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Inicio / Cuenteros Locales / Antonela80 / LA PATÉTICA HISTORIA DE UN MALA GENTE ARREPENTIDO EN NAVIDAD.

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Después de la agotante jornada de trabajo que implica ser un ayudante de albañil, Manuel perez "el meme" va al encuentro con sus amigos para disfrutar de una tarde diversión. -Al fin, se lo merece- piensa, por trabajar todo e día.
Y como siempre, se droga y se alcoholiza, porque dice que así no siente el cansancio y si se siente un poquito feliz. Porque así no se acuerda de la Yolanda ( su mujer) con su abultada panza y su rostro oscurecido por "el paño", estirando la mano para exigir lo del gasto y vociferando palabras altisonantes.
-Con esa barriga- piensa, la tercera ya en cuatro años de vivir en unión libre. Aveces quisiera dejarla, regresarle al lugar de donde la sacó; Aquella miserable cantina donde servía tragos y vendía su cuerpo por muy bajo precio. ¡ Pero no! Porque después de todo esta enamorado de ella, aunque aveces siente que la odia. cuando la ve sólo como una máquina que fabrica chamacos que le exigen de comer todo el día.
Es por eso que se droga y alcoholiza, porque siente que ya no puede más.
Esta mañana, por ejemplo, memito (su hijo) le pidió le trajera un regalo: -¡un carrito papá, me traes un carrito!- mientras la Yolanda le exigía el dinero para la comida, argumentando tener tres días sin probar alimentos.
-Nosotros aquí sin comer, pero tu como siempre " jartandote" de mierda-...
El meme salió del casa como siempre: pateando la puerta. La misma vieja puerta de madera que esta vez no soportó el golpetazo y término por derrumbarse.
-y es que lo hacen "encabronar"- piensa mientras camina y asimila que la puerta es tal vez la única que les cubre del frío a falta de cobijas. ¡Pero ni modo, ahora se aguantan! Murmura mientras toma un plátano de la frutería de la esquina, aún sabiendo que el dueño le observa, pero no le dice nada porque le tiene miedo. Después de todo aveces sirve ser el malandrín del barrio.
Por eso no se arrepiente de drogarse, porque sabe que es una forma de infundir el miedo.
Así transcurre el resto del día.
Llega la noche y de pronto el meme se siente extraño, algo le sucede y se da cuenta que desde esta mañana todo le pareció diferente, desde el plátano que robó, hasta el olor de la hierba que fumó... Y no sabe exactamente que es.
Aún no es muy tarde y se despide de los amigos, no es habitual en él , pero desea ir a su casa. Camina, camina cada vez más de prisa y siente que sus pasos retroceden y siente que ya no puede más. Lo agobia una desesperación que nunca antes había sentido, y se deja caer e una esquina. Justo ahí, en donde hace cruz la calle. Empieza a observar lo que antes era una ciudad borrosa que no se atrevía a descubrir. Ahora esta más claro que nunca; luces por todos lados, aparadores que ofrecen regalos, señores disfrazados de "santa clos", el ruido de los coches, el ir y venir del gente.
El meme siente hasta bonito... Y se suelta a llorar y llora tanto que parece un chiquillo que no encuentra a su mamá. se siente asustado, triste, por eso sigue llorando desconsolado, tanto, que no se da cuenta en que momento se le acerca un pequeño niño y con sus manitas sucias le limpia las lágrimas,
para después se perderse en la muchedumbre.
-Es uno de esos niños que viven en la calle- murmura mientras se acuerda de su hijo, del memito. Y se da cuenta de que no existe nadie más en este mundo tan importante para él. ¡Lo ama porque es su sangre! Con entusiasmo se levanta de un salto e introduce su manos en los bolsillos, pero ya no trae ni un centavo, se lo gastó todo, como todos los días, como todos los pinches días.
Piensa en su hijo mientras da varias vueltas en círculo, piensa en el carrito que le pidió, piensa también que es la noche de navidad. ¡Por fin se decide! Otra vez robará, pero ese vez lo hará por su hijo. Por primera vez en su vida hará algo malo por algo bueno. Rápidamente rompe el cristal de un aparador del cual extrae una linda camionetita roja.
"¡Canijo, ahora si te rayaste!" grita mientras corre, corre mucho y siente que tiene alas y que nadie lo puede alcanzar.
Y así es, sin mayor esfuerzo llega a su casa; pero esta vez no va de mal humor, va eufórico, ruega a un Dios en el que no cree, que el tiempo se detenga para prolongar su felicidad. Y como si su petición fuese un favor especial: El tiempo se detiene justo en el momento en el que entra en
la casa que no tiene puerta, porque por la mañana el mismo la tumbó de una patada.
Ahí están la Yolanda y el memito y el otro más pequeño del cual no recuerda el nombre, abrazados en un rincón, tres cuerpos tiesos, sin vida, muertos tal vez de hambre o tal vez de frío... Un frío que Manuel perez nunca sintió hasta ahora, porque con las drogas y el alcohol siempre estaba en calor y nunca se enteró que la temperatura marcaba algunos grados bajo cero.

Texto agregado el 08-11-2019, y leído por 188 visitantes. (8 votos)


Lectores Opinan
11-11-2019 Media vez mencionas drogas usadas no se espera nada bueno y su uso va en aumento, felices los traficantes ¡Perros!. Triste historia pero no única, por desgracia. za-lac-fay33
08-11-2019 Que tremendo. Que vida. Que muerte atriz. La vida en su estado puro. Relato verídico. Esto pasa todos los dias a cada rato. La muerte se da verdaderos festines incluso en navidad. Betelgueuse
08-11-2019 Tremendo!!! Me dejaste sin palabras. Un ¿"cuento"? impresionante y muy bien escrito. Gracias. MujerDiosa
08-11-2019 Lamentablemente hay mas realidades como estas parecidas, que fantasías. pastorga
 
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