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Prenda por prenda la desvistió con delicadeza. Entre prenda y prenda hubo miles de besos, suaves susurros en sus oídos le erizaron la piel. Ella dejó escapar más de un gemido ante tanta pasión. Cuando la desnudó por completo, recorrió con los labios toda su geografía. Le pareció más dulce que una fruta madura. Estuvo a punto de gritar de placer, pero apretó los labios por temor a que la escucharan en el motel e hicieran lo mismo. Estaba en el punto máximo del deseo. Empezó a sentir mariposas en toda su piel: en sus pechos, en sus muslos, en su espalda. Sintió que una se posó en su sexo y saboreaba su miel. Ella quería que él la penetrara. El leyó en su mirada esa suplica de placer y la penetró.

Era la primera vez que hacía el amor con una mujer. Sintió volar, volar volar y volar. Es más, toco el cielo en ese acto de amor. Ella lo doblaba en edad, pero eso no fue ningún impedimento para que fundieran cuerpos, almas y sentimientos. Ella poco a poco lo fue llevando a donde los ríos se cruzan en el mismo instante y provocan las humedades más placenteras, humedades de amor que refrescan el alma después de la sequía.

Ella había visto morir a tres de sus maridos, pero estaba decidida a quedarse con este joven, así se le viniera el mundo encima. Los dos gemían en el lecho, los dos sintieron temblar sus cuerpos, eran espasmos de placer. Por ellos habrían eternizado ese instante. Estaba bien claro, los dos se habían marcado para siempre, marca imborrable en el alma que solo desaparece con la muerte.

Los dos prometieron amarse siempre. Estaban abrazados, un abrazo de esos que solo se suelta con la muerte. El asumió todos los riesgos, sabía que era mujer ajena, no una mujer cualquiera. Era la mujer de un capo, de esos que no perdonan la traición, ni de sus amigos ni de su amante. Ella era la Reina de la coca. Más de uno había jurado matarla. Nadie llegó a imaginar que la mataría su propio hermano. Ordenes son ordenes, se cumplen o se cumplen, so pena de perder la vida a quien las incumple. La policía los encontró abrazados, ni los balazos los hizo soltarse.

AUTOR: PEDRO MORENO MORA
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Texto agregado el 20-09-2019, y leído por 57 visitantes. (8 votos)


Lectores Opinan
20-09-2019 Ayyy, un amor así, vale la pena. MujerDiosa
20-09-2019 Está muy bueno tu cuento.Saludos. ome
 
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