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__Primera Parte__

En cuantos labios mis labios se posaron
buscando la dulzura que nunca acaba.
Sellados en amarga decepción terminaron
cargando el silencio de la apatía callada.
Vivía despierto entre sueños de muertos,
te esperaba cubierto en una piel prestada.

Cuantas veces me dejé caer bien profundo
buscando la vital humedad sin sostenerme,
sobre el frondoso valle de un par de piernas,
desde donde brota la tibia vida al mundo.
Esperaba de la piel poder desnudarme,
dejarla muy cerca, a los pies de la cama,
para entrar desnudo sin miedo a tu alma.

No sé si era lo doloroso de la pausada caída
o el sentirme acompañado en ese fugaz instante,
lo que me tiraba tumbado de regreso a la vida,
sollozando acurrucado, sintiéndote distante,
temblando confundido como recién nacido,
cual presagio que no llegaría a estar contigo.

Cuantos cuerpos mis manos recorrieron
buscando reconocer tus delicadas formas.
Cuantas historias de amor me contaron
en la soledad de largas noches pasadas.
Vivía despierto entre sueños de muertos,
te esperaba cubierto con pieles prestadas.

Cuantas bellas historias me conté al oído
buscando la esquiva plenitud satisfecha
para calmar el dolor de no estar contigo.
Aun así mi corazón no estaba completo.
Vivía despierto entre sueños de muertos,
te esperaba cubierto con pieles prestadas.

Escuché tu susurro en las ramas del bosque.
En el eco del agua hacia el valle sediento,
corriendo bajó tu canto desde la montaña.
Y encontré tu amor en mi pensamiento,
vestigio primitivo de la esencia primera.
Así llegó tu voz en conmovedor lamento
desde la eternidad de los hielos, diciendo:

__Segunda Parte__

Mi rostro cubrí tras un velo para guardar el secreto,
sabía que si mirabas solo mis ojos me reconocerías.
Coloqué en tu corazón el eco vivo del amor en latidos,
sabía que si oías mi llamado en palabras te perderías.
Me oculté tras los bellos tonos de los claros sonidos
con un cristalino canto te puse en correcta armonía.

Nada hubiese sacado con correr tras de ti
para decirte que era a mí a quien amabas.
Entre tantos cantos de vida que esparcía
cada vez más tus oídos se confundían.
Te arrojé el sonido para que te aferraras
firme a la cuerda de la bella existencia.

Esperaba que llegases a cantar la antigua melodía,
esperaba que con tu voz a tientas me buscarías,
en la luz encendida que de lejos te dirigía.
Deseaba que tus limpias manos extendidas,
abrazaran la aprendida sensación de la vida,
búsqueda en espera en el camino correcto,
sentimiento que valida los acontecimientos.

Quisiste regalarme la luna que había puesto para ti.
Quisiste que te viera en su reflejo pensando en mí.
Con un día de lluvia sollocé que te extrañaba
y en la soledad mojada, cuando sentía que llorabas
con un brillante día tu desesperanza disipaba.
Esperaba atenta a cada uno de tus alientos
Esperaba confiada como virgen inmaculada.

En aquella noche brillante de luna llena,
delineé con trazos los bordes de la oscuridad
cautivando tus sorprendidos ojos negros
con el tenue brillo de la prisionera debilidad.
Esperaba atenta a cada uno de tus alientos
Esperaba confiada como virgen inmaculada.

Ahora ya no es tuya esa piel que necesita sentir
para inundar la tibieza de la enamorada compañía.
Ahora tuya es la fragancia que necesitas recordar
para que se aloje en ti la cálida y perdurable alegría
Ahora tuyo es este mi calor que inunda el alma
que abriga, reconforta y abraza la eternidad.

Texto agregado el 04-01-2020, y leído por 51 visitantes. (0 votos)


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