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En un cerro de las afueras del pueblo, entremedio de un boldal, fluye una vertiente conocida como “Agüita de las Niñas”. La gente le tiene fé. Dicen que sirve para sanar úlceras, curar la jaqueca y para calmar los nervios. Dicen que tomando un vasito de aquel líquido durante 9 días seguidos, en ayunas, se puede curar el cáncer…

Doña Francisca vive cerca de la vertiente y tiene la costumbre de ir a reposar los almuerzos de verano a la sombra de los árboles aledaños. Amante de la quietud y de la escasa compañía, se instala con su silla de playa plegable y escucha el sonido mántrico de las aguas claras que brotan de la tierra gredosa. A veces se queda dormida, sedada por el perfume de los boldos húmedos y el sosiego del lugar.

Cierta tarde, entre sueños, doña Francisca escucha unos pasos acercarse a la vertiente. Siente una presencia, despierta y se pone los lentes. Se da cuenta que frente a ella hay una niña pequeña de pelo largo mirándola, con un vasito en la manos.

- ¿aquí es “la” agua mágica?- pregunta la pequeña, con los ojos cargados de expectativas.

Doña Francisca, desprevenida y algo dormida aun, no sabe que contestarle a la niñita.

- Eehhhh…

- ¡Aurelia! - aparece más atrás de la niña un hombre jóven, también de pelo largo - hija, no despiertes a la señora, ¿ no ves que estaba durmiendo la siesta?

La niña, sin embargo, sigue mirando a Francisca y repite la pregunta:

- ¿es aquí la agua mágica?

Francisca, ahora bien despierta y medio a la defensiva , mira con detención a la niña de nombre Aurelia. Le calcula unos 5 o 6 años. Nota que le faltan dos dientes de arriba y que sostiene con fuerza el vasito que lleva en las manos.

- Aurelia, se dice “el agua” no “la agua”- le corrije el padre y después le habla a Francisca- disculpe señora, no queremos incomodarla, pero como dice mi hija, buscamos la vertiente ”Agüita de las Niñas” . ¿Es ésta?

- Así es joven, aquí es.

- ¡Papi! - la niña levanta los brazos y da un saltito - ¡La encontramos!

- ¡ Sííí! ¡vivaaa! - responde el hombre joven y toma a la niña en brazos y dan giros de festejo.

Francisca observa la escena con suspicacia. En silencio, los tacha exagerados, de teatrales, o de ingenuos tal vez.

La niña se acerca al fin a la vertiente con su pequeño vaso, le cuesta porque para alcanzar el chorro debe estirar mucho el bracito . Mira a su papá, a ver si hay ayuda. No la hay, el padre le indica que ella puede sola. El vaso es llenado finalmente, aun cuando la manga de la blusa chorrea y ambas zapatillas están mojadas.

Aurelia escudriña el contenido, lo huele, lo atesora, ansiosa por beberlo.

- ¿me lo tomo todo papi? - pregunta

- ¡hasta el fondo! - contesta papá

Ante este entusiasmo cómplice, Francisca pasa del recelo a la curiosidad. Se pregunta cual es el anhelo, el ansia de esta niñita que con tanta convicción busca y consigue “las“ agüitas mágicas. Se pregunta cual es el razonamiento de un padre que alienta a su hija a creer en el poder de un chorro de agua en las afueras de un pueblo sin nombre.

Aurelia se acaba el agua. Espera unos segundos. Mira a su papá. Mira a Francisca. Se lleva las manitos al estómago. El padre espera, Francisca espera….

-¿papá?…

-dime

-¡creo que me siento mejor!

- ¡fantástico!

A Francisca le parece insólito. Un acto de sanación inmediata, no puede ser. Siente que debe hablar con el padre . Cree que es un irresponsable, o un tonto.

- Joven, perdón que me meta en sus asuntos...pero tal vez sería mejor que llevara a la niña a un médico...esta vertiente es solo agua.

El joven le sonríe.

- Agradezco su consejo, señora, pero pierda cuidado. Yo soy médico.

Francisca no entiende y su expresión delata su turbación. El joven sonríe de nuevo, y sin que ella pregunte, él contesta: creer para ver, estimada, creer para ver...


Texto agregado el 17-09-2019, y leído por 61 visitantes. (4 votos)


Lectores Opinan
07-10-2019 hay cosas más allá del entendimiento y los milagros están a la vuelta de la esquina o en las vertientes. Un abrazo, sheisan
18-09-2019 Ojalá ese tipo de médicos de mente abierta, se extienda. Muy bueno!!! MujerDiosa
17-09-2019 Me encantó, es un hermoso relato con un fondo de esperanza mágica. Magda gmmagdalena
 
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