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Inicio / Cuenteros Locales / Vaya_vaya_las_palabras / Yo era un payaso que creía en el arte

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Mi novia pronunciaba palabras que me hacían sentir muy apoyado y comprendido. Después de un mes sin actuar, sin ese contacto tan necesario con el público, mi espíritu comenzaba a sufrir en un estado de cierta desorientación y perplejidad. Recordaba los rostros de aquellos niños, sus gestos de felicidad, y hubiera dado cualquier cosa para estar nuevamente a su lado.

Nunca lo hice por dinero, en ese sentido mi conciencia estaba más limpia que la de algunos otros. De cualquier manera, aceptaba los billetes y monedas que la generosidad de los niños y sus padres introducía en mi sombrero de paño verde. Pero pronto descubrí que ser un payaso independiente también tenía sus contras. Me resultaba horrendo —y mi novia sintió lo mismo— comprender que la sonrisa de aquellos niños era considerada por algunos inescrupulosos como una mera mercancía. Al pricipio intenté ignorarlos, ser indiferente ante sus continuas y crecientes muestras de hostilidad. Me preocupaba, por sobre todas las cosas, la inocencia de los niños. Ellos no tenían la culpa de nada y no se merecían quedar en medio de una contienda silenciosa entre aquellos que supuestamente deseaban su felicidad.

Los «mimos» eran seis, y yo un simple y solitario payaso, que cada tarde comenzaba su show con entusiasmo, hasta que veía llegar a mis adversarios con sus maquiavélicos rostros empolvados. Al principio sus armas eran solamente artísticas, casi dignas y legítimas. Jamás los hubiera mirado con recelo si los niños hubieran permanecido conmigo. Hubiera dado hasta lo que no tengo, hubiera hecho hasta lo imposible para conservarlos en número completo. Mi querida novia me hizo ver el lado positivo de la situación, la necesidad de evolucionar artísticamente. Pronto fui capaz de perfeccionarme en el canto y en la ejecución de la guitarra y el pintoresco ukelele, también inflar globos más grandes y coloridos, incluso aparecer palomas en mi mano. Pero la perjuria de los seis «mimos» se desató en seguida. No podían tolerar que los niños regresaran a mí con sonrisas, dejando atras aquellas tontas mímicas de camisetas rayadas y guantes blancos. Volvía yo a ser feliz.

Sin embargo, con mi novia comprendimos la necesidad de ser más agresivos con la competencia. Era seguro que ellos no se quedarían de brazos cruzados. Aún así, durante algún tiempo les llevamos la delantera. Mi gorro de paño verde repleto de monedas y billetes los enfurecía, motivándolos a mirarnos de costado y a veces mostrarnos los dientes. La tarde en que mi novia tuvo la brillante idea de disfrazarse también de payaso, la mirada de los niños fue solamente nuestra, y de mi gorro de paño.

Creímos que habíamos triunfado. Pero no consideramos que los «mimos» serían capaces de ganar terreno con otros métodos que no fueran artísticos. Cuando de pronto los vimos llegar en camioneta, sonriendo con malicia mientras bajaban con grandes paquetes, comprendimos hasta dónde eran capaces de llegar. Me dio bronca —nos dio bronca— porque habían caído tan bajo, porque lisa y llanamente se dedicaban a sobornar a nuestro público. Y eso también era una manera de subestimarlos, los niños ahora nos abandonaban a cambio de un simple juguete que el día de mañana, más pronto que tarde, estaría descompuesto u olvidado en el rincón de un patio. En cambio nuestras canciones, nuestro arte...

Por eso mi novia lloraba encima del maquillaje.

Texto agregado el 05-11-2019, y leído por 184 visitantes. (11 votos)


Lectores Opinan
28-01-2020 Somos muchos los que pensamos como vos, amigo mío. Por eso supongo escribimos por simple gusto. Algunos, además tienen verdadero talento, como tu payaso, y vos. IGnus
16-12-2019 Siempre el más pudiente pasa a llevar al que tiene menos solvencia. Y en este mundo de payasos y rostros enharinados, la guerra estaba declarada. Esos papá Noel de rostros blancos sólo querían ganarse el podio de la popularidad a costa de unas calillas que ni te cuento. Un abrazo grande, amigo. guidos
14-11-2019 Si tenían dinero para juguetes no necesitaban las monedas que los niños regalaban. Solo intentaban molestarte a a ti y tu novia. Hay que buscar otro lugar para ofrecer tu arte. *5 giovana22
13-11-2019 Uy.. sentí tristeza por el.payasito y su novia. Yo si los veré a ustedes !!! Cinco aullidos festivos Steve
11-11-2019 Pero hay cosas que no se pueden cambiar. Las personas tampoco cambian y así seguimos viviendo y muchas veces aceptando lo inaceptable. Me dio pena;peto me gustó mucho. Es una realidad. Un abrazo fuerte***** Victoria 6236013
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