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Cuento


La liebre

—Tiene visita señor.
—No quiero ver a nadie Ud. lo sabe.
—Sí, pero insiste en que quiere verlo y saludarlo.
—¿Dijo quién es?
—No me lo dijo.
—Pregúntele…
……….

—Solo me dice que le diga que es la vecina del cuarto piso.
—¡Aaaaaah! Por favor, no la haga esperar y hágala pasar.
—Sí, señor de inmediato.
……….

Una mujer de edad… bueno con cierta cantidad de años muy bien llevados, luciendo una cabellera semi rubia y semi despeinada al viento, de ojos vivaces y un andar altivo, contoneando su atrayente figura entra al cuarto con una sonrisa bellamente dibujada en su rostro.
Antes que ella dijera algo, también con una sonrisa un poco decaída, pero casi eufórica él exclama:

—¡Hoooolaaaa vecina linda, tanto tiempo sin verla! ¿Cómo está? Nunca imaginé que hoy tendría esta hermosa sorpresa.
—Sí vecino, hace unos cuantos días que quería venir a verlo para saber cómo va su recuperación después de la operación y por si necesita algo relativo al departamento o algún trámite atrasado. Pero primero déjeme darle un abrazo y saludarlo después de tantos días sin saber de Ud.
—Acérquese vecina, venga que yo también quiero abrazarla y sentir en su abrazo la amistad suya y de la vecindad. Sobre todo por este alegrón que me brinda con su visita.

Largo fue el abrazo que nunca se habían dado y larga y amena la conversación que siguió al saludo. Conversación que más que de vecinos parecía de una larga amistad, de esa larga amistad que va surgiendo del encuentro diario en las escaleras o el ascensor, pues así se da en los edificios que alojan la vida moderna, en los que, aunque sólo se crucen unas pocas palabras, el solo hecho de verse y saludarse casi todos los días igual crea lazos de amistad con los vecinos.
……….

Después de un buen rato de conversación matizada con risas y sonrisas ella manifestó que era hora de retirarse a lo que él le pidió que todavía no se fuera, que aún era temprano aunque ya la tarde avanzaba hacia el crepúsculo. Continuaron conversando de todo, de los vecinos, de los acontecimientos políticos y sociales recientes y de los cambios que se vienen, en fin, de todo. También del día que le darían el alta, para esperarlo en el edificio con todos los vecinos más cercanos.

Ya oscureciendo ella se puso de pie, tomo su cartera y se acercó para darle un abrazo de despedida, al abrazarse él la retuvo y le dijo:

—Espere vecina, antes que se retire quiero decirle algo,
Ella sin pretender soltarse de los brazos de él, respondió:
—Dígame vecino lo escucho con atención
—Vecina linda, siempre, casi desde cuando llegué al edificio hace ya veinte años, quise decirle que Ud, me gustaba y que se paseaba por mi pensamiento todas la noches, pero desgraciadamente nunca me animé, puesto que aunque no lo parezca, en estas lides soy lo más tímido que hay, en el fondo creo que es el temor enfermizo al rechazo. Y ahora al verla tan cerca, tan jovial y tan linda, llego a pensar que esta operación al corazón pareciera que junto con el coágulo también me extirpó ese temor atávico a las mujeres lindas. Por eso ahora sin temor alguno le digo que Ud. me gusta y mucho más al sentir su abrazo.

—Ayyy vecino, vecino, si usted supiera… … … como por las noches me excito con sus pasos en el quinto piso sobre mi dormitorio…
Desde que quedé viuda hace quince años, incluso desde que lo vi por primera vez que estaba esperando el momento que usted se animara…
¡Sí querido vecino, esperando que algún día saltara la liebre!

— ¡Y está saltando vecina, sí vecina linda… ni se imagina como está saltando!


©Derechos Reservados.

Texto agregado el 11-01-2020, y leído por 245 visitantes. (20 votos)


Lectores Opinan
28-01-2020 Jajaja. Pues, fue un gran salto; y no mortal. Fue uno de creatividad y originalidad. Lo disfruté full. Bechines y fuerte abrazo. SOFIAMA
16-01-2020 Es una historia fresca, con buen estilo y en un tono de humor que termina en picardía. Excelente mi ben amigo. Abrazo grnde y feliz año. sendero
16-01-2020 Siempre pienso que para todo ha existido un momento y si ese se deja pasar,se pierde eso hermoso que pudo vivirse... En este caso ese sentimiento se confesó a destiempo y creo,no estoy segura, que este caballero,al escuchar esa declaración,confundió el concepto y pensó que esa emoción que lo hacía sentir algo muy especial era lo que se llama,saltar la liebre. Como siempre Vicente tu texto es increíble y hace esbozar una inmensa sonrisa o mejor dicho,una gran carcajada.***** Un beso Victoria 6236013
13-01-2020 jajajajaj, muy original la historia. Tendrá de alguna verdad conocida, me pregunto?? 5* jdp
13-01-2020 Buena historia pero...danos la segunda parte. za-lac-fay33
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