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Inicio / Cuenteros Locales / IGnus / La calma que sigue al ¡Bang, bang!

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Recuerdo muy bien ese día, sí. Se veían montones de chicas llorando por las calles. Me causaba bastante pena porque era todas niñas, pero bueno, así es la vida, ¿no?

EL vuelo desde Roma a París estaba demorado varias horas, lo que contribuyó a inervar mi ánimo. ¿Cómo puede una aerolínea despreocuparse de sus clientes y no atenderlos como es debido? Especialmente a quienes como yo, viajamos en primera clase. Creo que merecemos un poquito de respeto.

Estaba muy preocupado por la demora. Mis clientes son muy exigentes y pagan muy bien. Ellos también merecen mucho respeto, y por culpa de esta aerolínea estaba llegando tarde a la reunión.

Finalmente, después de mucho trajinar, logré abordar y llegar a mi asiento. Enseguida lo recliné y comencé a sentirme bastante confortable. Una agradable modorra comenzó a invadirme desde el momento en que el avión despegó; pero por desgracia no duró demasiado.

A los pocos minutos, una azafata anunció que el sistema de aire acondicionado de primera clase tenía un desperfecto, por lo que podríamos comenzar a sentir "un poquito" de calor... ¡Aquello parecía un baño turco! Gruesas gotas de sudor corrían por mi frente. La azafata me sirvió un trago fresco,(por cargo de la aerolínea), que rodó por mi garganta tan rápido que apenas lo sentí.

Un niño a pocos asientos de mí había comenzado a llorar, y alguien detrás de mi asiento estaba tamborileando con sus pies en mi respaldo, al ritmo de algún frenético tema musical, que podía oírse más allá de los enormes auriculares que portaba el "molesto".

Mis nervios comenzaban a crisparse de nuevo. ¿Acaso ni en primera clase se puede viajar con dignidad?

Por suerte para mí, la madre del niño llorón logró calmarlo en pocos minutos, y de alguna parte comenzó a llegar una brisa fresca. Aparentemente alguien tuvo la idea de abrir la puerta que conduce a la parte de atrás del avión, y el aire acondicionado de allí se estaba filtrando de a poco.

Si no fuera por el insistente golpeteo de mi vecino de atrás, el viaje hubiera sido al menos tolerable. Pero ese muchacho con sus auriculares me estaba volviendo loco.

Usted sabe que, un profesional como yo, con una ocupación tan peligrosa y bien remunerada, debe forzosamente poseer nervios de acero. Sin embargo, estaba a punto de perder los estribos.

Muy despacio, extraje entonces mi pistola del interior del maletín que la hacía indetectable en el aeropuerto. Todos los dealers llevamos una, obviamente, por cualquier "inconveniente" que pudiera surgir en nuestro trabajo. Usted sabe, la distribución de drogas tiene sus peligros.

Acoplé el silenciador, y luego apunté por debajo de mi brazo hacia el respaldo de mi asiento. Dos disparos fueron suficientes para "calmar" a mi molesto vecino de asiento. Luego de eso, finalmente pude descansar el resto del viaje.

Lo que yo en ese momento no sabía, señor juez, es que ese muchacho era una celebridad... ¿Justin... algo, no?
Debo admitir que justo antes de disparar, escuché que cantaba algo así como "And I was like baby, baby, baby, oh. Like baby, baby...". Pero por desgracia para él, ¡nunca me gustó ese tipo de música!

Texto agregado el 03-07-2019, y leído por 60 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
04-07-2019 Un relato hilarante y muy bien resuelto. Saludos. maparo55
03-07-2019 Una vez más se cumple aquello de: °A grandes problemas, grandes soluciones°. MUY BUENO!!! Shalom Abunayelma
03-07-2019 Está muy bien, hay que hacerse respetar, qué tanto!!! jijiii... MujerDiosa
 
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