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Una de tantas fotos en blanco y negro, como alguna vez les relaté, trajo a mi memoria recuerdos de mi niñez.
Formados del mayor a la menor con diferencia entre nosotros solo un año, pocos día mas o pocos días menos, se apreciaba la diferencia como una escalera de cabecitas siendo la menor la mas bajita con apenas cinco años con su vestidito como de muñeca, la que pasó a ser la protegida de todos incluidos mis padres y todos los hermanos.
Su nombre de pila en aquellos tiempos, pasó a segundo plano, porque todos al referirnos a ella, decíamos "La Niña”, apodo que duró bastantes años, hasta que creció y llegó a ser adulta y la diferencia de edad desapareció entre nosotros.
Mi hermano y hermana que eran los mayores se les respetaba, porque así eran las costumbres antiguamente, por otro lado, mi otro hermano y hermana siendo los menores, eran los protegidos de todo nuestro clan familiar.
Yo era el del medio que no tenía ni pito que tocar, era libre en todo aspecto, no me tenía que de nadie preocupar, como tampoco que me reprendieran siendo que mis obligaciones eran solo libertad total.
Siendo tan libre en mis pensamientos no me faltaban argumentos para inventar, al final nadie andaba detrás de mí y bueno hacía lo que se me ocurría y punto final.
Por aquellos días en una oportunidad mis hermanos cambiaron mi nombre por un apodo, me decían “El sabio loco” y con mucha razón tenían porque mis inventos, si lo eran bastante “locos”.
Una navidad, mis hermanas recibieron de regalo, una cocinilla muy bonita y bien pintada, complementada con ollas en miniatura y otros utensilios como sartenes y jarros, pero todo era de lata.
Fue una de mis geniales ocurrencias y para hacerlas de verdad, recurrí a uno de esos pequeños frascos de perfumes terminados en punta como pirámides, pero redondas, las llene con alcohol e introduciendo un hilo emulando una vela con una llama pequeñita, de manera que ellas pudieron hacer hervir aguas en sus minúsculas ollas y cafetera.
Así fue pasando el tiempo hasta fabricar mi propia biblioteca, para ello recurrí a las maderas que quedaban de unas cajas de manzanas y unos cuantos clavos hasta terminar mi obra, la que quedo apretujada con la colección de pequeños libros que eran las selecciones de “Reader’s Digest” que un vecino me obsequiaba.
Era la mejor fuente de información a mis ocho o nueve años. Pasaba horas enteras leyéndolas y así como fue que de pronto encontré una solución a las carencias de mi casa en aquellos días; no teníamos un radio y en uno de estos libretos aparecían las instrucciones de una “Radio Galena”.
Interesante, pero lo más difícil era conseguir esa bendita “Piedra Galena” hasta tuve la intención de pedirla de regalo a “Santa Claus” para las navidades; entenderán que con esa edad en mi fantasía, éste si tenía vida y de pronto hasta del Polo Norte me la traería.
No fue motivo para renunciar a mi nuevo invento. Buscando de un lugar a otro reuní todos los elementos: Un señor que reparaba motores, me dio unos metros de cable de cobre esmaltado, por otro lado un reparador de radio, un transistor que era un pequeño cilindro con tres patitas y ¡eureka! Reemplazaba la bendita “piedra Galena”, más un audífono de aquellos que llevaban las antiguas radio a pila.
Comencé mi embobinado en una pequeñita tabla muy bien apretadas las vueltas y muy juntitas. Al final de cada extremo un par de pequeños clavos la fijaron. Y así paso a paso fui armando mi radio de donde los extremos, uno iba a la tierra (la Pared) y el otro un alambre que era su antenita. El transistor, de acuerdo a las instrucciones de mi amigo reparador de radios iba al clavo de la antenita y un nuevo clavo de centro que sujetaba un alambre encorvado, rasgaba la bobina lo emulaba a ser el dial y listo mi radio galena por fin cobro vida, sin pilas ni corriente. Conectado el audífono en su lugar y comencé a escuchar el sonidos de las emisoras, algo revueltas, pero con mucha paciencia con mi dial afine una frecuencia. Radio Minería escuche en ese momento y la voz de Raúl Matas con gravados desde España y haciendo propaganda a las camisas “LLodrá o Yodrá”. Recuerdo haber escuchado una de las primeras canciones de Raphael que nunca he olvidado, no por el cantante, ni el contenido de la canción, su melodía o su letra, sino porque la estaba escuchando a través de mi gran creación; mi “RADIO GALENA”
Tantas historias mas con mis hermanos, que mi padre fijó horarios para evitar peleas y hasta el se asigno unas horas para escuchar noticias.
Cuantos otros inventos hice aquellos años que vienen a mi memoria y me llenan de nostalgia y también alegría. Ya encontraré la ocasión para no aburrirlos por ahora, con tantas historias de niño que fueron parte de mi vida.


PD. paciencia.........paciencia.......paciencia

Texto agregado el 17-10-2019, y leído por 84 visitantes. (5 votos)


Lectores Opinan
08-11-2019 Burro es lo que sabes decir. Todo eso sin proyecciones. Creo que aquí está el error: eres decendiente de un burro. eRRe
18-10-2019 —Es un agrado leer tus recuerdos porque creo que con ellos todos los viejos que pululamos por estas páginas rememoramos secuencias de nuestras propias vidas y recuerdo que a esa piedra galena y la aguja me parece que le agregué un condensador variable para encontrar las estaciones. —Un abrazo y sigamos recordando, para que de algo nos sirva lo vivido. vicenterreramarquez
18-10-2019 Buena historia; veo que ya eras una especie de Ciro sin tornillos, je! henrym
18-10-2019 La niñez nos regala sabrosas historias. Es un tiempo encantador. Hipsipila
 
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