quien sacó el nombre del Quesón.
- Carlos Ignacio Fernández Lobbe.
Delfino, Sandes y Schattmann recibieron con fastidio el resultado del sorteo, mientras el rugbier festejaba, los Monzones le dieron un cuchillo tipo Rambo y un gran Queso Gruyere. Fernández Lobbe entró con violencia al lugar donde estaba detenida la prisionera.
- Te asesinaré – dijo Fernández Lobbe y le tiró el Queso encima.
- ¡Nooooooooooooooooo! – gritó Baldini desesperada.
El rugbier la sometió a los pies, la obligó a chuparlos, lamerlos y olerlos, una y otra vez, con golpes y patadas, Lobbe intento acariciarla con los guantes y el cuchillo, pero Baldini se resistió, entonces el rugbier no tuvo alternativa, y la cogió con total salvajismo y violencia, al terminar, y temiendo que Baldini muriera de un paro cardíaco, ante el estado en que estaba, Lobbe tuvo que apresurarse y la acuchilló en forma salvaje, le dio como ciento veinte puñaladas.
- Queso – dijo Carlos Ignacio Fernández Lobbe mientras tiraba el Queso.
Una cámara puesta por Jichcock filmó aquel brutal asesinato.

CAPÍTULO 11 “UN QUESO PARA LA SUECA LARSSON”

Mientras Carolina Baldini era asesinada por Carlos Fernández Lobbe, las Santillanas y los Monzones auxiliaban a Lady Dumitrescu, suministrándole la sangre que la rumana necesitaba.
- Nunca la ví tan mal. Ya le dieron mucha sangre pero sigue débil – dijo preocupada la Marquesa de Avila.
- Pienso lo mismo, le estamos trayendo toda la sangre y no reacciona – dijo don Emilio Hardoy.
Los Monzones y las Santillanas le traían más sangre y más sangre de los cadáveres que estaban ahí quesoneados y empalados.
Mientras tanto, Astrid Breitner se quedó a solas con la Sueca Larsson.
- Chupame los pies – dijo Breitner.
- No, no lo haré, soy una Quesona y saldré por ahí a quesonear tipos – dijo Larsson – ya tengo una lista: el malvado Doctor Lotocki, Matias Martín, Matías Ale, algún basquetbolista, algún rugbier, y algún futbolista, que tal Sergio Agüero, ja, ja.
- Me has desobedecido – dijo la malvada nazi – y eso que sos una aria como yo.
- Usted es una delincuente, yo soy una asesina, no perderé el tiempo con usted. Quiero asesinar tipos, quiero tirar Quesos. No perderé el tiempo.
- ¡Rumennigge! ¡Seeler! – gritó desesperada Astrid Breitner.
Las dos oficiales nazis llegaron al lugar, rodearon a la Sueca Larsson, pero esta hizo un fuerte movimiento de piernas, y tumbó en el piso a Rumenigge y Seeler.
- ¡Noooooooooo! – gritó asustada Breitner, mientras Larsson tomaba el Bo, un arma ninja que es una especie de bastón largo y parecía enfrentar a Breitner.
- Soy una asesina de hombres – dijo la Sueca – no me obligue a hacer cosas que no deseo hacer.
- ¿Asesina de hombres? ¡Ja, ja, ja! – se escucharon unas voces masculinas, de repente la Sueca se vio rodeada por los Monzones.
- ¡Los Monzones! ¡Aunque sean clones los asesinaré! – dijo la Sueca.
Pero esta vez no pudo, aunque hizo algunos movimientos interesantes y se resistió con fiereza, los Monzones la cagaron a palos, como buenos boxeadores que eran y la entregaron a los Quesones.
- Asesínenla – dijo Fraulein Breitner – tuvo la chance de elegir, eligió mal y le tocó perder. Un Queso para la Sueca Larsson. Me gustaría ver el asesinato, pero me dicen que Dumitrescu esta muy mal, que se nos va, para nunca volver, quiero estar con ella en sus últimos minutos.
Otro sorteo. Delfino ya tenía la katana, Elder la soga para estrangularla, Eisler la espada del Zorro, pero el ganador resultó ser…
- ¡Carlos Bossio! – exclamó Rummenigge que extrajó la bolilla ganadora.
- Esta mina asesinó al Cholo Simeone, que fue compañero mío en la selección, me parece bien que sea yo quien la asesiné – dijo Bossio.
Los Monzones le dieron el cuchillo y el Queso a Carlos Bossio. El ex arquero de Lanús, Estúdiantes y Belgrano se acercó a la Sueca, que molida a palos por los Monzones, estaba muy débil, Bossio la sometió a los pies, y la Sueca casi no lo pudo aguantar, el olor era asqueroso, repugnante, Bossio se apuró para cogerla, dado la debilidad de la Sueca, y finalmente la apuñaló salvajemente y ferozmente.
- Queso – dijo Carlos Bossio.
Jichcock filmó todo, como había hecho con todo lo que ocurrió en aquel siniestro lugar.

CAPÍTULO 12 “LA MARCA DEL YAGUARETɔ

Lady Dumitrescu ya estaba muy consumida, terriblemente consumida, ya parecía que tenía quinientos años, no se movía, no exhalaba palabra, la sangre que le dieron de las minas quesoneadas y empaladas no alcanzó, Breitner y la Marquesa de Avila estaban ahí viendo como su amiga se iba.
- Es irreversible – dijo llorando don Emilio Hardoy.
- Filmaré esto, quedará para la posteridad – dijo Jichcock.
Los Quesones se pusieron alrededor de Lady Dumitrescu, contemplando como la gran dama se iba de este mundo, despues de tanto tiempo, de sobrevivir a las dos guerras mundiales, de tantos hechizos, aquel hechizo que tanto daño le causo.
- Quiero que mi tumba diga “Lady Dumitrescu, 1892-2019” – dijo Dumitrescu, en lo que parecían ser las últimas palabras de la Lady.
- ¡Noooooooooooooo! – exclamaron todos - ¡No nos deje Lady Dumitrescu!
- En el momento del adiós – dijo resignada la Marquesa de Avila – cantaré “Ojos Verdes” era su canción favorita – la Marquesa empezó a cantar aquella canción “Apoya el quicio de la mansabia, miraba encenderse la noche de Mayo”.
Mientras todos miraban resignados a Dumitrescu, en trance de agonía, apareció el yaguareté, sí aquel yaguareté que se posó encima de Julieta Díaz, la noche en que fue asesinada. Los Quesones, que eran capaces de asesinar a veinte mujeres de un saque, sintieron miedo ante la fiera, el yaguareté rugió y entro en el lugar, se pasó sobre Dumitrescu, abrió sus fauces, parecía que la iba a devorar pero…. No, no, el yaguareté permaneció un rato allí, volvió a rugir y se fue.
- ¡La Sueca Larson! – dijo la Marquesa de Avila - ¡La mina que fue quesoneada por Carlos Bossio!
- Una traidora – dijo Breitner.
Las Santillanas trajeron los cadáveres de la Sueca Larson y de Carolina Baldini, y los dejaron en el piso, con el Queso encima, el yaguareté se acercó y les extrajó toda la sangre, tomó también la sangre regenerada de todas las minas que habían sido quesoneadas, el yaguareté parecía inflado como un globo, muy inflado, parecía contener cientos de litros de sangre, el yaguareté rugió y se acercó a Lady Dumitrescu, puso sus fauces sobre el cuello de la noble rumana, noble por matrimonio, no por linaje.
- ¡Nooooooooooo! – dijo Don Emilio Hardoy.
Todos quedaron paralizados, no podían creer lo que estaban viendo, con la mordida el yaguareté le transmitió toda la sangre a Dumitrescu, toda, la de las veinte minas quesoneadas, la de Baldini, la de la Sueca, Dumitrescu comenzó a recobrar energía, a retroceder su edad, tras varios minutos, estaba otra vez ahí, con una apariencia de treinta años, llena de energía, vitalidad y…. belleza.
- ¡He vuelto! – dijo Lady Dumitrescu.
Todos aplaudieron, la Marquesa lloró de la emoción, Breitner estaba asombrada, los Quesones vivaron a su protectora y benefactora. Pero no había terminado todo, Dumitrescu había resurgido, pero no todo terminó.
Cuando terminó de pasarle la sangre, el yaguareté empezó a tomar forma humana y….
- ¡Orlok Dumitrescu! ¡Has regresado! – dijo la Marquesa.
- Aca estoy, mi bella esposa, noble rumana, noble no por linaje, sino por matrimonio, por nuestro matrimonio, volveremos a Transilvania, a nuestra patria, basta de Quesos por un largo tiempo, si bien amo y respeto a los Quesones.
Así fue el reencuentro de los dos Dumitrescus después de décadas. La Marquesa le dijo a don Emilio:
- Creo que el destino quiere que estemos juntos.
- Así será. El amor nos une para siempre. Que bello es el amor.
- Muy bello es el amor, y tras lo de la Sueca Larsson – dijo Fraulein Breitner – entiendo que debo quedarme con mis dos fieles amigas, Rummenigge y Seeler.
Todos quedaron felices y los Quesones entonces gritaron:
- ¡Queeessssssssssooooooooooooooooooooooooooo!
Y así termina nuestra historia, donde esta vez no solo ha ganado el Queso, sino también el amor.

FIN

Texto agregado el 20-06-2019, y leído por 118 visitantes. (0 votos)


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