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Inicio / Cuenteros Locales / atolonypico / Historias de mi calle. Diez. La lengua de las mariposas.

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Desconozco cómo se hizo Don Eusebio con aquella plaza, pero el caso es que en cuanto entró en la función pública, sabedor de sus derechos, ejerció la libertad de cátedra (en tiempos preconstitucionales) casi como le dio la gana. Tampoco era tan ingenuo para pensar que desde aquella tarima podía pregonar lo que quisiera.
Fue así cómo, de manera sutil, nos insufló a algunos cierta vena jacobina. Y era tan diestro el hombre en sortear la censura, que lo que decía era, al mismo tiempo, compatible con las verdades oficiales. Esto es: siguiendo el programa del Ministerio de Educación y a través de hábiles maniobras nos ponía sobre la pista de todo lo falsario de las enseñanzas que no eran más que doctrina.
Dónde parará Don Eusebio, me pregunto a veces. El caso fue que misteriosamente, un buen día, dejó de aparecer por allí, mismamente como el maestro protagonista de "la lengua de las mariposas"- recordé años después cuando vi la película.
Aquel gol, se ve, fue anulado de manera fulminante por alguno de los muchos árbitros que tenían pito en aquella historia. Pero era ya demasiado tarde para sacarnos, como con un sacacorchos, aquella ponzoña. Claro, que, para ello había que tener disposición: la de quienes gustan de no dejar las cosas como están: amantes del cambio y conversos en general de que el mundo es algo más que el ribete que dejan sobre el suelo las suelas de los zapatos.
Como compinche extraoficial de Don Eusebio iba de aquí para allá con todas las encomiendas.
Quizá por ello me dolió más que al resto del alumnado aquella desaparición de escena. También porque, desde entonces, no hubo más encomiendas. Y aquel sistema de enseñanza volvió a tomar notas surrealistas. Y Dios volvió a ser nuestro padre, que estaba en el cielo y había creado y era señor de todas las cosas. Es decir, un tipo que miraba a través de un triángulo, con su ojo escrutador desde las alturas. Quizá el mismo que había divisado a Don Eusebio hablándonos de toda aquella tramoya.

Texto agregado el 04-11-2019, y leído por 267 visitantes. (0 votos)


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