TU COMUNIDAD DE CUENTOS EN INTERNET
Noticias Foro Mesa Azul

Inicio / Cuenteros Locales / Vaya_vaya_las_palabras / Un vals

[C:597827]

Era el último concierto y después se volvería a su patria, al tan ansiado reencuentro de Susan, de Marie Claude, de Constance, de... Ya tendría tiempo de decidir el orden, a cuál de esas mujeres visitaría en primer lugar. Pero antes de eso, antes de irse al placer sensual le debía al público su interpretación del opus 69 número 2 ¡ah! ese vals de Chopin.

Al ver la sala llena le causó un poco de gracia encontrar a tantos rusos dispuestos a escucharlo, vaya ironía. En las primeras filas estaban los ilusos diplomáticos y demás funcionarios de alto rango con caras de perfectos inocentes. Más atrás empezaban las filas de hombres y mujeres vestidos de gala. Todos murmuraban, hasta que el pianista posó los dedos en el teclado.

En ese momento previo, cuando el artista debe aislarse de su entorno, sintió que no podía, que algo no encajaba. Ahí estaba esperándolo el vals de Chopin con su carácter hondo y un tanto dramático. Cuánto le gustaba ese vals y sin embargo ahora estaba tan lejos de él. Y era tan divertida la situación (casi una humorada), que miró de reojo a los rusos expectantes, a esa gente que vería por última vez, y sin quitar las manos del teclado siguió imaginándose el placer de sus próximas, largas, merecidísimas vacaciones.

Escuchó que el canciller tosía, era un buen hombre y melómano que lo había hospedado en su residencia contra toda sensata recomendación y protocolo. Se preguntó si todos los rusos serían iguales o si solamente había tenido suerte con el canciller. Lo oyó toser por segunda vez y también a algún otro funcionario. Había que darles el último gusto, el vals que estaban esperando porque en eso no los defraudaría.

El comienzo, el desarrollo y el final fueron bellísimos. Le gustaba dividir el vals de esa manera poco ortodoxa. Los rusos no sabían, no se darían cuenta, de la misma forma en que no se daban cuenta de tantas otras cosas, pobrecitos. Ahí estaban ellos, manifestando su admiración con prolongados aplausos mientras pedían el bis, por supuesto Tchaikovsky.

Aguantándose las ganas de salir corriendo, volvió al piano. Pero esta vez la sensación fue diferente porque esa pieza de Tchaikovsky era lo más alegre que podía ser una melodía auténticamente rusa. Sus dedos la interpretarían casi por cuenta propia mientras su cabeza divagaría libremente por la nueva vida que empezaría en los próximos días. Ahora los rusos estaban más atentos, casi concentrados y todavía sonreían cuando el primer acorde se escuchó por la midad, seguido de un misterioso y nítido click adentro del piano, la pequeña música de otro mecanismo que lo hizo estallar en mil pedazos.

Texto agregado el 24-09-2019, y leído por 166 visitantes. (12 votos)


Lectores Opinan
01-10-2019 Increible final. Me encanto. jaeltete
30-09-2019 Muy bueno.***** Abrazo Lagunita
29-09-2019 Que malo, el pianista ya no alcanzó a interpretar a Tchaikovsky. Buen relato. maparo55
27-09-2019 Interesante relato, buen manejo de la tensión narrativa y un sorprendente final. Me dio mucho gusto leerte. Mayte2
25-09-2019 Si, vaya vaya no me lo esperaba yosoyasi
Ver todos los comentarios...
 
Para escribir comentarios debes ingresar a la Comunidad: Login


[ Privacidad | Términos y Condiciones | Reglamento | Contacto | Equipo | Preguntas Frecuentes | Haz tu aporte! ]