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Proteo

"Siga ese auto por favor", le digo al taxista, ¡Cual?, Delante de nosotros corren decenas, centenas de automóviles y a nuestro lado otros pasan raudos adelantándonos, en el momento que hablo. Obvio entonces. Cual.
Aquí, me detengo y recuerdo a un amigo al que una vez le pedí la hora, me dijo, son las 15:15, con 15, perdón, 16, perdón, 17, perdón dieciocho y las risotadas brotaron a raudales. El Principio de Incertidumbre se aplica al mundo real.
Era sólo un paréntesis, pero si me llamaran ahora y me pidieran mi ubicación les diría, voy frente al 171 de la calle tanto y al punto cambiaría al 175 y antes de que terminara ya habríamos cruzado la esquina aprovechando la luz verde para adentrarnos en el numero 200. Puedo conocer la velocidad del móvil, pero se me escapa rápidamente el lugar en que voy, me muevo tan rápido como un electón. Parece que somos un mundo cuántico.
Donde estoy, donde voy, bueno, constituye un buen argumento para definirnos para repensar en uno en el indescriptible yo.
Por fin lo hemos identificado, separado, de otros automóviles rojos que andan en la veloz carretera. ¿Cómo puedo decirle al chofer que me había visto en el mismo espejo retrovisor de ese otro móvil que perseguíamos. Eran mis ojos, mi rostro. Me observé, me vi replicado. El hombre me guió tras de mí, tan rápido como el auto en el que cómodamente manejaba ahí adelante. Ese vehículo rojo furioso, con rayas a los costados y alerón sobre el portamaletas.
Bien, vamos siguiendo al auto. Logramos separarlo, diferenciarlo, casi nos rozábamos, éramos casi uno. Yo trataba de mirar, de concentrar la mirada en el perfil del hombre del auto rojo y era casi exactamente el mío, no puedo decir el mismo, porque uno nunca está cien por cien seguro de cómo es la imagen que uno proyecta y que lo hace reconocible para el resto.
Lo perseguimos por decenas de cuadras en un incesante ir y venir, a veces se nos escapaba, porque nos daba una luz roja, pero al poco lo encontrábamos porque a su vez habíale tocado detenerse. En fin anduvimos quizás por cuántos kilómetros y el taxímetro marcaba cada vez más dinero. Esto de perseguirme ya, me estaba costando demasiado y como no sabía hacia donde me dirigía, opté por lo más sano.
"De vuelta y vamos al terminal de buses", ordené. Ahí me esperaba un bus que me llevaría a mi ciudad. Pero cuando llegamos al terminal, el bus ya había partido así que le dije que lo siguiéramos hasta encontrarlo en la carretera. Tenía todo un plan de contingencia activado y pensaba que cuando diéramos con el bus, el taxi marcharía junto a él. Obviamente se trata de marchar, seguirlo en paralelo, y manifestarle al chofer, con ruidos de bocina y manoteos de mi parte que tengo un boleto y no me pueden dejar.
Así, saqué nuevos billetes que se los entregué apresuradamente y el hombre satisfecho, aceleró y a los pocos minutos visualizamos el bus. Nos acercamos a él, pero junto a una ventana y mirando el paisaje y cómodamente sentado, al lado de una turista australiana, iba yo.
Ya no había motivos para seguir el bus y le pedí al chófer que regresáramos a la ciudad.
Me dejó en el centro, donde estuve buscando mi rastro por cafés, calles y por lugares que por respeto no puedo mencionar, pero que tienen nombre conocido y cientos de parroquianos cada noche dispuestos a perderse, olvidarse de sí mismos y lograr la ansiada mancomunión con los demás y dejar la propia personalidad, identificarse con la de otros, cualquiera fuera, pero que pudiera calmar por un instante el ansia de sí.
Tras ello, tomé otro taxi y dejé que me llevara por las calles oscuras. No buscaba nada y transitábamos sin sentido aparente. Al fin, llegamos a las afueras de la ciudad y dejé el volante y bajé del vehículo.
Desde ahí se dominaba la ciudad, su gente. En algún lugar estaría yo, Proteo caminando, bailando, mujereando o lo que fuera. A los lados, había otros autos iguales al mío y junto a ellos otros iguales a mí me miraban. Pensamos lo mismo. El acantilado era alto y un pequeño impulso sería suficiente.

Texto agregado el 08-11-2019, y leído por 47 visitantes. (3 votos)


Lectores Opinan
09-11-2019 Wow, me dejaste sin respiración! Muy bueno. MujerDiosa
08-11-2019 Es un cuento muy cardíaco. Me deja agobiada por la desesperación. Muy bueno, cargado de imaginación, como siempre. Me encantó 5* Antonela80
 
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