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Inicio / Cuenteros Locales / nelsonmore / UN LIBRO PELIGROSO (cuento)

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Era un ávido lector, leía todo lo que cayera en sus manos. Había leído a los clásicos en griego y latín. También había leído a los románticos, los simbolistas y los poetas malditos y a cuanto poeta encontraba en las bibliotecas. Iba con frecuencia a la biblioteca departamental en Cali, Colombia. Los empelados ya lo conocían, pues no había día que no fuera a leer las últimas novedades que llegaban a tan prestigiosa biblioteca. Vivía cerca a la galería de la alameda, pero iba también al parque del perro a leer, no sé sabe por qué no le gustaba el parque de la alameda. Cuando la musa lo visitaba escribía historias de terror. Había escrito más de una docena de libros que él mismo había editado y regalado la mayoría de ellos a conocidos y desconocidos.

Un día estaba leyendo el manuscrito de su libro en el parque del perro. El clima era excelente, treinta grados de temperatura eran más que suficientes en una ciudad donde el clima sube en verano hasta los cuarenta y dos. En uno de sus libros rebelaba terribles secretos que nadie se había atrevido a contar, pero él no era de esos escritores que se guardan los secretos en el libro rebelaba con toda la precisión el lugar, la hora y los personajes que se reunían a confabular en contra de la humanidad. Una secta secreta diabólica que no quería el bien de la humanidad, pues quería exterminarla en cualquier momento.

Los miembros de esa secta siempre estaban ávidos de sangre, parece ser que sacrificaban niños, a los que mataban y en rituales satánicos bebían su sangre. Más de un millar de niños habían sido robados a sus madres y luego sacrificados para beber su ansiado liquido. A Eduardo le robaron un pequeño de dos años hace muchos atrás y jamás volvió a aparecer. Desde ese momento él empezó a hacer averiguaciones por su propia cuenta, a seguirle la pista a los sospechosos. Empezó por atar cabos sueltos y poco a poco parecía haber logrado ubicar a los autores de tal infanticidio.

En el libro al que hago referencia develaba todos los secretos de esa secta , quienes quedarían en evidencia ante las autoridades de la ciudad, pero los miembros de la secta recogieron el libro rápido, pues pusieron un clasificado en el cual pagaban tres veces más el valor del libro a quien lo había comprado. Nadie compró el libro pues el autor lo había regalado en su totalidad. Todos fueron a vender el libro, noventa mil pesos en Colombia no es que sea mucho, pero si se puede ir a hacer mercado con esa plata y comer toda la semana.

Se había hecho un tiraje de dos mil ejemplares. La secta compró todos los libros, pero al autor no le dieron ni un centavo, aunque el autor no era de esos escritores que se preocupan por el dinero, se sentía satisfecho solo con que leyeran sus obras, sobre todo a la que hacemos referencia. Todos alcanzaron a leer el libro antes de correr a venderlo por noventa mil pesos. Era de esos libros que atrapan desde la primera página y se lee de un solo tirón. Muchos se trasnocharon leyendo el libro y quedaron muy satisfechos.

De todos los libros editados, sólo quedaba un ejemplar, era el ejemplar de Eduardo, lo cuidaba como si fueran sus ojos o sus manos. Ese día estaba leyendo su mismo libro en el parque del perro. Estaba tan concentrado leyendo el libro que no advirtió que un hombre de siniestro aspecto poco a poco se dirigía hacia él con un puñal en la mano, ya estaba como a cinco pasos de Eduardo quien era ajeno al peligro que se cernía sobre él. El hombre siguió avanzando, levantó el puñal como quien lo levanta para luego enterrarlo en su víctima, pero un perro negro muy grande que andaba por el lugar se abalanzó sobre el misterioso personaje, lo derribó al piso y le enterró los colmillos muchas veces en la garganta, un charco de sangre enrojeció la verde hierba.

Al rato llegaron las autoridades, pronto lo subieron en una ambulancia, lo llevaron al centro médico más cercano, pero cuando llegaron al HUV el hombre ya estaba sin signos vitales.
En ese libro Eduardo narraba como una secta engañó a dos mil lectores, a quienes les compró un libro que los delataba, fueron a vender el libro y nunca se supo de ellos.

Texto agregado el 23-10-2019, y leído por 79 visitantes. (7 votos)


Lectores Opinan
23-10-2019 Tantas redundancias. "Era un ávido lector" + "leía todo lo que cayera en sus manos" + "Había leído a los clásicos en griego y latín" + "También había leído a los románticos, los simbolistas y los poetas malditos y a cuanto poeta encontraba en las bibliotecas" + "Iba con frecuencia a la biblioteca departamental en Cali, Colombia"... un escritor masomenos hábil lo habría dicho en una buena frase. Un cuento se trata de concreción (solo para que no se pierda). eRRe
23-10-2019 ¿Alcohólico yo? Ja ja ja ja. .. ya desvariaste. Estás demasiado ardido. eRRe
23-10-2019 Ah, y todo lo escribes igual. Tus poemas son bobos, no son literarios, son rimas infantiles. eRRe
23-10-2019 No sé de qué cuento hablas, ponlo, porque yo no he puesto uno mío, no sé de quién era. Y a ti no te he corregido (regularmente) la ortografía, sí los clichés, las estructuras tradicionales y las incoherencias. eRRe
23-10-2019 Un detalle: que alguien sea mal escritor, no te hace a ti uno bueno; que alguien escriba mal, no corrige los errorres que tú cometes en cada texto. eRRe
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