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Después de ser un chico bueno empezaron a gustarle las cosas malas, al principio sus padres pensaron que era solo por impresionar a los chicos de la comuna. Pero no fue así, poco a poco empezó hacer amistad con delincuentes de la peor ralea, sicarios y traquetos, le gustaba ir a los burdeles y gastarse todo lo que había robado. Pronto abandonó le colegio, para qué estudiar se decía así mismo, así me gradué nunca voy a ganar el dinero que me gano robando, pues en este país pagan tan mal, que no dan ganas de trabajar, eso era lo que pensaba. Sé creía como un Rey cuando iba a los burdeles, las chicas que trabajaban en esos antros lo querían, aunque sabían que en él no se podía confiar, pues vendía el alma al diablo, cuando se trataba de asuntos de dinero.

A los veintidós años había perdido todos los miedos, cualquier misión que le encomendaban la cumplía a la perfección. Jamás volvió por su casa, para qué iba a volver, sus padres eran un par de viejos sanos, pobres pero con unas ganas de vivir inmensas y felices dentro de la pobreza. Era un chico de buena apariencia, medía un metro con ochenta centímetros, era de ojos azules y cuerpo atlético. Iba todos los días al gimnasio, pues la sola idea de engordar le aterraba. Como todos los chicos le gustaba la música urbana, tal vez porque estaba más acorde con ese lenguaje directo y descarnado que se usa de hoy en día.

Antes que lo admitieran en la organización criminal, tuvo que demostrar valor, frialdad y no tener remordimientos. El primer trabajo lo tenía que hacer gratis, tenía que matar a una persona, no importaba que fuera mujer hombre, niño, anciano. Esa era la prueba de fuego y la realizó sin temblarle la mano, a un vendedor ambulante lo acribilló sin conocer siquiera su nombre. Después se escapó en su bicicleta, muchos lo vieron y pudieron hacer un retrato hablado del asesino, pero no lo hicieron, pues sabían que en Colombia nadie ha visto nada, así lo hayan visto todo, pues los sicarios luego cobran venganza de la peor manera.

Con el paso del tiempo fue convirtiéndose en un hombre que daba miedo, pues se había especializado en el crimen, lo que no aprendió en el colegio, lo aprendió en las calles y en el mundo delincuencial, hasta en ese mundo le tenían miedo, pues no vacilaba en matar al que no estuviera de acuerdo con él. Así no tuviera la razón se la daban, si él decía que era negro, era negro, así fuera blanco. En asuntos de amores si que era peor, chica que se negara a sus propósitos era mujer muerta. Una vez después de hacer el amor con una rubia, solo porque ella le dijo que dejara esa vida, que ya tenía mucho dinero y que se dedicara a vivir la vida de una manera normal, sin hacerle daño a nadie, solo por haberle dicho eso, la mató en pleno motel y se fue como si nada. Las autoridades empezaron a seguirle el rastro, les dio mucho trabajo porque era un hombre que andaba por todo el mundo. Hoy estaba aquí, mañana en el viejo continente, al mes en Oceanía, después en la China.

Cansado de tanto viajar, decidió quedarse pro una buena temporada en la sucursal del cielo, trató de llevar un perfil bajo, se vestía modestamente y le dijo adiós a los lujos, para no despertar sospechas. Una buena mujer no me vendría mal, se dijo así mismo. Al poco tiempo la consiguió, siempre le gustaron las rubias de ojos azules y piel bronceada, la consiguió como le gustaban las mujeres. Sara no solo era hermosa, sino inteligente, rumbrera y amante de los deportes extremos, le gustaba el parapentismo, el motociclismo y la natación. A Bryan le gustaba lo que ella hacía y poco a poco se fue enamorando perdidamente de ella. Hasta le propuso matrimonio, ella aceptó de buena gana. Fijaron la fecha, la capilla donde se desposarían y el lugar de la luna de miel. Habría muchos invitados y harían una fiesta digna de recordarse en toda la comarca, contrataron al mejor grupo musical. El día de la boda llegó y todo salió a pedir de boca. Los periódicos hablaron en las páginas sociales de aquel acontecimiento, no sólo en medias páginas, sino en páginas completas, pues dinero había para derrochar. Salieron de luna de miel para San Andrés, allá tendrían mar, brisa y playa. Llegaron esa noche y descansaron pues estaban muy cansados del ajetreo que produce un casorio y organizar una fiesta de la envergadura que ellos organizaron. Al otro día fueron a la playa, ella le pidió que alquilara una lancha, él la complació, pronto se hicieron a la mar. Ella la manejaba a la perfección. Ella le dijo que quería celebrar con vino, que uno se casa solo una vez en la vida, él estuvo de acuerdo, ella destapó una botella de un vino chileno y le sirvió primero, Bryan bebió de un solo trago y pidió más, ella le sirvió más y más, ella bebía cerveza nomás. Al rato Bryan empezó a sentirse muy mal, cayó sobre el piso de la lancha y Sara le dijo lo siguiente:

- Te acuerdas de Ingrid, la rubia que mataste hace unos años.

Bryan hizo memoria y luego le dijo:

- Claro, claro que me acuerdo y eso a que viene a cuento en este momento que me estoy muriendo.

- Viene a cuento porque era mi hermana, yo juré vengarla y lo voy hacer de la peor manera.

Bryan, quedó más pálido de lo que ya estaba, con una voz quebrada por el miedo le dijo:

- Perdóname, no sabía lo que hacía en aquel entonces.

Ella al instante le contestó:

- Yo tampoco sé lo que hago en este momento.....

Sacó una pistola y le disparó todas las balas en la cabeza, luego de muerto lo tiró de la lancha al fondo del mar.

AUTOR: PEDRO MORENO MORA

Texto agregado el 17-09-2019, y leído por 60 visitantes. (3 votos)


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