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Inicio / Cuenteros Locales / maparo55 / Un recuerdo (no te olvido)

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Tenía pocos meses de vivir con Rosalba. Ella y yo, rentábamos un departamento pequeño con una sola habitación, un baño con regadera, una cocina mini y un patiecito trasero que servía para lavar, tender la ropa y cuidar de dos o tres macetas con plantas. Con escasos diez pasos nos trasladábamos de un área a otra de nuestro acogedor departamento. Compartir la vida con ella era un goce constante. Ambos estábamos muy jóvenes y a excepción de asistir cada uno a su trabajo respectivo, el tiempo restante era nuestro: ir al cine, al teatro, asistir a conciertos, escuchar música, caminar por el parque cercano, ver tele, jugar baraja hasta la madrugada, hacer el amor. Esto último era un deleite especial, Rosalba siempre fue muy delgada, más bien flaca, tenía los senos pequeñitos y cuando se los tocaba, florecían; nariz recta y pequeña también; la boca, de labios ligeramente gruesos, besarlos y probar su sabor me estremecía, me transportaba al cielo. Toda ella me gustaba tal como era, con su piel tibia de café con leche, con sus ojos color marrón oscuro. Me hallaba enamorado de ella, eso ni dudarlo. Quiero creer que ella también lo estaba de mí. Cuando por alguna razón no coincidíamos en casa, nos poníamos románticos, escribíamos pequeñas notas el uno al otro: “te dejé la comida sobre la mesa. Te amo”. “Recogí la ropa del tendedero, ya estaba seca. Yo”. Y muchos otros.
A veces, los viernes o sábados por la noche, salíamos a pasear por las calles oscuras y solitarias de la colonia, nos deteníamos en un puesto cercano que vendía quesadillas; la señora que atendía era muy amable y mientras nos despachaba, se le soltaba el perico y platicaba y platicaba mientras freía nuestras quecas: ¡Ah, que ricas!, de hongos con queso, chicharrón prensado, flor de calabaza, carne deshebrada con rajas, huitlacoche, ¡mhhh!... En esas noches cotidianas, al regresar al departamento, se generaba una intimidad cálida, que muchas veces terminaba en besos apasionados y caricias urgentes. Desnudos, sobre el lecho compartido, disfrutábamos de nuestros cuerpos y del amor que nos profesábamos.
Todo eso ya pasó, hace mucho mucho tiempo; pero el recuerdo y el sentimiento de entonces, persiste. Bendita seas, Rosalba.

Texto agregado el 29-08-2019, y leído por 178 visitantes. (21 votos)


Lectores Opinan
30-09-2019 Mi querido amigo veo que como sigues escribiendo sobre tus amoríos como casi siempre :) . Y como casi siempre desde la sicalíptica picaresca endulzada con ternura . autumn_cedar
30-09-2019 La nostalgia no da letras inspiradoras, placer leerte.***** Abrazo Lagunita
29-09-2019 Una situación cotidiana narrada con maestría y nostalgia. Enhorabuena. rubalva
28-09-2019 El "no olvidar" es la gran promesa de fidelidad que podemos dar a esas personas especiales que nos hicieron vivir. 5* Nazareo_Mellado
23-09-2019 Y benditos sean los recuerdos! 1coco
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