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Inicio / Cuenteros Locales / nelsonmore / LA LENGUA LARGA, EL PENE CHIQUITO (cuento)

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Todos los días les prometía cuentos a sus alumnos y nunca les cumplía. Siempre sacaba un pretexto para no cumplir lo que había prometido. Los niños empezaron a ausentarse de las clases, es más, ya no iban ni al colegio, el profesor mentiroso era más tóxico que el glifosato. De cuarenta niños solo quedaban diez, los directivos del colegio preocupados ante aquella circunstancia tomaron la decisión de prescindir de aquel fanfarrón, que además era alcholico anónimo y no lo reconocía. Vivía solo para la bebida, cuando no tenía dinero iba a los billares y se tomaba las sobras que habían dejado en las botellas, una vez se confundió y en lugar de tomarse el resto de aguardiente de una botella, se tomó un poco de vomito, alguien que lo conocía y que no lo quería ver le hizo esa broma tan pesada para que no volviera por el billar.

La directiva de la escuela lo citó a que explicara la situación y no supo qué decir, era solo un chorro de babas una apología a la mentira. Era un don nadie que soñaba con ser un gran escritor pues creía que escribir es sólo colocar puntos, comas, dos puntos, punto seguido....... era el único escritor que yo conocía que escribía cuentos sin palabras, sin corazón. Era más frío que un tempano de hielo, por eso su mujer lo mandó a la mierda. En asuntos de amores el romanticismo es muy importante. El creía que todos los versos son cursis. Su mujer que era bien caliente se dio cuenta que al lado de ese bloque de hielo se envejecería sin sentir las miles y el fuego del amor. Ella estaba entera y con unas ganas de hacer el amor, que terminó volviéndolo cornudo con el vecino de enfrente. Ese si sabía llegarle con las palabras a dónde hay que llegarles a las mujeres, activó los puntos sensibles de aquella mujer, que terminó agradeciéndole las caricias, los besos y los versos. Ella gritaba muy duro cuando la poseía. Mientras tanto él sé iba a echar mentiras a la escuela, su mujer recuperaba el tiempo con ese vecino que sabía hacerle el amor a Estelita. Un día ella le dijo al vecino.

- Don Hugo, porque no le decimos la verdad a Hermenegildo, pues él no funciona en el catre y yo con tanta calentura quiero vivir con usted para que me haga el amor tres veces por día.

Don Hugo la quedó mirando con mucho asombro y después que logró digerir las palabras de Estelita, le dijo:

- Por mi no hay ningún problema, se lo dice usted o se lo digo yo.

Yo sé lo diré en plena cara y qué no se vaya a violentar porque le doy hasta con las ollas.

- Si se violenta, yo lo calmo a punta de puñetazos y patadas dijo don Hugo

La situación no daba para esperas, esa misma noche se lo dirían. Es más, lo iban a esperar en su propia casa. Hermenegildo llegaba a las veinte horas, pero los enamorados se citaron a las dieciocho, como faltaban dos horas para que llegara, hicieron el amor en el sofá, él la hizo estremecer con las caricias que le daba. Ya iban a ser las veintidos y Hermenegildo no llegaba, ante aquella circunstancia decidieron salir a comprar ensalada de frutas. Se fueron agarrados de la mano, ya no les importaba que los vieran en el vecindario besarse en cada esquina. Los vecinos solo murmuraban, pero no pasaba de ahí, nadie se atrevía a decirle a Hermenegildo que lo habían vuelto cornudo.

Después de comprar la ensalada de frutas volvieron a la casa del profesor mentiroso. Entraron en puntillas pues se dieron cuenta que ya había llegado, estaba borracho como era costumbre. No podía ni balbucear palabra alguna. Era tan grande la borrachera que no se podía ni parar, ante aquella circunstancia Estelita se desnudó y le puso la vagina cerca de LA boca, pero Hermenegildo ni así reaccionaba. Ella le pidió a don Hugo que se desnudara y la poseyera, Ni corto ni perezoso le obedeció y le hizo el amor en las narices del profesor mentiroso, que solo roncaba y roncaba mientras a su mujer la hacían gritar del gusto. Esa noche fue de besos y caricias y de vomito, pues Hermenegildo lo único que hacía era vomitar, vomitó hasta el primer tetero solo, a las tres de la madrugada paró de vomitar y se durmió, cuando despertó a las siete de la mañana le dijo a su mujer.

-Mi amor, gracias por regalarme la noche más hermosa de mi vida, me hiciste el amor tan rico que sentía flotar con tus caricias. Ella lo miró con ironía y luego le dijo:

- Ojalá lo hayas disfrutado porque yo lo disfruté al máximo. Me podrías regalar veinte mil pesos para comprar una segueta.

Hermenegildo la miró con extrañeza y luego le dijo:

- Para qué vas a comprar una segueta

Y ella de inmediato le contestó:

Para cortarle los cuernos al vecino de enfrente, no has visto como su mujer lo cachonea.

Hubo risas y más risas, después que dejaron de reírse, Hermenegildo le dijo:

- Pensé que me los cortarías a mi, pues el Alfredo me pone los cuernos con Javier.

Así era Hermenegildo, un ser que solo inspiraba lastima, pero él se creía el rey de la rumba, de la verdad y de la poesía y solo tenía la lengua larga y el pene chiquito.

Texto agregado el 23-09-2019, y leído por 137 visitantes. (10 votos)


Lectores Opinan
23-09-2019 Tu autobiografía tiene errores gramaticales. Además sigues con clichés; este es malísimo: Era más frío que un tempano de hielo. El uso de tantas comas y frases cortas lleva al texto al tedio. eRRe
23-09-2019 Lo he leído y lo único que me animo a decir es que debe ser muy sutil porque no entendí. Lo digo con todo respeto. Marthalicia
 
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