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"Antes se le rendía culto, pero ahora ya no".
Quien hablaba no era otro que una de los expertos que había sido comisionado para buscar alternativas que permitieran acabar con lo que era una verdadera plaga para este mundo, como era la presencia de cuerpos incorruptos después de que sus dueños exhalaran el último suspiro.
Hablaba lentamente, midiendo sus palabras, como si conociera perfectamente lo que se debía hacer, pero ocultando en una duda falsa su conocimiento acerca de este problema y su solución. Quizás era efectivo que no supiera qué se podía hacer con tanto muerto haciendo acto de presencia.
El otro era un voluntario, quien acudía a su oficina atraído por la idea de ser parte de un experimento que de resultar exitoso cambiaría el destino del planeta.
"Este hombre, tuvo fama de santo, de obrar milagros por arte de magia, de sorprender con sus demostraciones de prestidigitador a las multitudes ansiosas de sentir la cercanía de alguien que les trajera consuelo. Las cosas cambiaron cuando comenzaron a aparecer otros muertos iguales a aquel o muy similares en su porte y rostro y con el paso del tiempo las nuevas generaciones comenzaron a olvidar quien era el verdadero, si es que hubo alguno que lo fuera. Pero ahí tienes uno, que pudo ser. Tu sabes, luego de muerto todos son buenos y de milagros se ultratumba hay reportes de hasta el más canalla".
Luego observaron otras imágenes. En todas ellas vieron pulcros semblantes, que no presentaban ninguno de los signos que delatan un cadáver, pues mantenían el rubor, la tersura, elasticidad de la piel y no se observaba señal alguna de rigidez, como si la persona durmiera y pudiera despertar con el menor ruido.
Se detuvieron ante una, que supuestamente era la figura de quien habría sido el creador de las aventuras de los valerosos aqueos. Se cree que fue él, pues se decía que era ciego. Su reconocimiento había sido atestiguado sólo porque junto a él fue encontrado un bastón de madera rudimentario, que por lo demás pudo haber sido puesto en forma posterior con el único objeto de darle celebridad por parte de sus deudos. Que fuera pobre es una posibilidad, porque en ninguna parte se dice que hubiera tenido riquezas y se hubiera enriquecido con sus historias.
- Mírale los ojos.
- Sí parecen los ojos de un ciego, pero ello no prueba que fuera Homero, sino sólo una persona que hubiera perdido la visión.
- Claro, es una posibilidad.
- Por su puesto, una entre millones.
- Pero no se puede negar que su fisonomía tiene la prestancia que debería haber tenido Homero.
- Bien pudo haber sido chico y contrahecho y sus historias una manera de demostrar su sensibilidad e inteligencia, si reconocernos que la inteligencia es el atributo de los débiles en su búsqueda de alguna fortaleza y que como un mago quiera alucinar a los verdaderos detentadores del poder.
- Bueno pero no estamos aquí para análisis de ese tipo.
En esta carpeta, podrás ver imágenes de antiguos jerarcas, reyes, muertos de manera apacible o sanguinariamente. En algunos casos son retratos que asustan, pero otras sobrecogen por la calma que emanan; unos fueron encontrados en unas excavaciones y otros en sitios de pastoreo, en lugares que iban a ser usados para la agricultura o arrancados a los ríos, en altas montañas, en bosques antiguos, cuevas o sitios dondequiera que un hombre hubiera llegado.
- Qué te parece el trabajo que te hemos encargado.
- Veo que esta tierra está llena de muertos, que por alguna razón que no podemos comprender siguen presentes, no sufrieron corrupción e inundan los pocos campos cultivables que les van quedando. Las gentes no los quieren sembrar por miedo a que al remover la tierra, aparezca algún antiguo prócer.
- O algún patán elevado por la ignorancia, carencia de señales claras o falta de memoria a la categoría de líder espiritual. Pero no hay duda de que debemos deshacernos de alguna manera de todos ellos, de todos quienes aún perviven como estatuas de cera, cuyo tiempo pasó, pero siguen ahí mostrándose, impidiendo el desarrollo de nuevas generaciones, de pueblos enteros que nacen abstraídos atemorizados, perplejos, incapaces de dar un paso sin encontrarse con un sabio, un cruel dictador, su abuelo, un ladrón, asesino o lo que hayan sido quienes aparecen de repente por todas partes.
- La verdad el tema no es sencillo. Se ha pretendido crear un gran recinto, pero aquel tendría la superficie de un continente, sin contar con que todos los días muere alguien y pasaría a integrar ese inmenso centro fúnebre, que como tal debe estar separado por compartimientos donde depositar a los conocidos. Como se comprenderá, habrá, en el caso de los muertos más recientes, el deseo de que tengan un lugar preferente, pero además, no hay que olvidar que los descendientes de muertos respetables, que fueron grandes en su tiempo querrán también sitios privilegiados. Sería como una gran biblioteca, donde se podrían observar los rasgos de las personas, su mirada, el color de sus cabellos al morir, el brillo de sus ojos y la mirada.
Antes le diré, moría más gente a una edad avanzada, pero luego cuando comenzaron a observar los estragos que generaba la vejez, muchos prefirieron atentar contra sus vidas y hasta ahora permanecen como eran en vida. No necesito explicarle que cuando comenzaron los suicidios precoces, hizo su aparición toda suerte de ingenios tecnológicos dispuestos para quienes deseaban acabar sus vidas en un momento especialmente favorable desde el punto de la belleza. Incluso a las personas se las acomodaba, se le indicaba cómo debían sonreír, la manera de pararse o sentarse, porque ha de saber que algunos fallecieron en sus sillas favoritas, otros ante la mesa de tal forma que esperan que se les encontrara en esos lugares ad eternum, pero no contaban con los desastres naturales que como mueven montañas debían mover sus casas y a ellos arrastrarlos lejos, así, sentados o dormidos, de tal forma que algunos llegaron hasta la calma de los valles luego de deslizarse montaña abajo o rodaron con el molde de la silla.
Morir era como fotografiarse, tratar de eternizar una figura, porque se llegó a considerar que de nada servían las ideas todas ellas fugaces, tránsfugas, evanescentes frente a lo que permanecía, como eran los cuerpos, la carne impoluta y sencillamente real imperecedera y frente a ello, ¿qué se podía oponer?
Nada había más cierto en ese mundo de muertos que los cuerpos. Las buenas intensiones e ideas empalidecían y al final ni siquiera eran escritas, porque los libros y el papel corrían el mismo fin que las formaciones mentales, terminaban irremediablemente destrozados. Seguramente el problema con las ideas estuvo en que fueron mantenidas y prosperaron por algunos grupos de eremitas, de quienes se desconfiaban, porque en su ascetismo llegaron a ser feos, repugnantes a la vista de los demás y no es solo una forma de decir. Y cuando estos seres pensantes fueron decreciendo en número, a la vez que crecía el aprecio por la muerte prematura, no habían medios donde consultar lo que habían pensado. No es que todos profesaran un amor total por la belleza y murieran pensando en ello, pero finalmente sus ideas eran de este tipo: O eres sabio y feo o estúpido y bello. Esas eran las antípodas por las cuales poco a poco se fue estampando, tejiendo esta cultura enraizada en la muerte, pero ligada a la eternización del cuerpo.
Salieron de la oficina y se dirigieron a lo alto de una pequeña colina, desde la cual pudieron observar cómo el sol de mediodía quemaba las extensas superficies vírgenes, por donde no había pasado herramienta humana alguna, sino que estaba llena de gentes a las que había llegado su tiempo.
Ni el calor, ni la lluvia, ni ninguna fuerza física conocida había sido capaz de dañar los cuerpos.
Pasaron mucho rato sentados sobre el pasto y de repente, el recién llegado observó en el suelo una protuberancia y comenzó a escarbar y pudo observar un dedo pulgar apuntando hacia arriba, siguió con su labor y se encontró con un hombre atravesado por una flecha en pleno frente. Tenía un gesto de sorpresa estampado en su clara faz.
Cuantos más habrán bajo él, se preguntaba.
"Estamos sobre uno de los montículos vivientes", le dijo su interlocutor. Puedes seguir cavando y encontrarás más y más como éste. Alguna vez fueron cubiertos pues se pensaba que enterrándolos podrían deteriorarse, pero nada surte efecto. No hay fuerza conocida que pueda oponerse".
- Tienes parientes.
- No mi esposa ya no está. Murió en la cocina. No tuvimos descendencia.
- ¿Padres?
- Ellos fallecieron hace mucho tiempo y deben estar en el dormitorio que ocupaban.
- Así todo será más fácil. Tengo una idea para deshacer cuerpos. Debes estar preparado pues he de señalarte que tu suerte no será la de quienes te han antecedido y puede que seas el primero en una cadena de personas a las que se las liberará de esta eternización, donde la tierra fértil es acosada por muertos que ya no cumplen ningún objetivo y se resisten a reintegrarse, a volver al polvo.
-¿Qué dices?
- Eso, del polvo vienes y al polvo volverás
- Qué extraño siempre escuché otra cosa
- Qué
- Siempre se nos dijo que este era nuestro jardín primordial y eterno.

Texto agregado el 17-12-2019, y leído por 39 visitantes. (2 votos)


Lectores Opinan
23-12-2019 ¡Sorprendente final! Aunque tal vez tu cuento sea la solución para la plaga de difuntos. Si se rompe el mito del Edén, tal vez ya nadie quiera morir. 10 estrellas. Antonela80
19-12-2019 Ay, que creepy un universo así. Interesante historia. bousni_anak
 
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