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Todos aseguraban que estaba poseída y no se equivocaban, estaba poseída, pero nadie intentaba sacarle el demonio, es más, ella se sentía feliz de estar con el diablo adentro. El padre del pueblo en lugar de ir a confesarla a su casa, se hacía el desentendido, otros decían que no iba porque no le daban plata, que cuando había plata de por medio iba hasta el mismo infierno.

Los chismosos del pueblo no paraban de hablar de Luciferina, no se explicaban como podía vivir con el demonio adentro, pero ella era feliz de estar poseída, todos deberían llevar un demonio dentro les decía a aquellos que le preguntaban que cómo se sentía con ese nuevo huésped en su cuerpo. No saben la emoción que eso me produce, por mi que no se vaya nunca, ni tampoco que me lo saque el cura, el cura debería dedicarse a otros oficios, a atender a los pobres, a hacer obras de caridad, a dar la comunión a los enfermos y a conseguir comida a los hambrientos, en lugar de andar metiéndose en cuerpo ajeno.

En el pueblo ya no la llamaban por su nombre, Luciferina, sino la poseída, siempre que la veían pasar decían ahí va la hija de Satanás, pero nunca rezaban un padre nuestro por ella, tampoco le llevaban hierbas medicinales para espantar al espectro. Un día me tocó ir a la casa de Luciferina pues me pidió que le dictara una clase de Francés, yo acepté de buena gana pues hace rato que no practico este idioma, idioma que me fascina por su musicalidad. Habíamos quedado de empezar la clase a las ocho de la noche, dos horas duraría la clase, en mi mentalidad morbosa pensé, si se hace muy tarde le pediré que me haga quedar en su casa, hasta en su cama pensé que podría dormir, mi imaginación estaba desbordada.

A las ocho de la noche llegué a la casa de Luciferina, timbré dos veces y nadie salió abrir, volví a timbrar tres veces y nadie salió abrir la puerta, empujé la puerta y la puerta se abrió, vacilé para seguir, pero seguí con algo de temor, pues Luciferina se podría enojar, pero ya estaba adentro y no me iba a salir.

En la mesa de la salita había un radio de pilas y lo prendí, me gusta escuchar música y busque en el dial una emisora que ponía música de los ochenta, noventa y dos mil. Pasarían unos veinte minutos cuando escuché ruidos y voces en el interior de la casa, me dio miedo, pues pensé que se había alborotado el demonio que Luciferina llevaba dentro, pero mi sorpresa fue tremenda, pues LUCIFERINA decía con voz fuerte Padre es que no se le va a parar o que hijueputa, la próxima vez traiga viagra o no me venga hacer perder el tiempo, yo con ganas de que me posea como el vecino de la esquina y usted con el miembro dormido, váyase para la mierda y no vuelva. Ojalá que el profesor de Francés me haga gritar después de poseerme.

AUTOR: PEDRO MORENO MORA
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Texto agregado el 30-07-2019, y leído por 25 visitantes. (4 votos)


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