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Inicio / Cuenteros Locales / carlosivankelso / LA CREEPYPASTA DE GRACIELA ALFANO Y CARLOS MONZÓN

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En el año 1979, en algún lugar de la zona norte del gran Buenos Aires, en una mansión de aires aristocráticos y británicos, ocurrió lo que voy a contaros a continuación, una historia que por razones de fuerza mayor, ajenas a nuestra voluntad, quizás por los personajes involucrados, permaneció oculta hasta hoy.
Con veintiséis años de edad, la carrera de Graciela Alfano se encontraba en su punto culmine por aquellos años, y ya había protagonizado Obras Maestras de la Cinematografía Argentina, como por ejemplo “La Nona” o “La aventura de los Paraguas Asesinos”, ese mismo año, o “Fotógrafo de Señoras” con el inolvidable Gordo Porcel, el año anterior. Muchos dicen que ese encumbramiento de Alfano en aquellos años, más allá de su belleza y de sus indiscutibles dotes artísticos, que le sobraban, se debía a la influencia de un marino por importante en ese tiempo. No daremos el nombre de ese personaje, solo diremos que era un ser siniestro y oscuro, una de las personalidades más importantes de aquellos años en la Argentina. Diciendo que era Almirante, sin dar su nombre, ya decimos todo. Se dice y se decía que Alfano era amante de este deleznable ser.
Lo cierto es que una tarde de 1979, Alfano concurrió a una importante reunión social en algún lugar del Tigre, una casona británica, como ya dijimos más arriba.
Era el cumpleaños del Almirante, el ser deleznable, en aquella tarde de primavera, y destacados militares, empresarios, deportistas y artistas se hicieron presentes. Políticos ninguno, porque no existían: eran tiempos militares, no políticos. En medio de los festejos, el Almirante dijo en voz alta, levantando las Copas de Champagne:
- Esta casa perteneció al Coronel inglés Charles Carlson, veterano de las dos guerras mundiales. El Coronel peleó en Flandes en 1914 y el Somme en 1916; en la Segunda Guerra Mundial, participó activamente en El Alamein, Sicilia, y el avance aliado de Normandía a Hamburgo, en 1944/45. Sin hijos ni sobrinos, Carlson murió el año pasado y la casa quedó bajo mi propiedad, pero yo se la cedo a esta bella mujer que alegra mis días, Madame Alfano.
La concurrencia aplaudió el anuncio del Almirante y Madame Alfano recibió el anuncio con sorpresa y alegría. No imaginaba semejante regalo por parte del Almirante. Pero la casa era suya.
- Solo puedo darle amor eterno al Almirante – dijo Alfano.
Todos aplaudieron. Y uno de los que más aplaudió fue Carlitos Balá, gran beneficiado de la época militar, que gritó:
- Eaaaapepe, ¡Viva el Almirante! ¡Vivan las Fuerzas Armadas! ¡Los argentinos somos derechos y humanos!
Los aplausos fueron tan estruendosos como siniestros, acordes con esa época oscura para el país. Entre los invitados estaban dos grandes deportistas, en el pináculo de sus carreras por aquellos años, ambos santafesinos y tocayos, el automovilista Carlos “Lole” Reutemann y el boxeador Carlos Monzón.
Alfano observó con gran asombro como Carlos Monzón estaba alrededor de una Mesa de Quesos, y como prácticamente devoró todos los Quesos con una rapidez asombrosa.
- No dejo ningún Queso – murmuró Alfano – Con el hambre que pasaba en Santa Fe, se nota que le quedaron reflejos de esos años.
- Pobre Reutemann – dijo Madame Ribery, una vieja con acento francés – quería comer esos Quesos, pero siempre llega segundo, mira cuando llegó, Monzón no le dejo nada.
- No pasa nada – dijo Lady Sheringham, una vieja con acento inglés – entre bueyes no hay cornadas, je, je, entre Carlos no se van a pelerar, para un Carlos no hay nada mejor que otro Carlos, je, je.
- Shhhh silencio, no diga eso – dijo Ribery – me suena a cierta frase de un político, que empieza con P, y ahora hay un gobierno militar.
- Las urnas están bien guardadas – acotó Sheringham - ¿Vio las cosas que se rumorean sobre Monzón?
- ¿Qué se rumorea sobre Monzón? – dijo Alfano, interrumpiendo el dialogo entre las dos ancianas – Todos sabemos lo que es, el Campeón, un gran Campeón, un macho, el Macho, como la película que filmó en Italia.
- Sí, y también un asesino de mujeres, nena – dijo Sheringham – Monzón rima con Quesón, Carlos Monzón suena parecido a Carlos Quesón, ja, ja, y Carlos Monzón es un Quesón, nena.
- ¿Un Quesón?
- Un asesino de mujeres, que le tira un Queso a las minas que asesina, ja, ja, a veces las acuchilla, a veces las estrangula, alterna entre una cosa y otra.
- Eso es mentira – dijo Alfano.
- ¿Mentira? ¿No viste como devoro esos Quesos?
- Es un especialista en asesinar mujeres de clase alta – acotó Ribery – dicen que en Europa, especialmente en Francia e Italia, y en Mónaco, asesinó a muchas minas, rego de sangre aquellas tierras, amasijando minas y tirando Quesos. Muchas de las minas asesinadas fueron amantes de Alain Delon.
- Shhhhhhhhhhh – dijo Sheringham – ya basta, hemos hablado demasiado, siempre lengua larga.
- Tenes razón – dijo Ribery – ya hablamos mucho.
- Todo es mentira – dijo Alfano - ¿Cómo pueden decir esas cosas de alguien como Carlos Monzón que deja en alto el prestigio del país? Si fuese cierto, hubiera asesinado a Susana Gimenez, por ejemplo.
- Es distinto nena – dijo Sheringham - Ella lo asesina en “La Mary”, le clava un cuchillo. La Quesona fue ella y el, el quesoneado.
- Ustedes son dos locas – dijo Alfano y se fue del lugar, dejando solas a las dos ancianas.
El festejo del cumpleaños del Almirante se extendió hasta altas horas de la noche, con Palito Ortega, otro gran informante del Proceso, cantando sus hits de siempre como “La Felicidad”, “La sonrisa de Mama” y “Yo tengo fe”. Otro de los invitados destacados era Martín Karadagian y toda la troupe de “Titanes en el Ring”.
La cantidad de invitados creció con las horas, pues finalizada la fecha de Primera División del Torneo Nacional 1979 (cuando todos los partidos se jugaban el mismo día a la misma hora), comenzaron a llegar muchos jugadores de fútbol, por supuesto, uno de los invitados principales era el Flaco Menotti, una especie de héroe nacional después del Mundial de 1978.
Palito Ortega cantaba “Tengo el corazón contento”, Alfano se metió dentro de la casona, en una de las habitaciones, estaba cansada, parecía no importarle la fiesta, total ya era dueña de la Mansión Carlson, como la llamaban los lugareños. Iba a recostarse un rato, cuando abrió las sabanas de la cama, y para su sorpresa, dentro de las mismas había…
- ¡Un Queso! – exclamó asombrada Alfano.
- Sí, un Queso. Queso. Queso – dijo una voz de hombre.
Alfano observó con asombro, que a la habitación, ingresaba… ¡Carlos Monzón!
- Hola nena, ¿Cómo va? – le dijo Monzón a Alfano.
- ¡Carlitos! – dijo Alfano - ¿Cómo va?
- Muy bien.
- ¿Qué haces aca?
- Vine a asesinarte nena. Soy Carlos Monzón, el Quesón, un asesino de mujeres.
En ese momento las manos de boxeador de Monzón rodearon el cuello de Alfano, el Campeón se disponía a estrangularla.
- ¡Nooooooooo! – dijo Alfano - ¡No me mates! ¡No me mates, Carlos!
- Cuando peleó me dicen “Y pegué Carlos pegue”, ahora que te voy a asesinar imaginó que me gritan “Y asesiné, Carlos asesiné”.
- ¡Entonces es verdad! ¡Vos asesinastes a muchas mujeres!
- Muchísimas, a muchas las estrangulé como lo voy a hacer con vos, a otras muchas las asesiné a cuchillazos, quizás con alguna, no por mi deseo, sino por la urgencia del momento, tuve que usar algún revolver, siempre les tiré un Queso.
- Fussshhhh, Fussshhhhh, Fusshhhhhhhhhhh Carlos. ¿Y me vas a asesinar así? Mira el cuerpo que tengo, podemos coger, después asesíname, mátame a golpes, Carlos.
- Me cogí a las mejores minas del mundo, no me importa cogerme una más o una menos, nena – dijo Carlos Monzón – Mate a muchas minas inocentes, pero vos no sos inocente, vos lo mereces, siento que le voy a hacer un favor a la humanidad matándote a vos – El boxeador se aprestaba a apretarle el cuello a Alfano.
- ¡Fussshhhh, Fussshhhhh, Fusshhhhhhhhhhh Caaaaaaaaaarlooooooooos!!!!! – grito desesperada Graciela Alfano.
Monzón ya la iba a estrangular, pero en ese momento Alfano le dio una patada en los huevos al Campeón, que lo hizo retroceder a Monzón.
- ¡Nooo Alfano Nooooo! – dijo Carlos - ¡Ahora te voy a moler a golpes, te voy a asesinar por Knock Out, vas a quedar peor que Nino Benvenutti o Mantequilla Napolés.
Alfano, desesperada, agarró una soga y se la dio a Monzón, se arrodilló y le dijo:
- ¡Atame Carlos! ¡Atame Carlos!
El boxeador agarró la soga, la miró a Alfano y le dijo:
- Tenes razón, nena, te voy a atar, y te voy a coger.
Monzón ató a Alfano, y se tiro encima de la mina, que empezó a chuparle, olerle y besarle los pies, que olían de una manera muy intensa, profunda y asfixiante. Era olor a Queso, muy fuerte. Despues de eso, el boxeador, como si estuviera peleando con Benvenutti, la cogió con gran pasión e intensidad, con un salvajismo nunca visto, Alfano disfrutó mucho. La fiesta pareció entrar en un sismo por la extraordinaria cogida de Alfano y Monzón.
- ¿Otro sismo? ¡Como el de Caucete! – dijeron los invitados en referencia al terremoto de Caucete en 1977, que se sintió muy fuerte en Buenos Aires, al punto que muchos edificios fueron evacuados, aunque no hubo daños.
Ahora sí, tras cogerla, Carlos Monzón la tomó del cuello a Alfano.
- Antes de que me asesines – le dijo Alfano, que seguía atada – quiero que me digas porque siendo un asesino de mujeres, no la asesinastes a Susana Gimenez, la tenías todas las noches, la podrías haber asesinado cuando quisieras, le podrías haber tirado un gran Queso, un Queso gigante, un Queso enorme.
- Es verdad – dijo Monzón – pero ella me asesinaba a mí en “La Mary”.
- Sí, ya lo sé. Pero no creo que esa fuera la causa. Me estas mintiendo, Carlos.
- Bueno, lo cierto es que una vez estuve a punto de asesinarla, le iba a clavar un cuchillo, estábamos en Monaco, el Queso era gigante, se lo iba a tirar, pero ella me suplicó que le perdonara la vida, y lo hice, aunque a cambio, le dije que me entregara tres minas, sí, ella viviría pero me tenía que dar los nombres de tres minas a las que yo iba a matar, lo hizo, mate a esas minas, otra vez la iba a asesinar, otra vez tenía un cuchillo, y le dije que le perdonaba la vida si me daba los nombres de seis minas, le doble la apuesta, seis minas, y me los dio, las mate a las seis, seis Quesos, hubo un tercer intento, otra vez tenía un cuchillo en la mano, un Queso muy grande, y ella me suplicó otra vez, yo le dije “Ahora no quiero que me des los nombres de seis minas para asesinar, quiero doce”. Y me dio los doce, doce minas, las amasije a todas. Así llegó Susana Giménez a ser lo que es, dándome los nombres de esas minas, 3+6+12= 21, ¡Veintiún minas me hizo asesinar!
- Yo haré lo mismo – dijo Alfano – haré lo mismo, son veintiún Quesos más.
- No, lo hice una vez, no lo haré de vuelta – dijo Carlos Monzón, que ahora sí, se aprestaba a asesinar a Alfano estrangulándola.
- ¡No serán veintiuno! – dijo Alfano, desesperada - ¡Cuarenta y dos! ¡El doble! ¡No! ¿Cuánto calzas, Carlos?
- Cuarenta y cinco – dijo Carlos Monzón.
- Te daré cuarenta y cinco minas a las que asesinar, cuarenta y cinco Quesos – dijo Alfano – además sí cuando estabas con Giménez, pudiste matar a veintiún minas, ahora que ya estas retirado, gozando de la buena vida en Mónaco y la Costa Azul, no tendrás problemas en hacerlo, para un asesino como vos, son cuarenta y cinco minas asesinadas, cuarenta y cinco Quesos.
- ¡Cuarenta y Cinco Quesos! – exclamó Carlos Monzón - ¡No me puedo negar a esto!
- Desatame Carlos.
- Te desataré, pero solo de los brazos y las manos, la cintura permanecerá atada. Toma este papel y este lápiz, anota los nombres de esas cuarenta y cinco minas.
- Lo haré – dijo Alfano. Ambiciosa como pocas, la amante del Almirante no tuvo problemas en anotar esos cuarenta y cinco nombres, tenia cien para anotar si era preciso, lo hubiera podido hacer.
- Aca tenes – le dijo Alfano – los cuarenta y cinco nombres, más de una de esas minas esta en la fiesta, Carlos.
- Te tiraré un Queso en forma simbólica – le dijo Carlos Monzón mientras agarraba la lista – como hice con Susana Gimenez.
Carlos Monzón agarró el Queso y lo tiro sobre Graciela Alfano.
- Queso – dijo Carlos Monzón.
El boxeador salió de la habitación, tras desatar a Alfano, que quedó muy satisfecha. En los meses siguientes, las cuarenta y cinco minas anotadas ahí, fueron asesinadas una por una.
Las minas se sorprendían al ver en su habitación a Carlos Monzón, el Macho, el Campeón, ninguna se resistía, al contrario, todas querían tenerlo en su cama, las cogía en forma apasionada, después de someterlas a los pies, y finalmente las asesinaba, a muchas las estrangulaba, a otras las apuñalaba y en algún que otro caso, muy pocos, las asesinaba con algún revolver, solo para divertirse, y como una forma de rotación de armas y métodos.
- Las podría amasijar a golpes – pensaba Monzón – pero me gusta hacerlo así, lo disfruto más, soy un asesino, soy un Quesón.
- Queso – decía Carlos Monzón cuando terminaba de asesinar a cada mina y tiraba el Queso.
Alfano, mientras tanto seguía filmando grandes películas que enorgullecen la cinematografía argentina. Una de ellas es “Custodio de Señoras” con el Gordo Porcel. Haciendo un guiño a su encuentro con Monzón, en esa película Alfano es perseguida por un asesino de mujeres, especialmente contratado para liquidarla. Sin rivales, dadas las minas que asesinaba Monzón, la carrera de Alfano seguía creciendo, como había ocurrido con Gimenez.
Corría el año 1982, eran los dolorosos días de Malvinas. La dictadura militar organizó un agape donde convocó a muchas figuras. Carlos Monzón y Graciela Alfano fueron parte de los convocados. Monzón estaba en la Mesa de Quesos, Alfano pasó desafiante al lado de el. El boxeador le rodeó el cuello con sus manos.
- Uno de estos Quesos bien podría quedar sobre tu cadáver, Alfano.
- Fush, fush, fush, Carlitos, sí en el 79 te dí cuarenta y cinco minas para amasijar, ahora te doy noventa, noventa, los milicos ya se van, y mejor limpiar todo lo que se puede limpiar.
- ¿En serio me darías noventa minas?
- Sí, muchas son extranjeras, así viajas por esos lugares que tanto te gustan a vos, como Río de Janeiro, Las Vegas, Monaco o Bangkok.
- Bueno, dámelas, Susana Gimenez también me da esos listados. Y lo mismo Graciela Borges, con quien tengo pensado hacer una telenovela el año que viene, cuando ya se vayan los milicos.
Así siguieron ocurriendo los asesinatos, no tuvieron fin. Ya a partir de 1982, el liderazgo de Carlos Monzón empezó a tener un serio competidor en Carlos Calvo, que de hecho lo fue superando de a poco, y ya en 1985, era indiscutidamente el Number One del Ranking de los Quesones, mientras la estrella de Monzón iba languideciendo.
Eran otros tiempos, ya no estaban los milicos, el Almirante había sido juzgado y condenado, eran los tiempos en que con “la democracia se come, se cura y se educa en la Argentina, un médico ahí” y “Felices Pascuas, la casa está en orden”.
Ocurrieron los sucesos de febrero de 1988. Ustedes de preguntaran como fue que Monzón terminó en la cárcel. Dicen que dos damas, una inglesa y otra francesa, Lady Sheringham y Madame Ribery, se mezclaron en la multitud reunida frente a los Tribunales de Mar del Plata cuando muchos (la mayoría) gritaban “Asesino” y otros (la minoría) “Dale Campeón”.
- No lo protegeremos. Su suerte echada esta. Le tocó perder. Pudo haber quesoneado a Giménez, Alfano y Borges. No lo hizo. Encima como estas minas se convirtieron en proveedoras de los Quesones, no pueden ser quesoneadas por ningún Quesón. Es parte del Pacto. No nos gusta, pero lo cumpliremos. Así es la vida, hoy se coge y mañana se olvida – dijo Sheringham, con su acento inglés, y su gran parecido a la Reina Isabel de Inglaterra.
- Se fueron los setenta cuando los Argentinos éramos derechos y humanos, se van los ochenta cuando con la democracia se come, se cura y se educa en la Argentina, vienen los noventa, que será la era del uno a uno, un peso, un dólar, de las Relaciones Carnales y de las cancha de paddle – dijo en forma profética Ribery, mientras muchos afiches callejeros mostraban a un patilludo riojano ya lanzado como candidato a la Presidencia.
Los años pasaron, Alfano siguió con sus “fush, fush”, sabiéndose impune, pocos en la democracia le recordaron sus días con el Almirante, lo mismo Carlitos Balá, que se llevó de arriba sus simpatías con las Fuerzas Armadas. Ahora ya sabemos la verdad, porque en todos estos años, nunca Alfano fue quesoneada.
¿Y Susana Gimenez? Pocos recuerdan que en julio de 1989, la misma noche en que Monzón era condenado por los sucesos del 14 de febrero del 88, Giménez empezaba su ciclo televisivo, teniendo como invitados a dos Quesones: Carlos Calvo y Carlos Ficicchia, más conocido como “Charly Alberti”, el baterista de Soda Stereo.
Ausente Monzón, caído en desgracia, Giménez no iba a incumplir el pacto con los Quesones, sino todo lo contrario, fue fiel al mismo, lo mismo que Alfano, y lo sería por mucho más tiempo, dando listas y enalteciendo a los Quesones.
Mucho más aca en el tiempo, y quizá muchos sí lo recuerden, en agosto de 2011, tras la obtención del Torneo de las Américas por parte de la Selección Argentina de Basquet, Susana Giménez en su programa le dio un recibimiento triunfal a Carlos Delfino, sí al para muchos más grande de los Quesones, en la época de oro de este Quesón, cuando cometió sus crímenes más famosos y populares, en el programa incluso… ¡Giménez encestaba al aro mientras Delfino, campeón olímpico y jugador de la NBA, la tiraba afuera!
El rumor señala que alguna Quesona (¿Carla Conte?) ha querido quesonear a Alejandro Wiebe, “Marley”, pero que este ha sido salvado una y otra vez gracias a la protección de Giménez, como parte de este Pacto siniestro.
También hay rumores en las redes que Legrand podría ser parte de la conspiración, también dando listas, y recuerdan que en mayo de 1996, su invitado de honor a los almuerzos fue Carlos Bossio, cuando este se consagraba como el gran Quesón de la segunda mitad de los noventa, y que la comida aquel día se compuso de platos preparados con Queso como principal ingrediente, pero lo consideramos por ahora solo un rumor, quizás haya sido solo una casualidad, sin forma de demostrar que Legrand este involucrada, como sí, en cambio, se ha podido demostrar lo de Alfano o Giménez.
Para finalizar este Relato Quesón, que relata sucesos ocultos durante décadas, hechos oscuros que muchos prefieren olvidar o ignorar para el bien de todos, una reflexión final…
¿No se dieron cuenta acaso que Alfano concurrió a programas donde todas las minas han sido quesoneadas menos ella? Ahora sabemos la causa.

Texto agregado el 08-07-2019, y leído por 87 visitantes. (1 voto)


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